Dialectología del Indoeuropeo
Uno pasa el primer ciclo de carrera sin haber tenido un contacto directo con el indoeuropeo y eso se nota. Lo mejor es, como muchas veces, buscarse la vida y no esperar a tener sorpresas. Libros y artículos hay para empezar a saber un poco de esta supuesta lengua, llena de controversias, dialectos que a su vez se tornarían lenguas, unas más conocidas que otras, cada una con una historia, un registro, unas marcas formales definidas, y todas con algo en común. Debo decir que fue la asignatura que más se me atragantó, no solo por su relativa dificultad y el tiempo que hay que dedicarle. Pero este libro sí que lo tomé con ganas. Y en clase decidimos hacer un resumen de todas sus partes para así repasar todos sus capítulos antes del examen para no tener que leerlo todo. Bien, pues esta es la parte que yo hice. Tengo algunas más, en archivo, pero no todas. Cuando pueda colgar aquí los demás resúmenes, lo haré, pero no me encargo de los posibles errores de contenido, sí de los ortográficos. Que aproveche.
Los Indoeuropeos y los Orígenes de Europa: lengua e historia.
Francisco Villar
• Capítulo I: Las tribulaciones de la Dialectología
El campo de la Dialectología es sin duda el menos estudiado por la lingüística indoeuropea, pues es el que más dificultades presenta a la hora de ofrecer datos coherentes, fidedignos y prudentes. Cuáles con las lenguas históricas que se relacionan entre sí de un modo particular, cuáles han tenido una etapa común, qué cronología relativa se puede establecer, cuál el grado de préstamos léxicos entre sí. Todas estas preguntas no tienen fácil respuesta.
Los primeros estudios que emparentaban las lenguas indoeuropeas como ramas de un árbol genealógico común aparecen a mediados del siglo XIX, aunque esa metáfora se usara ya antes. Hay que mencionar los nombres de Čelakovský y Schleicher. El primero se encargó de realizar un árbol para las lenguas eslavas, y el segundo el primer árbol para las lenguas indoeuropeas, en 1853.
Indo-europeo
a) Celta.
b) Eslavo-germánico:
-Germánico
-Balto-eslavo
*Balto
*Eslavo
c) Ario-pelásgico
-Pelásgico
*Latín
*Griego
-Ario
*Iranio
*Indio
El segundo esquema schleicheriano que se difundió ha sido este, de 1861, influido por el esquema anterior de Lottner en cuanto a la relación entre el latín y el celta:
a) Ario-greco-italo-celta
-Ario
*Indio
*Iranio
-Greco-italo-celta
*Griego
*Albanés
*Italo-celta
**Itálico
**Celta
b) Eslavo-germánico
-Eslavo-lituano
*Eslavo
*Lituano
-Germánico
Una vez descubiertas las lenguas anatolias, E. H. Sturtevant realizó un intento, ya a principios de los años 30 del siglo XX, por establecer en otro árbol genealógico las novedades junto con todo lo ya conocido:
a) Proto-anatolio
-Hetita
-ti-Anatolio
*H Jeroglífico
*Luvita
*Palaíta
*Licio
*Lidio
b) Indo-europeo
-Indo-iranio
-Griego
-Itálico
-Celta
-Germánico
-Balto
-Eslavo
La Dialectología practicada durante el siglo XIX consistía en tomar una lengua común para explicar las coincidencias dialectales entre las lenguas de las diferentes ramas. El sistema quebró al no poder explicar todas las vinculaciones existentes.
El discípulo de Schleicher, J. Schimdt, presentó una nueva teoría, la Wellentheorie, la teoría de las ondas, que se aceptó por verdadera y anuló a la del árbol genealógico. J. Schmidt consideraba ambas compatibles. Su metáfora consiste en comparar la innovación lingüística con una onda, que se propaga formando un círculo de creciente amplitud. Al cabo de muchos años, como cada innovación habrá surgido en un punto diferente y habrá tenido un ámbito de implantación cambiante, lo que en origen era una lengua, se habrá convertido en un conjunto de dialectos con transición gradual entre unos y otros.
Las dos teorías sobre la dialectalización del indoeuropeo se dan en la realidad, pero en circunstancias históricas diferentes. Según el modelo del árbol genealógico, la dialectalización se produce cuando los hablantes de una misma lengua se dividen o separan por emigración u otras circunstancias, siempre y cuando haya una interrupción completa del contacto recíproco. Y el cambio de las ondas es el que se produce cuando no hay interrupción violenta en el contacto, ni traslado de la lengua a emplazamientos alejados (así, la transformación del latín en las lenguas romances).
Schmidt plasmó en 1872 en un diagrama su visión de la dialectalización del indoeuropeo en virtud a los nexos dialectales y sus correlaciones como asentamientos históricos.
[falta diagrama]
Se pueden atribuir inconvenientes a la teoría de las ondas de Schmidt, pues resulta difícil encajar los nuevos dialectos que luego aparecerían sin romper el sistema.
[falta diagrama]
En estos diagramas se limita a reflejar la posición relativa de los dialectos, pero no el lugar ni la época de cada uno, carente de información diacrónica. Se convirtieron en un recurso gráfico para intentar reflejar como primera plantilla una serie de isoglosas multilaterales y su balance. Pero realmente, no tienen ningún trasfondo histórico.
Se observaba por aquel entonces que todos los dialectos conocidos guardaban conexiones y relaciones entre sí, pero era del todo imposible reflejar en un simple diagrama o gráfico tantas interrelaciones de una manera coherente y con sentido científico e histórico.
Posteriormente a los árboles lingüísticos y los diagramas dialectales, aparecen otras teorías: las de los contactos secundarios. Son los que han tenido lugar en diferentes lugares de Eurasia por parte de los dialectos y pueblos escindidos del indoeuropeo entre sí. Los italianos lo han llamado contactos lingüísticos secundarios, que habrían permitido la instauración de verdaderas comunidades dentro de las que se propagarían innovaciones compartidas. Es lo que dio en llamarse ligas lingüísticas. Esta teoría nacida en Italia y poco difundida parte de que en esa liga las lenguas se habrían intercambiado todo tipo de material desde el más fácil hasta el más resistente. Pero acudiendo a lo que realmente ofrecen los contactos secundarios, se observa que el área de estudio y conocimiento queda limitada al del léxico y los préstamos.
Durante todo el siglo XIX la idea que se tenía del indoeuropeo y sus dialectos era que el ie. Se había fragmentado de un solo golpe, como un espejo que se rompe y se hace pedazos de una sola vez. En el primer cuarto del siglo XX, A. Meillet propuso la teoría de la desmembración escalonada. Esto abría una nueva perspectiva histórica, con un evidente reflejo dialectal. La cuestión a partir de ahora consistía en decir cuáles eran las lenguas que parten de un estadio más antiguo del indoeuropeo, lo cual establecería una cronología relativa, y en consecuencia, en apreciar las semejanzas y diferencias en base a ese estadio de lengua, el mismo o distinto de la lengua común indoeuropea.
Meillet no reflejó en ningún esquema los resultados de esa desmembración, pero a comienzos de los 50, Trager y Smith intentaron un diagrama con una desmembración escalonada, proponiendo una cronología absoluta, con grandes implicaciones diacrónicas e incluso espaciales.
3500 a. C. ......................................... Indo-hetita
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Anatolio
2500 a. C. ........................................ Indoeuropeo
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2300 a. C. Armenio
2200 a. C. Indo-iranio
Griego
2000 a. C. ......................................... Europeo
Tocario
Europeo meridional
1800.1500 a. C. ................................. Nordeuropeo
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Germánico
800-500 a. C. .................................... Balto-eslavo
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Báltico
I d. C. ................................................ Eslavo
La teoría de la desmembración escalonada de la familia indoeuropea ha ido ganando fuerza. Así vemos cómo muchos estudiosos se han decantado por la escisión progresiva. W. Meid habla de tres estadios en la lengua común: indoeuropeo primitivo, medio y tardío. F. R. Adrados habla de tres estadios: I, II y III. Pero estas ideas coinciden con las que ya había en Sturtevant, que diferenciaba:
Sturtevant
indo-hetita
indo-europeo
W. Meid
Ie primitivo
Ie medio
Ie tardío
Adrados
Ie I
Ie II
Ie III
La lingüística indoeuropea desarrollada en la antigua Unión Soviética ha presentado resultados, sobre todo por parte de Ivanov y Gamkrelidze, que combinan la teoría del árbol genealógico y la de la escisión progresiva.
A mediados del siglo XIX solo había una posible explicación para las coincidencias entre dialectos: el haber pertenecido a la misma lengua común intermedia. Para ello hay que tener en cuenta otros criterios para explicar estos rasgos:
1) Por el hecho de ser indoeuropeas. Teóricamente todas las indoeuropeas deben tener (o haber perdido) estos rasgos.
2) Por haber sido dialectos contiguos en el continuum lingüístico indoeuropeo.
3) Por haber sido una misma lengua tras la desmembración de la lengua común.
4) Por proceder de un mismo estrato indoeuropeo, de entre los varios sucesivos.
5) Por contacto secundario, de mayor o menos grado de intimidad (mero contacto, liga lingüística).
6) Por razones extrínsecas o intrínsecas que no implican vinculación dialectal (desarrollos paralelos, acción de un substrato común, etc.).
Cuando se habla de que unas lenguas indoeuropeas son más arcaicas y otras más innovadoras nos referimos a que las primeras han perdido menos de aquellos rasgos que llamamos arcaísmos que las segundas. Todas las demás clases de coincidencias son innovaciones.
Son muchas las discrepancias que ha habido y hay en el mundo de la Dialectología y las relaciones entre los dialectos del indoeuropeo. Los diagramas anteriores han levantando, entre otras discusiones, la fuerte discusión por la vinculación entre el latín, el griego y el celta. Y así otros problemas como: las diferentes etapas de la lengua común de la que proceden las lenguas históricas, la clasificación entre lenguas arcaicas e innovadoras, lenguas orientales y occidentales. Muchas veces la Dialectología se presta a la valoración subjetiva de los datos y a la falta de un método de análisis.
Pero hay un criterio metodal firme, conocido como el principio de Leskien: “Los criterios para establecer una comunidad [dialectal] estricta pueden encontrarse solamente en coincidencias positivas entre las lenguas en cuestión, que a la vez constituyan diferencias respecto a las demás”. Es decir, los arcaísmos no tienen significación dialectal alguna. Y de entre las innovaciones, solo las positivas, y no las negativas, que consisten en simples pérdidas. El fundamento teórico de esa regla es el mismo de toda la Lingüística Histórico-Comparativa: la arbitrariedad del signo lingüístico. Si dos lenguas genéticamente emparentadas tienen un mismo signo para la voz pasiva, pongo por caso –r, eso teóricamente podría deberse a tres causas:
1) Que en la lengua común de que ambas proceden la pasiva se expresaría con –r y ambas la han heredado y conservado;
2) Que sea una mera coincidencia fortuita;
3) Que ambas lenguas hayan innovado en común substituyendo la antigua marca de pasiva que heredaron de la lengua común por esta nueva –r.
En el primer caso tenemos un arcaísmo. La segunda opción resulta inadmisible en virtud del carácter arbitrario del signo lingüístico. Y, por último, sería una innovación que han introducido en común tras una relación dialectal entre sí, posterior a la etapa de comunidad general con las demás lenguas de la familia.
La clasificación y definición de cada uno de los rasgos como innovaciones o arcaísmos es la más importante fuente de discrepancias para la Dialectología, aunque no la única. Las otras preguntas que vienen a continuación son: establecer cuáles de ellas obedecen al hecho de haber partido de un mismo estadio cronológico indoeuropeo, cuáles exigen una etapa de comunidad intermedia, cuáles se explican por contactos secundarios de mayor o menos intimidad y cuáles se deban a desarrollos paralelos o a influencias de un substrato similar.
No hay ningún criterio que permita determinar con objetividad a qué categoría pertenece cada una de las coincidencias innovadoras. Ni siquiera normas que indiquen:
1) Qué exige y qué no exige la comunidad prehistórica;
2) Qué puede y qué no puede ser objeto de desarrollo paralelo;
3) Qué puede y qué no puede intercambiarse por contacto. Y por otra parte, no se conocen del todo bien los substratos en los que se asentaron cada una de las lenguas indoeuropeas.
Por último, hay que mencionar el método denominado glotocronología de M. Swadesh y R. B. Lees, de los años 50, por el que se pretendía medir en años solares el plazo transcurrido desde la separación de dos lenguas que antes hubieran sido la misma. Para ello se basaba en una cuantificación del ritmo a que de produce la renovación del léxico nuclear de las lenguas. Este método fue abandonado muy pronto.
• Capítulo II: Dialectología o historia de la indoeuropeización.
Hoy sabemos que del centro primario de indoeuropeización, las estepas del sur de Rusia, salieron durante los milenios V-III a. C. constantes flujos de población con tres momentos de particular intensidad. La desmembración se escalonó durante más de dos mil años. Pero a su vez la región danubiana centro-oriental se convirtió en foco secundario de indoeuropeización para la Europa centro-oriental y nórdica. Y, a su vez, Europa central se convirtió en centro secundario de indoeuropeización del Occidente y del Sur europeos. En el estudio de la Dialectología, el centro de indoeuropeización con que cada lengua entronca se convierte así en un factor más de coincidencia o divergencia entre las diferentes lenguas. Y después están los procesos de reindoeuropeización.
Las circunstancias históricas de la indoeuropeización son tan complejas, las mezclas, trasvases, interferencias, tan abundantes, que el resultado para la Dialectología es una maraña inextricable de coincidencias y diferencias multilaterales que dejan en el dialectólogo la desalentadora impresión de que no hay una sola lengua indoeuropea que no ofrezca algún tipo de nexo dialectal con cualquiera otra. Naturalmente no todos tienen el mismo significado. Unos son debidos a proceder de un mismo estrato cronológico; otros a haber constituido una única lengua intermedia; otros a proceder de un mismo centro de indoeuropeización (primario o secundario); otros a contactos secundarios de mayor o menor duración, de mayor a menor intimidad; otros a acciones de un substrato similar (indoeuropeo de la misma variedad, a no indoeuropeo similar); otros a desarrollos paralelos... Y el dialectólogo carece de la mayoría de las veces de criterios objetivos para diferenciar unos factores de otros.
Las diferencias entre lingüistas y arqueólogos cada vez son mayores. En la primera mitad del siglo XX, los arqueólogos han manejado la llamada teoría de la Lex Kossinna, por la que las culturas arqueológicas tienen una implicación étnica, de forma que cada una de ellas corresponde a un pueblo diferentes; y un cambio de cultura en una zona obedece invariablemente a la inmigración de un pueblo nuevo que es su portador. Pero el contraargumento es que los objetos materiales pueden transportarse, las técnicas de un solo artesano aprenderse, el arte imitarse.
Pero las lenguas no se trasladan de un lugar a otro sin sus hablantes. Un cambio de lengua necesita que una nueva población irrumpa en la zona. Las emigraciones y los cambios de población son dos factores muy importantes en el proceso de indoeuropeización, lo que provoca un cambio reiterado y sucesivo de la lengua.
El propio Villar considera que apenas se pueda recuperar algo del mapa dialectal de las estepas del sur de Rusia anterior a los primeros movimientos migratorios. No cree que las isoglosas más generales sean atribuibles a diferencias dialectales de la lengua común. Pero no así las lenguas centum/satәm, cuya cronología es alta.
Un factor importante a tener en cuenta en la historia de la indoeuropeización es el estado de las vocales a/o. se tiene por arcaísmo la situación que presentan el griego y el latín, que históricamente ofrecen ambas vocales diferenciadas. Así en griego, ¢grÒj. Por otro lado, se considera innovación la situación que presenta el sánscrito y que consiste en que ambas aparecen confundidas en /a/, como se ve en el término ájras “campiña”. Esta idea es errónea, es totalmente la contraria. En la familia indoeuropea es más antiguo un sistema sin /o/, solo con /a/, que uno con ambas vocales.
Las lenguas que tienen solo /a/ son las más numerosas: antiguo europeo, anatolias, indio, iranio, báltico, eslavo, germánico, albanés, tracio, dacio, ilirio y pelásgico.
Las lenguas del grupo que diferencian a/o son: griego, frigio, armenio, itálico y celta.
El eslavo ofrece un rasgo exclusivo a las anteriores: presenta confundidas las vocales a/o, al igual que las lengua /a/, pero la vocal única resultante, en vez de /a/ es /o/. se piensa que en principio fue una lengua /a/ pero que posteriormente alteró en /o/.
De acuerdo con el principio de Leskien ya mencionado, el posible cambio *o>/a/ habría tenido una fuerte implicación dialectal, pues se descartan las explicaciones fonéticas y fonológicas. Pero no es válido al darse entre dialectos que carecen de conexión entre sí.
Las lenguas /a/ son las que conservan la situación más arcaica en las familias indoeuropeas. El sistema vocálico antiguo en la familia indoeuropea es el siguiente:
i ________________________ uε _________________ α
Una vez que se introdujo una nueva vocal /a/ de varios orígenes, las posibilidades son únicamente dos:
1) La nueva vocal /a/ se confunde con la ya existente /a/ (solución de las lenguas /a/).
2) La nueva vocal /a/ no se confunde con la ya existente /a/ (solución de las lenguas a/o).
La confusión de la nueva /a/ con la antigua es más frecuente que se introduzca un quinto timbre. Y esa introducción del quinto timbre en las lenguas a/o se da en dos áreas bien definidas:
a) En Occidente: incluye el celta, el itálico y el lusitano.
b) En Oriente: incluye el griego, el frigio y el armenio.
La vocal /o/ se ha introducido solo en estos dos ámbitos mencionados y siempre lejos de la patria originaria de las estepas, y ya en fecha relativamente tardía, pues la condición previa de su introducción es la desaparición de las laringales.
La aplicación de las vocales /a/ y /o/ se puede aplicar como un poderoso instrumento para la detección de estratos indoeuropeos anteriores a los pueblos históricos de los lugares ocupados por las lenguas a/o, concretamente las tres penínsulas mediterráneas y los lugares de Europa central y occidental ocupados por celtas. Un ejemplo de ellos es la raíz indoeuropea *sar-, “corriente de agua, río”. De las estepas saldría con esa forma *sar-, y así llegaría de mano de los grupos que indoeuropeizaron Europa centro-oriental, y posteriormente Europa occidental y meridional.
Entre Alemania, Suiza y Francia surgió el pueblo celta, que había introducido la innovación de la antigua /a/ a /o/. Así, en su lengua, la palabra *sarā se habrá convertido en *sorā. Y así se esperaría con toda la toponimia y su vocabulario el cambio de la antigua /a/ en /o/. Si eso fuera lo que realmente sucedió, podría pensarse que el celta no es sino una evolución regional del llamado Alteuropäisch, tal como quería Krahe. En cambio, si la lengua celta hubiera penetrado en esa región con la antigua /a/ ya transformada en /o/, y se hubiera asentado allí sobre un substrato de tipo antiguo-indoeuropeo, se esperaría que la toponimia con /a/ de ese substrato el celta la incorporara mayoritariamente con /a/, al identificar ese fonema con la /a/ de su propia lengua.
Si no sabemos con certeza si los celtas desarrollaron su vocal /o/ in situ o su lengua se introdujo en aquella zona con esa innovación ya realizada, en cambio sabemos con seguridad que estaba desarrollada cuando los celtas se introdujeron en sus zonas de expansión posterior. E igualmente que los itálicos y los griegos entraron en sus sedes históricas con la distinción a/o establecida.
Cuando los celtas entraron en la Península Ibérica se asentaron sobre un substrato indoeuropeo previo, del que es testigo la hidronimia peninsular de tipo paleoeuropeo. La transmisión hidronímica se haría desde una lengua /a/ (la del pueblo de esos hidrónimos) a una lengua /o/ (la de los celtas invasores). Como suele suceder, y el hecho mismo de una transmisión hidronímica lo demuestra para este caso, la población anterior no fue aniquilada con la invasión celta. Fue simplemente sometida y se produjo la mezcla de la población y el triunfo del celta sobre la lengua de la población preexistente, con lo consiguientes efectos de substrato.
Naturalmente, los hablantes preceltas tenían su sistema antroponímico. Y sería ingenuo pensar que la acción del substrato sobre el celta tuviera que haberse limitado a la transmisión hidronímica. Es evidente que se transferirían también palabras del vocabulario común y antropónimos. En los tres elementos tomados al substrato (topónimos, antropónimos y apelativos), por tratarse de una lengua /a/, se encontraría en abundancia la lengua /a/, nunca /o/. Y los celtas, que tenían en su sistema una /a/, identificaban normalmente la /a/ del substrato con el correspondiente fonema de su lengua. En concreto, aunque en celta «corriente de agua, río» se dijera ya *sorā, en el substrato indoeuropeo peninsular sería *sar-, e igual vocal tendrían los hidrónimos derivados de ese término. Por ello, los hidrónimos correspondientes se tomarían normalmente con /a/. e igualmente los antropónimos indígenas que comportaran /a/. y los apelativos que el celta aceptara del substrato se incorporarían también al léxico celta con vocal /a/.
Y así con probable transmisión celta en la península, tenemos Jarama (Madrid) y Jaramillo (Valladolid). Y también tienen /a/ cuando han sido transmitidas por el íbero o el latín: Sarria, Sara, Sarramina, Sarela.
Otro rasgo de gran extensión dialectal es el resultado sonoro de las sonoras aspiradas. Tradicionalmente se considera que la serie III era en indoeuropeo sonora aspirada y que en consecuencia, las lenguas que históricamente presentan en su lugar sonoras simples han introducido una innovación (cf. el capítulo de la fonética, pp. 206-216).
Las lenguas que históricamente presentan sonoras simples en la tercera serie constituyen la abrumadora mayoría: tracio, dacio, ilirio, germánico, báltico, eslavo, celta, albanés, iranio, armenio frigio y pelásgico. El tocario ha confundido las tres series en sordas. Las únicas lenguas que tienen para la tercera serie un resultado que no sea el de sonora simple (aparte de hetita y tocario) son el griego, el indio (¡no el iranio!) y el itálico (no siempre). Dado ese reparto, cabría hacerse la misma pregunta que para las vocales a/o:
a) ¿Hay alguna razón de alta probabilidad fonética o fonológica que imponga ese cambio?
b) Y, si no la hay, ¿existe alguna vinculación dialectal entre las lenguas con *bh>/b/?
Ambas preguntas tienen respuesta negativa. La inmensa mayoría de las lenguas conservan intacta la situación heredada. Y al menos para dos de las tres ramas en que aparece un resultado diferente (griego e indio) pudiera haber una buena razón que lo explicara.
Para el indio esa razón es obvia: la existencia históricamente cierta de esa clase de fonemas (sonoros aspirados) en el substrato en que se asentó. No puede dejar de tener significación en ese sentido el hecho de que las lenguas iranias, tan cercanas por lo demás a las indias, pero que al contrario que ellas nunca penetraron en suelo indio, carezcan de esos fonemas y tengan sonoras simples como el resto de la familia. E incluso, lo que es aún más significativo, en la medida en que tenemos información, en la lengua aria del II milenio a. C. en Asia Menor las sonoras aspiradas son también sonoras (Bagarriti de la raíz *bhag-).
Para el griego, que presenta sordas aspiradas como tercera serie, Villar afirma que el pelásgico, que al menos en parte le sirvió de substrato, en virtud de su rotación consonántica era una lengua con un sistema en que había sonora/sorda/sorda aspirada, exactamente el mismo con que emerge el griego históricamente.
Villar presenta en un diagrama las etapas en la desmembración dialectal, pero para comprenderlo bien es preciso leer las pp. 544-550.
Indoeuropeo común
4500
Primeras irrupciones en Europa centro-oriental
y balcánica de las que no derivan lenguas indoeuropeas históricas conocidas
4100
3900
3700
3500 Anatolio
3300
3100
2900 Complejo europeo
2700
2500
Celta (?)
2300 Griego
![]()
Frigio
2100 Armenio
Arios minorasiáticos
1900 Indios









