31/01/08

Ciclo Complutense de Comunicación

Fuente: Fundación UCM

Ciclo de Comunicación

:: Director del Ciclo ::

Juan Benavides

:: organiza ::

  • Fundación General UCM
  • ADIF

Los Ciclos Complutenses proporcionan a la sociedad del siglo XXI un acercamiento riguroso y de calidad a los conocimientos permanentes e innovadores, tanto en lo humanístico como en lo tecnológico e investigador.

Programa 2007-2008

Grupo Antena 3Atres

El panorama publicitario en los medios convencionales

Director: Javier Martínez
Fecha: 11 de enero
Lugar de celebración: Facultad CC. de la Información
Patrocinio: Grupo Antena 3
Precio: 20€
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Grupo Santander Central Hispano

VII Jornadas sobre Comunicación Financiera

Director: Rafael López Lita. Universidad Jaime I de Castellón
Fecha: 14 - 16 de enero
Lugar de celebración:Facultad CC. de la Información
Patrocinio: BSCH
Precio: estudiantes 40€; profesionales 80€
Créditos: 1 crédito de libre elección en trámite
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La Fabrica

El lujo del diseño/el diseño del lujo

Director: Javier González Sola. La Fábrica Digital
Fecha: 17 - 18 de enero
Lugar de celebración: Facultad CC. de la Información
Precio: estudiantes 20€; profesionales 40€
Créditos: 1 crédito de libre elección en trámite
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Fundación Ortega y GassetUCM. Facultad de CC. de la Información

La nación mediática

Directores: Alejandro Pizarroso (UCM) y Margarita Márquez (Fundación José Ortega y Gasset)
Fecha: 21 - 23 de enero
Lugar de celebración: Facultad CC. de la Información. Edificio principal, 3ª planta. Salón de Grados
Patrocinio: Fundación José Ortega y Gasset; Facultad CC. de la Información de la UCM
Precio: estudiantes 40€; profesionales 80€
Créditos: 1 crédito de libre elección en trámite
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Consejo General del Poder Judicial

La información judicial en procesos de sensibilidad social

Director: Agustín Zurita. Consejo General del Poder Judicial
Fecha: 26, 27 y 28 de febrero
Lugar de celebración: Facultad CC. de la Información
Patrocinio: Consejo General del Poder Judicial
Precio: estudiantes 40€; profesionales 80€

La comunicación en las instituciones públicas

Director: Raúl Castillo Muñoz. Director Adjunto de medios de comunicación
Fecha: 14 - 15 de febrero
Lugar de celebración: Facultad CC. de la Información
Patrocinio: Ayuntamiento de Madrid
Precio: estudiantes 40€; profesionales 80€
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Cátedra Javier BenjumeaFocus Abengoa

La empresa y la Comunicación de Valores en el ámbito de la Globalización

Directores: Juan Benavides (UCM), Nuria Villagra (UCM) y Anna Bajo
Fecha: 21 - 22 de febrero
Lugar de celebración: Instituto de Postgrado y Formación Continua. U.P. Comillas
Patrocinio: Cátedra Javier Benjumea de Ética Económica, Focus Abengoa
Precio: estudiantes 40€; profesionales 80€
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Liberty Seguros

XIV Congreso Español de Análisis Transaccional

Director: Felicísimo Valbuena. Universidad Complutense de Madrid
Fecha: 6 - 8 de marzo
Lugar de celebración: Facultad CC. de la Información
Patrocinio: Liberty Seguros
Precio: estudiantes 40€; profesionales 80€

CES Felipe II

La integración de la comunicación a través del móvil

Director: Hipólito Vivar. CES Felipe II de Aranjuez
Fecha: 11 - 12 de marzo
Lugar de celebración: CES Felipe II. Aranjuez
Precio: estudiantes 40€; profesionales 80€

Foro de Reputación Corporativa

Director: Ángel Alloza. BBVA
Fecha: 27 de marzo
Lugar de celebración: Facultad CC. de la Información
Precio: estudiantes 20€; profesionales 40€
Patrocinio:
Foro de Reputación Corporativa
Patrocinadores

Instituto Oficial de Radio y Televisión

Los niños ante la Televisión. Investigaciones y Perspectivas

Director: Jose Antonio Ruiz San Román. Universidad Complutense de Madrid
Fecha: 31 de marzo al 2 de abril
Lugar de celebración: Instituto Oficial de Radio y Televisión
Precio: estudiantes 40€; profesionales 80€

Universitat Jaume I

XII Congreso Internacional de la Asociación Española de Historiadores del Cine (AECH).
II Congreso internacional de Análisis Fílmico: Temperatura crítica.
El cine Español de los 60 y las rupturas de la modernidad
.

Director: Javier Marzal Felici. Universidad Jaime I de Castellón
Fecha: 6 - 8 de abril
Lugar de celebración: Universidad Jaume I de Castellón
Precio: estudiantes 40€; profesionales 80€

Universitat Jaume I

El consumidor como centro de la cadena de valor de la marca de moda

Directora: Paloma Díaz Soloaga. Directora Observatorio Publicidad y Sociedad
Fecha: 9 - 11 de abril
Lugar de celebración: Museo del Traje en Madrid
Precio: estudiantes 40€; profesionales 80€
Créditos: 1 crédito de libre elección en trámite
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Hacia una visión global de la cultura de los toros

Director: Juan Gómez Castañeda
Fecha: 24 - 26 de abril
Lugar de celebración: Salamanca
Patrocinio: Caja Duero, Ganadería Sánchez Rico
Precio: estudiantes 40€; profesionales 80€

II Congreso Comunicación Política

Director: Mª José Canel. Universidad Complutense de Madrid
Fecha: 7 - 8 de mayo
Lugar de celebración: Facultad CC. de la Información
Precio: estudiantes 40€; profesionales 80€

Cursos de verano 2008 (Universidad Complutense de Madrid)

Fuente: UCM

» Escuela Complutense de Verano 2008

Escuela Complutense de Verano

Abierto el plazo de inscripción de la Escuela Complutense de Verano desde el 22 de enero hasta el 9 de junio de 2008. La oferta formativa es de 149 cursos superiores repartidos en 12 escuelas temáticas de máxima actualidad académica, que se desarrollan en diversas Facultades y Escuelas de la UCM durante el mes de julio, con una duración de 100 horas lectivas cada uno de ellos.

[+ información]

29/01/08

Nueva Gramática del Español

Fuente: El País

"La más completa descripción del español hecha jamás"

22 Academias de la lengua se reúnen en Segovia para trabajar la nueva gramática, que verá la luz en 2009

EFE - Segovia - 28/01/2008

La nueva Gramática que preparan las 22 Academias de la Lengua Española y que, "a más tardar", se publicará en la primavera de 2009, será "la más completa descripción del español que se haya hecho nunca" y permitirá ver "cuánto comparten" los 400 millones de hispanohablantes y qué les diferencia.

Así lo han manifestado hoy, en un encuentro con la prensa, los directores de las Academias de España, Víctor García de la Concha, y de México, José Moreno de Alba, y el ponente de la Gramática, Ignacio Bosque, que asisten en Segovia a la séptima reunión de la Comisión Interacadémica que trabaja desde hace diez años en la elaboración de esta obra esencial de referencia.

La Gramática es "radicalmente nueva en sus planteamientos" porque, como ha destacado García de la Concha, "por primera vez" será representativa "del español total", del de España y del de Hispanoamérica. "Va a ser un hito en la historia del estudio de la lengua española", en palabras del nuevo director de la Academia Norteamericana, Gerardo Piña", que también participa en las sesiones de trabajo.

A la reunión, que se prolongará hasta el 1 de febrero y que cuenta con la colaboración del Instituto Castellano y Leonés de la Lengua, asisten representantes de las ocho áreas lingüísticas en que se han dividido los trabajos: México y Centroamérica, Antillas, Caribe continental, área andina, Río de la Plata, Chile, Estados Unidos y España.

Tras la aprobación del texto básico de la misma por el Pleno de las 22 Academias, el pasado 24 de marzo en la ciudad colombiana de Medellín, los académicos perfilan ahora los últimos detalles y ordenan aspectos tan complejos como los índices y los ejemplos que se citan, extraídos de unas 2.600 obras de 1.190 escritores de todos los países hispanohablantes y de periódicos de cada uno de ellos. La Gramática no será sólo para especialistas, sino que podrá usarse también como obra de consulta. Por eso, además de la versión completa, de unas 3.000 páginas, habrá "un compendio" de unas 600 páginas y quizá podría haber también (los académicos "se lo están pensando") "un epítome" de unas 300 páginas, según expuso García de la Concha.

27/01/08

Los museos domésticos

Fuente: El País

Los grandes museos del mundo abren sus puertas a Internet

Cada vez más pinacotecas exhiben sus colecciones y permiten un paseo virtual

EFE - Madrid - 26/01/2008

No hace falta viajar a Nueva York, París o Madrid para ver las obras de los mejores museos del mundo, porque todas tienen sus colecciones colgadas en la red pero algunas han dado un paso más y permiten colarse en sus salas gratis, sin vigilantes y con una cercanía a las obras imposible en la vida real.

Fachada del Casón del Buen Retiro
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Fachada del Casón del Buen Retiro- ÁLVARO GARCÍA

Es el caso del Museo Thyssen de Madrid, cuya galería virtual se caracteriza además por su realismo, sencillez y facilidad de acceso, mientras que en otros, caso del Louvre, es preciso saber dónde buscar y requiere la intervención continúa del internauta.

Solo en 2007 la web del Thyssen tuvo cinco millones de usuarios, cuatro veces más que todas las visitas que acumula el museo desde su inauguración: "La visita virtual permite una experiencia única de inmersión en la institución pero nunca sustituirá a la presencial", asegura el responsable de Informática de la galería, Javier Espada. Además de acceder al millar de obras que expone el Thyssen, se pueden ver todas las exposiciones temporales, de tal forma que la que se inaugurará el día 5 de febrero sobre Modigliani estará disponible ese mismo día.

La apuesta por Internet

El patrimonio artístico está diseminado por edificios de España y América Latina y el grupo ha optado por ofrecer visitas virtuales a tres exposiciones temporales y están estudiando "abrir museo" en Internet con sus obras maestras.

Otros, como el Reina Sofía, con 16.200 obras en sus fondos de las que solo expone el 2%, restringen la visita virtual a sus edificios y jardines y a algunas exposiciones temporales. Ese museo, como el Tate Modern, en Londres, el MOMA y el MET, ambos en Nueva York, tiene la complejidad añadida de que muchos de sus cuadros están sujetos a derechos de autor y aunque los ubican en la web en la planta en la que se encuentran no se puede ver la foto de la obra.

El Guggenheim de Bilbao ha remodelado por completo el pasado mes de noviembre su web con el propósito de convertirse en un referente internacional de los museos online, según su subdirectora de Comunicación, Marga Meoro. En su página se puede visitar, con los responsables del museo como guías, el edificio, la ría, las obras que se exponen en el exterior y las que se exhiben dentro de Richard Serra, aunque no las exposiciones temporales. Meoro tampoco cree que esta forma de conocer el museo vaya a sustituir a la otra "porque -afirma- la obra de arte hay que verla".

En el otro lado está el Museo del Prado, que estrenó en octubre una web con un gran volumen de contenidos, quizá el mayor de los museos españoles, pero que no ofrece visita virtual a sus fondos, según Elena Garrido, portavoz de la institución. Su web, que tiene 8.000 usuarios diarios, casi tantos como presenciales, sí permite un "paseo" por sus obras maestras. "No hay nada que pueda suplir la visita física", asegura Garrido, quien ha adelantado que en un futuro próximo esperan colgar en la Red imágenes de todos sus fondos, unas 7.000 obras, y no solo de las cerca de 1.500 que se expondrán este año, a la que también se incorporarán contenidos en audio y vídeo así como podcast.

La empresa privada en el sector

En la estela de los grandes museos, la Fundación Mapfre, que atesora cerca de 1.500 obras, ha decidido estrenar esta misma semana Museo en Internet: diez salas con cerca de 100 obras "colgadas", que se completa, como sucede con todos los museos, con una base de datos sobre todos sus fondos: "Se trata de poner en valor y organizar la colección y de permitir, de paso, el acceso de todos", detalla el coordinador de la iniciativa, Javier Bravo, para quien esta forma de exponer el arte "es el futuro".

A su juicio, muchos museos se limitan a que su portal sea "una gran agenda de contenidos, con mucha información y poca calidad", mientras que otros como el Thyssen o el Gulbenkian de Lisboa sobresalen por su esmerada puesta en escena.

A esta tendencia se ha sumado también el Grupo BBVA, con más de 3.000 obras "de relevancia" en su haber, según su directora de actividades culturales, Concha Badiola.

18/01/08

La Crátera de Eufronio

Fuente: El País

Una vasija de 2.500 años de antigüedad regresa a Italia procedente de Nueva York

EFE - Roma - 18/01/2008

La Crátera de Eufronio, una vasija griega de 2.500 años de antigüedad, hasta hace poco tiempo propiedad del Museo Metropolitano de Nueva York, ha vuelto hoy a Roma, donde fue presentada como una victoria en la llamada "guerra del arte".

La 'Crátera de Eufronio' tiene 2.500 años de antigüedad
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La 'Crátera de Eufronio' tiene 2.500 años de antigüedad- AP

La vasija salió de Italia, según los Carabineros, de forma ilegal y fue adquirida por el Metropolitan en 1972, que la tuvo hasta que en 2006 llegó a un acuerdo para su devolución, tras décadas de polémica.

La Crátera de Eufronio está considerada como una de las vasijas más bellas del periodo Atico y fue fabricada entre el 520 y el 510 a.C.

La precisión de la fecha se debe a la inscripción en el jarrón de la leyenda Leagros kalos, que significa Leagros es bello y que se refiere a un personaje histórico ateniense conocido por su belleza, cuyo esplendor se sitúa en ese decenio.

El acuerdo de devolución prevé el préstamo, por parte de Italia, al Museo Metropolitano de otros tres jarrones de igual valor a la Crátera de Eufronio y la misma antigüedad, durante un periodo de cuatro años. "De esa forma, no habrá sacrificio alguno para el gran público", ha afirmado en la presentación el ministro de Cultura italiano, Francesco Rutelli. Tanto Rutelli como su antecesor en el cargo, Buttiglione, han agradecido también "la comprensión del público y la prensa estadounidense", así como la presencia en el acto de representantes culturales de la embajada estadounidense en Italia.

Italia anunciará al final de enero una nueva devolución

Sin embargo, pese a que oficialmente se afirma que no hay vencedores ni vencidos en la llamada "guerra del arte", la devolución a Italia de la vasija griega Crátera de Eufronio se ha vivido como un triunfo italiano. El Gobierno italiano ha informado de que se había llegado a un acuerdo con la coleccionista estadounidense Shelby White para la restitución a Italia de diez obras de arte de procedencia griega y etrusca. Según el ministro de Cultura, Francesco Rutelli, Italia espera llegar a acuerdos para recuperar obras de arte de otros países, entre ellos Egipto, y a finales de este mes anunciará una nueva "entrega" arqueológica.

A través de la diplomacia y las amenazas de los tribunales, las autoridades italianas han conseguido hasta el momento la entrega de 67 obras de arte mediante distintos acuerdos con museos y coleccionistas estadounidenses. Esas 67 obras se exhiben desde el mes pasado y hasta el 2 de marzo en la Escudería del Palacio del Quirinale, en una muestra titulada: Nostoi. Obras maestras reencontradas.

Además, el cuerpo policial de los Carabineros han informado de que durante 2007 hubo una disminución del 10,47% en el robo de obras de arte en Italia y una reducción del 4,16% de las excavaciones clandestinas.

17/01/08

Digitalización europea de la Biblioteca Nacional de Madrid

Fuente: El País

10.000 tesoros de la Biblioteca Nacional llegan a la Red

La institucíón participará en una ambiciosa digitalización promovida por la UE

ROCÍO GARCÍA - Madrid - 17/01/2008

La primera edición del Poema del Cid, grabados de Durero, Velázquez o Goya, dibujos de niños de la Guerra Civil, las Cantigas de Santa María o mapas extraídos del amplio fondo de cartografía que posee la Biblioteca Nacional (BN) se pueden consultar, descargar, reproducir o imprimir sin coste alguno a partir de ayer en la página web de la institución (www.bne.es). 10.000 valiosos tesoros, entre manuscritos, ediciones antiguas de libros, dibujos, carteles o fotografías, están en la Red a disposición de investigadores, estudiantes o simples curiosos.
El Quijote (1605), Catecismo de Pedro de Gante (siglo XVI) y el Libro de Horas de Carlos VIII (1494)" title="Primera edición de El Quijote (1605), Catecismo de Pedro de Gante (siglo XVI) y el Libro de Horas de Carlos VIII (1494)" height="137" width="340">

Primera edición de El Quijote (1605), Catecismo de Pedro de Gante (siglo XVI) y el Libro de Horas de Carlos VIII (1494)-

La Biblioteca Digital Hispánica, que se enmarca dentro del proyecto común de crear un gran centro virtual europeo TEL (The European Library), evitará así de manera importante la consulta de originales -un 90%, según cálculos de la directora de la Biblioteca, Milagros del Corral-, y de este modo el deterioro de estos documentos tan valiosos. "Los riesgos disminuirán", señaló Del Corral, aliviada, con el recuerdo de los últimos robos cometidos en la institución que dirige desde el pasado mes de agosto. Otro de los alicientes para los investigadores está en la mejor legibilidad que todos estos documentos colgados en la Red con respecto a los originales.

"Es un aporte de una alta calidad, pero reconozco que es el mínimo que una Biblioteca de esta categoría puede ofrecer al usuario", explicó su directora sobre este primer paso en la digitalización de los fondos, que se irán ampliando hasta alcanzar en cinco años una colección digital propia de unas 200.000 obras, que supondrían más de 25 millones de páginas. Será uno de los aportes que la BN hará a la futura Biblioteca Digital Europea que, en 2010, deberá contar con seis millones de objetos digitales on-line, disponibles a través de un portal común en diversas lenguas.

La Biblioteca Digital Hispánica, que fue presentada ayer por el ministro de Cultura, César Antonio Molina, y Francisco Ros, secretario de Estado de Telecomunicaciones del Ministerio de Industria, está dividida en ocho colecciones iniciales -Obras maestras, Hispanoamérica, Grabados, Niños de la guerra, Mapas de España, Filología, Historia y Carteles de la Guerra Civil española- que han contado con una rigurosa selección realizada por expertos y catedráticos.

Las consultas en la Red se podrán realizar en todas las lenguas del Estado, además del inglés. Se la veía contenta ayer a Milagros del Corral. La directora de la BN subrayó el poco tiempo en que se ha realizado esta primera fase de digitalización -seis meses- y cómo se han utilizado recursos del propio presupuesto de la institución para llevarlo a cabo, sin partidas extraordinarias. En total, el dinero destinado en esta primera fase ha sido de un millón de euros; la mitad ha sido aportada por Red.es (del Ministerio de Industria) y el resto ha salido de la BN. También Del Corral resaltó uno de los aspectos que considera más esenciales para los usuarios, que es la de crearse su propia área con una contraseña personal. "Allí, cada usuario se podrá guardar todos los documentos que vaya seleccionando y podrá consultarlos cada vez que lo necesite. De esta manera se evita guardarlos en un disco duro".

Dentro de esta política de digitalización, César Antonio Molina anunció la elaboración de un gran plan nacional que "contempla todo tipo de bienes culturales, desde libros y documentos hasta películas y música". Este plan, del que no quiso adelantar más el ministro, se hará en colaboración con las comunidades autónomas y con diferentes entidades privadas y públicas.

Van Gogh se aparece en una caja griega

Fuente: El País

Hallado en casa de un antiguo partisano un cuaderno atribuido al artista

Vincent van Gogh no vendió un solo cuadro en vida, pero la posteridad ha convertido su obra en una de las más preciadas de la historia de arte. Hasta sus libretas de bocetos, llenas de proyectos pictóricos, pueden convertirse en piezas millonarias de probarse su autenticidad.
Detalle del cuaderno hallado en Grecia con dibujos atribuibles a Van Gogh
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Detalle del cuaderno hallado en Grecia con dibujos atribuibles a Van Gogh- EFE

Algunos bosquejos del pintor holandés, que habrían estado perdidos desde la I Guerra Mundial

Algunos bosquejos del pintor holandés, que habrían estado perdidos desde la I Guerra Mundial- EFE

Uno de esos viejos cuadernos acaba de ser encontrado en Atenas, en la casa de un antiguo resistente griego contra los nazis, y los expertos deberán decidir ahora si perteneció al pintor posimpresionista holandés. De ser así, los primeros cálculos cifran en unos cuatro millones de euros el valor de los pliegos si salen a subasta.

De Van Gogh se sabe casi todo: su estricta ética personal y pictórica, que le llevó a un extenuante frenesí creador de más de 900 cuadros y 1.600 dibujos. Sus apuros económicos hasta para comprar papel; la estrecha relación con su hermano Theo, un marchante de arte de cierto prestigio que trató sin éxito de promocionar sus cuadros; su caída en el desequilibrio emocional y su suicidio final. Lo que no podía imaginar ni el más avezado estudioso de su obra es que uno de sus cuadernos repleto de rostros de su primera época, la más oscura y holandesa, aparecería en una tierra tan lejana como Grecia. Según Doreta Peppa, la hija de un combatiente de la II Guerra Mundial que lo ha encontrado, la ruta recorrida por la pieza en cuestión hasta llegar a sus manos es de lo más enrevesado.

Su padre, que lo guardó durante años en un depósito de objetos personales dentro de una caja, dejó escrito que lo había rescatado tras un ataque a un tren que transportaba soldados germanos hacia el final de la ocupación. El cuaderno estaba en el suelo, y lleva dos sellos reveladores que podrían sellar hoy su verdadera procedencia. El primero corresponde a la Real Academia de Arte de Bruselas, donde Van Gogh estuvo en 1880. El otro pertenece a las autoridades nazis. "A quién no le conmovería este descubrimiento. Es el alma misma de Van Gogh. Parece que se trataba de un regalo, y no hay otro igual en el mundo", ha dicho la hija del resistente griego al presentar el hallazgo en público.

En las hojas que ha fotocopiado para poder mostrarlas con tranquilidad, pueden verse estudios de cabezas de campesino, con sus características cofias para el pelo en el caso de las mujeres. Son rostros similares a los plasmados luego en cuadros como Familia comiendo patatas, de 1885, verdadero estudio sociológico de la pobreza de una Holanda rural dependiente por entero del tubérculo. De otro lienzo señalado, Père Tanguy, un retrato del comerciante de pinturas ejecutado dos años después, también aparecen diversos trazos entre las 60 hojas de que consta el librito.

Aunque el artista griego y experto en arte Atanasio Celia ha asegurado ya que se trata de una pieza auténtica, en casos similares suele ser el museo del artista en Ámsterdam el que analiza los hallazgos. Ayer, sus portavoces se limitaron a decir que se trataba "de un asunto privado entre la sala y la dueña del cuaderno". Además de los dibujos, en la caja guardada por el fallecido Peppa había una foto del pintor. "Es un testimonio único de que el dibujo era, como el propio artista creía, la columna vertebral de la pintura", ha concluido Celia. En las múltiples cartas plenas de dibujos que Van Gogh envió a su hermano Theo, el artista iba aún más lejos en su definición de lo que debía ser un buen pintor. "Dibujar debería ser como escribir. Difícil al principio y luego sencillo por lo que tiene de espontáneo", afirmaba.

'Etymologiae', de San Isidoro, otro incunable recuperado

Fuente: El País

Recuperado otro de los incunables robados

La policía localiza en Londres una página de las 'Etymologiae', de san Isidoro

Fue cuestión de horas. Por la mañana, la directora de la Biblioteca Nacional, Milagros del Corral, anunció "avances" en la investigación sobre los cinco documentos robados en la institución y que aún no habían aparecido. Corresponden a las 16 páginas cortadas de libros valiosos con un cúter y sacadas de la Biblioteca por el ciudadano uruguayo César Gómez Rivero durante los tres años (de 2004 a 2007) en los que entró en la sala Cervantes del edificio de Recoletos (Madrid) con carné de investigador. Luego, a última hora de la tarde, se anunciaba que uno de esos documentos había sido localizado en Londres, según informaron a Europa Press fuentes relacionadas con la investigación policial.

El documento recuperado es la hoja XIV del Incunable 793 de san Isidoro de Sevilla, correspondiente a las Etymologiae, primera edición impresa en 1472 por Guntherus Zainer. Etymologiae es el título de la enciclopedia que escribió san Isidoro, poco antes de su muerte en 636, por encargo de Braulio, obispo de Zaragoza. En ella, el autor explica la etimología de cada palabra relacionada con el tema.

Se espera que el incunable (como se denomina a los libros impresos antes de 1500) encontrado esté en posesión de Scotland Yard en los próximos días, ya que los agentes británicos conocen la identidad del anticuario en cuyas manos cayó la hoja robada y éste se habría prestado a colaborar. La recuperación de este valioso incunable es el resultado de la investigación realizada por la Guardia Civil, en colaboración con Interpol.

Pendientes de localizar se encuentran aún la primera hoja ilustrada con un mapamundi plegado de la Cosmographia, sive de situ orbis; la hoja 32 de una de las obras recuperadas en Buenos Aires y dos piezas del Arte de ballestería y montería de Alonso Martínez Espinar, que la directora de la Biblioteca, Milagros del Corral, cree que fueron cortadas al hundir demasiado el cúter y por error por César Gómez Rivero, ya que se trata de hojas de texto de escaso valor.

Gracias a la operación policial, que comenzó el 24 de agosto de 2007, se han podido recuperar 11 de las 16 páginas de libros antiguos, sustraídas de la Biblioteca Nacional. Entre ellas, los célebres dos mapamundis pertenecientes a sendos ejemplares de la Cosmografía de Ptolomeo, de 1482.

"Sólo les puedo decir que va por muy buena vía y que estamos esperando que nos den alguna buena noticia", aseguró Milagros del Corral por la mañana, durante la presentación de la Biblioteca Digital Hispánica. La directora de la Biblioteca Nacional confirmó que el mapa localizado en Sidney permanece bajo la custodia de las autoridades australianas y que sólo se estaba a la espera de fijar una fecha (se espera que en algún momento entre la segunda quincena de enero y la primera de febrero) para realizar la entrega, que se intentará que coincida con la firma de un convenio de cooperación con la Biblioteca Nacional de Canberra (Australia). Esta institución ha custodiado el documento desde que éste fue entregado por un anticuario de Sidney. Los robos cometidos en la Biblioteca han obligado a realizar un exhaustivo recuento de los documentos de la institución.

Hasta ayer no se habían producido "sorpresas" dignas de mención, según Milagros del Corral. Fue el lunes pasado cuando se cerraron las salas al público y comenzó el primer recuento que se realiza en la Biblioteca en 20 años. Los trabajos se prolongarán hasta mañana.

14/01/08

Becas y ayudas en España

Fuente: elaboración propia

Se hace aquí muestra de una serie de enlaces e información relativos a las becas disponibles sobre todo para estudiantes universitarios, así como para preuniversitarios y licenciados. Becas de toda clase para todo tipo de alumnos y estudiantes. Me atrevería a decir que quien no obtiene alguna de las ayudas o becas presentadas infra, es porque no quiere, pues ahora más que nunca se pueden obtener ayudas para ir a la universidad, hacer un máster oficial, hacer cursos de idiomas de inglés, francés o alemán, y un largo etcétera. Mi caso se ha desarrollado en la Universidad Complutense de Madrid, por lo que solo podré referirme a becas del Estado, de la Comunidad de Madrid, de la UCM y de organismos nacionales e internacionales.

Preunivertarias

- Becas para iniciar estudios universitarios (MEC): creo que las condiciones son las mismas que las de la beca general (cf. infra).

- Aula de Verano "Ortega y Gasset" (MEC): esta es quizá la única beca que refiero aquí para estudiantes de Bachillerato preuniversitarios. Se concede a aquellos con mejor expediente durante esos dos años. Tiene lugar en Santander, en la UIMP, durante 15 días, con todos los gastos pagados, diversidad de actividades, así como conferencias. Yo conozco a muchos de los que estrenaron esta beca allá por el verano de 2002, todos personas excelentes con unas notazas. Por allí anduvieron políticos de todos los partidos, y los "uimperos" o gente brillante disfrutó del mar y de las tierras cántabras. ¡Qué envidia dan!

Universitarias

- Becas de carácter general (MEC): están destinadas a universitarios (y niveles no universitarios de niveles posobligatorios) desde el comienzo de la carrera hasta el último año, tanto si se va a estudiar en la misma comunidad autónoma, como si se hace fuera (llamada Beca de Movilidad). El requisito esencial para obtener esta beca es no superar la franja máxima económica anual, que varía según el número de miembros de la familia. Se tienen muy en cuenta las propiedades inmobiliarias o como arrendatario. En caso de concesión, según el alumno y su familia, se suele proceder al pago íntegro de la matrícula (salvo tasas de administración), pudiendo sumar una ayuda denominada "Material didáctico", así como otra cantidad por la distancia entre la ciudad en que se esté empadronado en ese momento y la Universidad donde estudie. Aparte, y con otro umbral de renta diferente, se calcula si ese alumno puede y debe recibir lo que se conoce como "Compensatoria", cantidad elevada para quienes no superen cierta barrera económica para estudiantes dentro de su comunidad autónoma. Dentro de la modalidad de Beca de movilidad, se conceden cantidades en virtud a la situación de residente del alumno en la nueva comunidad Autónoma. Ello depende de si habita en residencia o colegio mayor, o en piso alquilado.

- Becas de Aprovechamiento Académico Excelente:
es la mejor beca de España para universitarios en lo que a dotación se refiere (4.500 €). Tiene ya unos 6 ó 7 años de antigüedad y se ha convertido en el objetivo de todo aquel que saca buenas notas, pues su concesión se hace estrictamente por el expediente académico. La dificultad para obtenerla radica en la alta competencia, pues son muchos los estudiantes de toda España que llegan a Madrid motivados por la carrera así como por la posibilidad de conseguir la beca. Consiste en colaborar un mínimo de horas con un profesor que debe cumplir un mínimo de sexenios en investigación, ya sea para un trabajo personal, de Departamento o en su grupo de investigación. Para los de Filología, en este caso, hay mayor rivalidad, pues a estudiantes de Medicina, Farmacia, Ingeniería, etc, se les suma una puntuación compensatoria (no se dice por qué motivos) que les hace partir y llegar con ventaja a la meta. Y no solo eso, sino que desde hace 2-3 años, las universidades privadas de la Comunidad de Madrid se benefician del dinero público. Adivinen adónde van a parar la mayoría de las becas. Pero como dice el eslógan, "la Σuma de Todos". Además, y para colmo, sabemos de primera mano que hay casos y casos de gente que no alcanza la nota de corte y que al final la obtiene. Está claro, como ocurre en otros organismos, que hay tongo. La cuestión es que a pesar de todo esto, es la beca más deseada, pero solo la obtienen aquellos que llegan al 9,5 de media, aunque depende del año pero es la tónica general. La distribución se establece en preferencia hacia los alumnos que acaban de terminar selectividad. Después de esa repartición, que se lleva más de la mitad del presupuesto (díganme ustedes qué capacidad tienen los de 1º de carrera, en general, para iniciarse en el mundo de la investigación... como mínimo se debería empezar en 2º, aunque conozco a varios que lo han hecho en primero y ha merecido la pena), se procede al resto de licenciandos, es decir, de 2º a 5º/6º de carrera. En el último año de carrera, esta es incompatible con la beca que viene a continuación, pues en definitva el objetivo es el mismo.

- Becas de colaboración con el Departamento en último año de carrera de segundo ciclo (MEC): obtener esta beca es toda una suerte. El baremo es totalmente competitivo, pues lo que vale es la nota media que se presenta, lisa y llanamente, de todos los cursos de carrera. Las más de tres mil becas se reparten por todos los departamentos de todas las carreras de las universidades españolas. El reparto no sé cómo lo hace el MEC, pues cada año he visto que el número por departamento ha variado pero muy sensiblemente. El año pasado había una beca para el dpto. de griego y otra para el de latín. Yo lo solicité por latín, y otro compañero por griego, así que al final la obtuve al ser el único que la pidió (muchos no piden las becas por desconocimiento, una pena, pues el dinero se pierde y se reutiliza en otros asuntos). Este año solo ha habido una en griego y nada en latín. Qué paradoja. En filologías como hispánica o inglesa suele haber 4 ó 5 o más en total con la suma de los varios departamentos que tienen. La beca consiste, según el BOE, en colaborar en algún proyecto de algún profesor o grupo de investigación desde enero a junio tres horas diarias de lunes a viernes, creo recordar. La finalidad es introducirse en el mundo de la investigación, una introducción, como se dice ahora. Es cierto, y a veces de ahí puede salir algún artículo a publicar, una pequeña o gran aportación al grupo de trabajo o alguna reseña. todo depende, como siempre, del profesor y del becario. Todo sea dicho: la cantidad es suculenta y con eso te puedes pagar un número considerable de libros para la biblioteca personal, comer en la facultad todos los días, pagarte el abono, y muchas otras cosas.

- Beca CSIC JAE-Introducción a la Investigación: estas becas son realmente útiles para todo aquel que tenga pretensiones de trabajar en el mundo de la investigación, ciertamente desconocidas para la mayoría de los estudiantes, quienes podrán solicitarla si ahora se encuentra en los últimos años de su carrera (3º y 4º, si la carrera es de 5 años; ha habido un cambio este año algo inexplicable pero intuyo que como se está poniendo de moda o están en auge las becas de introducción en las universidades una vez acabada la carrera, así como la existencia de la beca de colaboración con departamento durante el último año que ofrece el MEC. Yo la hice hace casi dos años en el Diccionario Griego-Español que dirige Adrados y Elvira Gangutia. Antes era para 4º y para 5º, y se solicitaba siempre en septiembre). El CSIC tiene numerosos centros e institutos en toda España, y con esta beca se puede pagar el desplazamiento y vivir la experiencia. El requisito de selección es principalmente la nota media y la distribución se hace por ramas científicas. Para más información, haced click en el enlace.


*Financiación

- Préstamos para estudiantes universitarios (MEC): es el primer año que sale esta especie de subvención a interés cero, creo recordar, pero que hay que devolver en un plazo máximo de algunos años. Véase la convocatoria para todo lo demás.

- Préstamos Renta Universidad: junto a los de arriba es el primer año de aplicación. Se está poniendo de moda y a pesar de las ventajas, esta sociedad cada vez está más con la soga al cuello. Las condiciones son mejores que la anterior.

*Colaboración UCM

- Becas de Colaboración UCM:
las principales son las de Biblioteca, que ahora son de 3 o 5 horas, mañana o tarde en alguna biblioteca de las facultades de la UCM. En segundo lugar predominan las de Informática. También hay para archivos, aulas multimedia, cultura, oficinas e institutos varios. Yo estuve en biblioteca y mereció la pena, pero que nadie piense y se crea el mito de que se puede estudiar. Todo dependerá de qué biblioteca te toque. Una modalidad es la de Información de matrícula, en julio y septiembre.

*Idiomas

- Becas de cursos en lengua inglesa en países anglosajones (MEC): hay que ser becario del MEC para poder acceder a conseguirla. Se debe disfrutar durante el verano, habiendo un margen de cuatro o cinco meses para disfrutarla. El curso debe cumplir un mínimo, creo recordar, de 20 horas semanales, así como de tres semanas de duración. La cantidad de 2007 ha sido de 1.600 euros. Se han concedido más de 53.000 becas para toda España, algo que se supone un cambio brutal en comparación al formato anterior, es decir, hasta 2006 esa beca se obtenía teniendo un mínimo de nota de 7 puntos, y eran un total de 1.000 becas en total para inglés, francés y alemán. Estos dos últimos han permanecido con ese mismo formato, salvo el inglés, al que se le ha dado un impulso tremendo. Yo pasé mi beca de inglés en Cantebury todo el mes de agosto en la Stafford School House (British Council), permanecienod una semana más del mínimo. Había muchísimos españoles, como era lógico pensar ante la oferta del MEC ese año 2007. Para 2008 puede que se repita el formato. Empresas como Sheffield hicieron su "agosto" ofreciendo cual agencia de viajes todo ya organizado, avión, residencia y academia incluidas, haciéndose con los 1.600 de la beca a cambio del servicio. En algunos casos estaba bien contratarlo por ahí, pero yo me busqué la vida, reservé con antelación los billetes de avión con EasyJet, desde que supe que me la habían concedido, allá por abril, Madrid-London Gatwick, así como el tren con un transbordo. Al final las cuatro semanas me salieron solo un poco más caro que quienes fueron por agencia 3 semanas. Es menos cómodo, pero es lo que tiene haber hecho dos interrailes por Europa en verano (muy recomendable).

- Becas de cursos de francés o alemán en el extranjero (MEC): como se lee justo arriba, son 1.000 becas para universitarios becarios del MEC con ganas de aprender un de estos dos idiomas. El baremo es la nota media. Ver el BOE para más información.

- Becas de Inmersión Lingüística en Inglés (MEC): es 2008 el primer año en que se organiza por parte de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP) en colaboración directa con el MEC. Es también para becarios MEC justo los dos años anteriores. Consiste en la inmersión desde marzo a diciembre en una ciudad española (Madrid, Santander, Valencia, Sevilla, Granada, Tenerife, A Coruña, Cuenca) en lengua inglesa en grupos de cinco españoles con un profesor nativo, durante ocho horas diarias en residencia o colegio mayor, todos los gastos de comida y alojamientos incluidos. Para ello hay que pasar un test que selecciona el nivel en Intermedio 1, Intermedio 2 o Avanzado. Creo que eran 12.500 las becas. El dinero de la beca va íntegramente ingresado del MEC a la UIMP. Una vez confirmada la beca, se realiza el test on line desde la página de la UIMP. Luego, asignado el nivel, se eligen sedes y fechas, de 3 a 5 preferencias. Y luego se hace un ingreso de 100 euros en concepto de reserva de plaza. Esto es lo único que sepaga por el curso de cinco días. El desplazamiento lo paga el becario, eso sí. Pero es muy rentable a pesar de la poca duración, pero algo así en verano, por ejemplo, sale por más de 2.000 euros seguro, si hacemos cuentas. Yo ya tengo plaza y he elegido Santander, pues tiene que ser una delicia. Es en el Campus de las Llamas las clases y el alojamiento en las Caballerizas de la Magdalena. ¡Todo un lujo!

*Sócrates-Erasmus, Faro, Leonardo

- Becas Séneca: es el primo-hermano de la Erasmus, pero dentro de las fronteras españolas. Sirve para estudiar un año en otra universidad española, con una cantidad más que estimable. Actualmente lo desconozco, pero antes se situaba en torno a los 500-600 euros mensuales, mucho más que la Erasmus. El criterio de concesión supongo que será por nota media y currículum. No es muy solicitada por lo que no debe de haber problemas.

- Becas Erasmus (MEC): conocidísima beca para todo el mundo. Consiste en salir a un país europeo con el que tu universidad tiene convenio de 3 a 9 meses. Se trata de fomentar el intercambio cultural, el aprendizaje de una lengua extranjera así como complementar los estudios del alumno en una universidad diferente. Es un modo de abrir, de nuevo, fronteras en la Europa común. La cantidad, dicen, es irrisoria, pues ronda los 150-200 euros mensuales, si es que ese dinero llega al final de cada mes, si no es al final del Erasmus. Pero ahora hay varios organismos e instituciones que financian ese año fuera, como Caja Madrid, con 500 € mensuales si se es becario de MEC, o la beca de la Comunidad de Madrid para el Erasmus, que creo que se obtiene por nota media. En otras comunidades autónomas también hay ayudas de los ayuntamientos de las capitales o incluso del del pueblo o ciudad pequeña en que uno vive. Aparte de la contra económica, pues en el fondo es un año de gasto mantenido muchas veces por los padres, pues pocos son los que trabajan en el país de destino, hay que decir que académicamente es en general poco rentable, sobre todo si uno quiere mantener una media alta. Pero es cierto que hay españoles que también salen allende las fronteras porque hay universidades y países que facilitan el aprobado, o en las que no hay que hacer un examen, sino simplemente un trabajo. En España con los Erasmus pasan cosas parecidas, aunque todo depende de la Universidad, de la carrera, y cómo no, del profesor. Tienen buena fama los países nórdicos, pues dicen que al español se le trata a cuerpo de rey y tiene prestigio. No será así, creo, en el Reino Unido o Francia... Yo me quedé con las ganas de hacer 5º en Atenas, ahora hay más oportunidades que nunca, la verdad. Yo con el nuevlo sistema europeo haría Erasmus sin dudarlo pues además de aprender inglés y/o la lengua del país, aporta una gran experiencia personal, fiestas aparte, que también para el Currícuulum Vítae es importante. Ah, como anécdota que conste que España es el segundo país europeo que exporta más estudiantes Erasmus y el primero en recibir. En mi clase hemos tenido tres griegas y una italiana. De mi clase uno se fue a Nápoles. Lo mediterráneo tira, pero hay bastantes franceses y alemanes.

- Becas Eramus (CAM):
son las que ofrece la Comunidad de Madrid. El importe depende de los meses que se esté fuera de España y del nivel de renta familiar.

- Becas Eramus (Caja Madrid): el requisito para acceder a esta beca de la Fundación de Caja Madrid es ser beneficiario de la beca general o de movilidad del MEC. El importe es de 500 euros por cada mes de residencia en el extranjero. Tanto esta como la de la CAM es complatible con la Erasmus y también entre sí.

- Becas FARO:
se desarrolla dentro del marco del programa Leonardo da Vinci de la Comisión Europea, ofrece a los estudiantes de últimos cursos de todas las Universidades españolas la posibilidad de realizar un periodo de prácticas en una empresa europea. La duración media de las becas es de 6 meses. Para el estudiante representa un primer contacto con la realidad profesional de su sector en un contexto europeo, lo que le da un valor añadido a su CV facilitando así su inserción laboral al finalizar sus estudios. Para la empresa supone contar con un colaborador altamente cualificado, potenciar su relación con otros mercados y, finalmente, disponer de una herramienta excepcional de selección de recursos humanos. Las becas se conceden de forma continua hasta el final del proyecto, el 31 de mayo de 2008, fecha límite en que debe estar de regreso el último becario. Financiado por el Ministerio de Educación y Ciencia y por el programa Leonardo da Vinci de la Comisión Europea, la Fundación General de la Universidad de Valladolid promueve y gestiona el programa de Becas FARO. En las dos anteriores ediciones el programa de Becas FARO ha hecho posible que 931 estudiantes de 85 titulaciones diferentes desarrollaran una práctica en empresas de 25 países europeos.

- Becas Argo: prácticas en empresas europeas para licenciados.

Profesores españoles en el extranjero

- Auxiliares de Conversación españoles en el extranjero (MEC): salen todos los años por estas fechas y este la pido para ir a Francia o Inglaterra. Hay más países, entre ellos EE.UU, Canadá, Alemania, Italia, etc. Los requisitos son generales pero cada país impone sus particularidades. En ningún caso se llega a los 1000 euros como auxiliar, pero tengo dos amigas en Francia y para vivir como nativo en un país que no sea España, es una gran oportunidad. Creo que admiten estudiantes de último año en algunos países, como Francia. Van encaminadas sobre todo a recién licenciados.

- Profesores visitantes en EE.UU. y Canadá (MEC): la solicitud acaba el 30 de enero, así que hay que darse prisa. Están enfocadas a profesores funcionarios o interinos en España con una experiencia, en la mayoría de casos, de 3 años de docencia. Hay variedad de estados y ciudades. No he leído mucho la convocatoria al no poder solicitarla, pero ahí queda la noticia.

- Lectorados MAEC: becas como lectores de español en alguna universidad extranjera.

- MAEC AECID.


Becas predoctorales y de Postgrado

- Becas para Másteres Oficiales (MEC): se rigen según los bases del BOE de la Beca General. No incluye Máster títulos propios de las universidades, sino solo aquellos oficiales, es decir, aprobados por el Ministerio de Educación en consonancia con la adaptación al Espació Europeo de Educación Superior (EEES), procedente de Bolonia, y como dice un profesor mío, "el espectro de Bolonia". Cierto es que esto va a hacer que la Universidad pública española sea más economicista.

- Becas UCM de Iniciación a la Investigación: ha sido 2007 el primer año en la Complutense. Desconozco si se están ofreciendo en otras universidades españolas, pero intuyo que es algo cada vez más en boga. En este caso consiste en la colaboración con algún departamento en el que el estudiante, ya licenciado, de Doctorado o, ya en la mayoría de los casos, Máster Oficial, se introduzca por primera vez, o no, en la investigación, enfocado todo ello hacia una posible tesis a desarrollar ya con otra beca predoctoral, como se puede leer más abajo. La obtención de esta beca condiciona solicitar la predoctoral que convoca la UCM.

- Beca de Formación del Profesorado Universitario (FPU)

- Beca de Formación de Personal Investigador (FPI)

- Becas JAE del CSIC

- Becas UCM

- Becas CAM

Premios y certámenes

- Premios Nacionales de Terminación de Estudios Universitarios (MEC): esto son recompensas al trabajo de toda la carrera. Las Universidades también dan un premio similar pero sin solicitarlo. Se obtiene por nota media, la final, y en el caso de los de Filología Clásica se compite con los licenciados en filología árabe, eslava, vasca y catalana, creo recordar. Tengo dos amigos que la han obtenido este año. Hay primer premio, segundo, tercero y una mención de honor para cada rama de evaluación.

- Certamen Arquímedes (MEC): este certamen que ya empieza a ser conocido en los ambientes universitarios, consiste en la presentación de trabajos inéditos de investigación que puedan aportar datos interesantes, novedosos y útiles para el mundo científico en todas las vertientes de las ciencias, desde la tecnológica a las humanas, etc. Una amiga mía accedió a la final y obtuvo un áccesit. La defensa del proyecto o investigación se celebra en una universidad pública, este año la de Alcalá, durante tres días. Consultar la convocatoria para más información.

- Jóvenes Investigadores: dirigido a las personas jóvenes de nacionalidad española y todas aquellas legalmente establecidas en España, que se encuentren en edades comprendidas entre los 15 y los 20 años, cumplidos éstos durante el curso escolar a que afecte cada convocatoria y con las particularidades que se señalen en las respectivas convocatorias anuales del Certamen. Al Certamen se podrán presentar trabajos inéditos de investigaciones básicas o aplicadas, o prototipos relacionados con cualquiera de las áreas del currículo de enseñanzas medias o de las áreas científico-tecnológicas definidas en los planes de estudios universitarios. La convocatoria del Certamen se publicará anualmente. Dicha convocatoria, a partir de este año, se hará por el Ministerio de Educación y Ciencia a través de la Secretaría de Estado de Universidades e Investigación. En ella participarán, como todos los años, el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales a través de su organismo autónomo Instituto de la Juventud, contando con la colaboración destacada del Consejo Superior de Investigaciones Científicas.

Educación convoca 527 plazas para profesores de español en EE. UU. y Canadá

Fuente: Fundéu

Logo del Ministerio de Educación y Ciencia 14/01/2008
El Ministerio de Educación y Ciencia ha convocado 527 plazas para Profesores Visitantes españoles en Estados Unidos y Canadá, que ejercerán la docencia en escuelas de Enseñanza Primaria y Secundaria durante el curso 2008/2009.

El plazo para presentar las solicitudes concluirá el próximo 28 de enero.

Con este programa, maestros y profesores de Educación Secundaria, sean o no funcionarios, pueden concursar a los puestos docentes de esta convocatoria, lo que abre una vía de enriquecimiento profesional y personal que mejorará la calidad de enseñanza de los centros a los que en el futuro se reincorporen en España.

Según Educación, el programa también tiene un efecto positivo en la enseñanza de la lengua española que se imparte a los alumnos estadounidenses y canadienses que, en creciente número, optan por ella como segundo idioma o primera lengua extranjera.

La convocatoria afecta a los centros donde se imparte el español como lengua extranjera y a los colegios de Primaria y Secundaria con programas de enseñanza bilingüe y de inmersión lingüística, en los que el profesor deberá impartir las asignaturas curriculares propias del sistema educativo del estado o provincia correspondiente.

Tanto el número de plazas que, con carácter provisional, asciende a 527, como los estados participantes, pueden sufrir variaciones en función de la planificación que las autoridades educativas de Estados Unidos y Canadá realicen del curso escolar 2008-2009.

Para concurrir a las plazas los candidatos deben tener nacionalidad española y dominar el idioma inglés oral y escrito.

Además deben de estar en posesión de alguna de las siguientes titulaciones: Título de Licenciado (con el CAP); Título de Maestro o, en el caso de títulos extranjeros, adjuntando la homologación correspondiente a la titulación española, efectuada por el Ministerio de Educación y Ciencia. (Efe)

12/01/08

Curso de invierno

Fuente: UCM

CURSO DE INVIERNO
Del 8 de enero al 14 de marzo de 2008
Coordinadora: Alicia Puigvert Ocal
ceextucm@filol.ucm.es

Profesorado

  • Licenciados/Doctores.
  • Máster o Expertos en español como lengua extranjera (ELE).

Niveles

Las enseñanzas se impartirán en los niveles del Marco común europeo de referencia para las lenguas: A1 Iniciación, A2 Básico, B1 Intermedio, B2 Avanzado, C1 Superior y C2 Perfeccionamiento, según los conocimientos de español que tengan los alumnos. Para ello el primer día de clase se harán unas pruebas clasificatorias tanto orales como escritas.

Clases

Las clases se desarrollarán por la tarde (de 15:00 a 18:00 horas) de lunes a viernes.

Las materias que se imparten, según programa establecido en razón de la dificultad del nivel, son las siguientes:

I. Módulo de Lengua Española

  • Gramática de la Lengua Española: Teoría y Práctica (cuatro horas y media por semana).
  • Prácticas de Lengua Española: Refuerzo de vocabulario, ortografía y gramática (cuatro horas y media por semana).
  • Comprensión y expresión escritas: Análisis y comentarios de textos, redacción... (tres horas por semana).
  • Comprensión auditiva y expresión oral: Situaciones comunicativas, dramatizaciones, disertaciones...(tres horas por semana).

A continuación se desarrollará el Módulo de conferencias de Cultura Española.

II. Módulo de Cultura Española

II. - 1. De 18:00 a 21:00 horas se celebrarán distintos ciclos de conferencias sobre temas culturales hispánicos. Estos ciclos, que son de asistencia voluntaria, se dirigen fundamentalmente a los alumnos de los niveles más avanzados. Cada uno de ellos consta de diez horas lectivas y cada día se ofrecen dos o tres conferencias para que el alumno asista a la que sea de su interés, entre las siguientes:

  • Literatura Española en el Siglo de Oro
  • De la Escuela de Toledo a la Escuela de Salamanca
  • La España de los años ochenta. Modernización económica y social y consolidación de la democracia
  • El gran siglo de la pintura española
  • La "Nueva novela" hispanoamericana
  • El pasado y el presente en el cine español
  • El siglo XIX y el siglo XX (I) en la historia de España
  • Taller de teatro (número de alumnos limitado)
  • Introducción al baile flamenco (número de alumnos limitado)
  • El español de las finanzas
  • Estudio del pensamiento español en la Guerra civil española
  • El folclore español en la música y la literatura del Renacimiento

Los estudiantes que deseen obtener créditos por las conferencias, deberán asistir obligatoriamente a tres de ellas y realizar un examen o trabajo.

II. - 2. Curso de Historia y Cultura de España. La asistencia es voluntaria.

Está diseñado para alumnos de los niveles de Iniciación (A1 y A2) e Intermedio (B1). Su duración es de 30 horas y se impartirá tres días por semana, de 18 a 19’30 horas.

Este curso se apoya en materiales audiovisuales para acercar al estudiante el conocimiento de distintos aspectos de la realidad, de la cultura y de la sociedad de España. Encamina las tareas a la ampliación del vocabulario que permitirá al estudiante una mejor comprensión de la lengua hablada y, al mismo tiempo, le capacita para una cada vez mayor autonomía expresiva.

Los estudiantes que deseen obtener créditos por las conferencias, deberán asistir obligatoriamente a tres de ellas y realizar un examen o trabajo.

Actividades Culturales

A lo largo del curso el alumno podrá participar en diversas actividades culturales: conferencias, proyecciones de cine, asistencia a teatros, a exposiciones, y hacer excursiones guiadas por un profesor o especialista a lugares de singular interés histórico y/o artístico, visitas guiadas por Madrid y sus alrededores, etc.

* Los gastos de estas actividades se abonarán independientemente de la matrícula.

Calificaciones

1- Todos los alumnos que hayan aprobado todas las asignaturas sobradamente podrán obtener el Diploma – Certificado de Lengua Española y recibirán créditos (1 crédito = 10 horas de asistencia).

2- Para los alumnos que lo hayan solicitado al principio de curso, se utilizara como referencia en sus calificaciones el sistema ECTS.

Estos créditos ECTS no tienen reconocimiento efectivo en ningún plan de estudios oficial; pero, como referencia para los estudiantes de los Cursos de Español para Extranjeros, el cálculo de sus calificaciones se hará teniendo en cuenta que cada crédito ECTS equivale a 25 horas de trabajo realizado.

Carnet de estudiante

El carnet de estudiante se entregará a los alumnos en el momento de su inscripción y les permitirá obtener las mismas ventajas y derechos que los estudiantes universitarios españoles en la utilización de bibliotecas, instalaciones deportivas y acceso a actividades culturales.

Diccionario de ELE. Centro Virtual Cervantes

Fuente: Centro Virtual Cervantes

Aquí dejo este diccionario útil para que pueda llegar a más destinatarios y no solo se quede en una página web. Merece la pena juzgarlo, pues tengo entendido que no son principiantes quienes lo redactan y llevan adelante. Irá aumentando y lo iré renovando también aquí. Empiecen a leer, pues.

Este listado de términos permite conocer el plan general de la obra y acceder a las entradas que ya están publicadas. El índice está formado por más de seiscientos términos, de los cuales 381 tienen entrada propia y el resto son o sinónimos, siglas, o términos en inglés que remiten al término aceptado correspondiente o bien términos relacionados que se tratan en una única entrada. Las remisiones se realizan mediante el símbolo.

A B C D E F G H I J K L M N O P R S T U V Z

A
Acontecimiento comunicativo > Evento comunicativo
Actitud
Actividad capacitadora > Actividad posibilitadora
Actividad comunicativa
Actividad de aprendizaje
Actividad de práctica controlada
Actividad de práctica libre > Actividad de práctica controlada
Actividad preparatoria > Actividad posibilitadora
Actividad posibilitadora
Acto de habla
Acto de habla indirecto > Acto de habla
Acto ilocutivo > Acto de habla
Acto locutivo > Acto de habla
Acto perlocutivo > Acto de habla
Aculturación
Adecuación
Adquisición de segundas lenguas
Aducto
Agente de la evaluación
Alternancia de código
Análisis contrastivo
Análisis conversacional > Análisis de la conversación
Análisis del discurso
Análisis de errores
Análisis de ítemes
Análisis de la conversación
Análisis de necesidades
Andamiaje
Aprender a aprender
Aprendiente
Aprendizaje cooperativo de idiomas > Aprendizaje en cooperación
Aprendizaje de la lengua asistido por ordenador
Aprendizaje de la lengua en comunidad
Aprendizaje de segundas lenguas
Aprendizaje de segundas lenguas mediante el estudio de materias
Aprendizaje deductivo
Aprendizaje en cooperación
Aprendizaje inductivo
Aprendizaje mecanicista
Aprendizaje memorístico
Aprendizaje significativo
Apropiación de datos > Aducto
Aptitud
Argumentación
ASL > Adquisición de segundas lenguas
Atención a la forma
Atención al sentido > Atención al significado
Atención al significado
Atención bifocalizada
Aula
Autenticidad
Autoevaluación > Evaluación
Autoimagen
Autonomía en el aprendizaje

SubirB
Bilingüismo individual
Bilingüismo social
Bottom up > Procesamiento desde abajo
Brainstorming > Lluvia de ideas
Built-in-syllabus > Programa interno
Buen aprendiente de lenguas

SubirC
CALL > Enseñanza asistida por ordenador
Capacidad de adquisición del lenguaje > Dispositivo de adquisición del lenguaje
Centro de autoaprendizaje
Choque cultural
Cinética > Cinésica
Cinésica
Cloze > Prueba cloze
Code swithcing
> Alternancia de código
Cognitivismo
Coherencia
Cohesión
Comento >
Tema - rema
Community Language Learning > Aprendizaje de la lengua en comunidad
Competencia comunicativa
Competencia discursiva
Competencia estratégica
Competencia gramatical
Competencia intercultural
Competencia lingüística > Competencia gramatical
Competencia pragmática
Competencia plurilingüe > Enfoque plurilingüe
Competencia sociocultural
Competencia sociolingüística
Competencia textual > Competencia discursiva
Comprensión auditiva
Comprensión escrita > Comprensión lectora
Comprensión lectora
Comprensión oral > Comprensión auditiva
Computer Assisted Language Learning > Enseñanza asistida por ordenador
Comunicación
Comunicación intercultural
Comunicación no verbal
Comunidad de habla
Conciencia lingüística
Conciencia metalingüística > Conciencia lingüística
Conductismo
Conector discursivo
Conexión
Conflicto cognitivo
Conocimiento consciente > Conocimiento lingüístico
Conocimiento declarativo > Conocimiento lingüístico
Conocimiento del mundo
Conocimiento enciclopédico > Conocimiento del mundo
Conocimiento explícito > Conocimiento lingüístico
Conocimiento implícito > Conocimiento lingüístico
Conocimiento inconsciente > Conocimiento lingüístico
Conocimiento instrumental > Conocimiento lingüístico
Conocimiento lingüístico
Conocimientos previos
Constructivismo
Contenidos
Content Based Language Learning > Aprendizaje de segundas lenguas mediante el estudio de materias
Contexto cognitivo > Contexto discursivo
Contexto comunicativo > Contexto discursivo
Contexto de aprendizaje
Contexto discursivo
Contexto escolar > Contexto de aprendizaje
Contexto formal > Contexto de aprendizaje
Contexto natural > Contexto de aprendizaje
Conversación
Conversación exolingüe > Conversación
Conversación interaccional > Conversación
Conversación transaccional > Conversación
Cooperación > Principio de cooperación
Corrección de errores
Corrección
Cortesía
Currículo
Currículo abierto > Currículo centrado en el alumno
Currículo centrado en el alumno
Currículo de medios-fines > Currículo centrado en el alumno
Currículo lineal > Currículo centrado en el alumno
Currículum > Currículo

SubirD
DAL > Dispositivo de adquisición del lenguaje
Deculturación > Aculturación
Deíctico > Deíxis
Deíxis
DELE
Densidad léxica
Dependencia de campo
Descripción > Texto descriptivo
Desde abajo > Procesamiento desde abajo
Desde arriba > Procesamiento desde arriba
Destinatario > Interlocutores
Destrezas de aprendizaje > Estrategias de aprendizaje
Destrezas integradas > Integración de destrezas
Destrezas lingüísticas
Destrezas productivas > Destrezas lingüísticas
Destrezas receptivas > Destrezas lingüísticas
Diálogo
Diario de aprendizaje
Dictado
Diglosia
Diploma de Español como Lengua Extranjera > DELE
Discriminación auditiva
Discurso
Discurso aportado > Discurso de aula
Discurso de aula
Discurso generado > Discurso de aula
Discurso modificado
Diseño curricular > Currículo
Diseño de programas
Dispositivo de adquisición del lenguaje
Distancia lingüística
Distancia psicológica
Distancia social
Drill > Repetición mecánica

SubirE
Edad
Educto
Ejercicio de pares mínimos
Ejercicio de sustitución
Ejercicio de transformación
Ejercicio estructural
ELE
Emisor > Interlocutores
Enfoque
Enfoque auditivo oral > Enfoque oral
Enfoque centrado en el alumno
Enfoque centrado en el proceso
Enfoque centrado en el producto
Enfoque comunicativo
Enfoque de la cultura extranjera > Enfoques culturales
Enfoque del código cognitivo
Enfoque humanístico
Enfoque integral
Enfoque intercultural > Enfoques culturales
Enfoque multicultural > Enfoques culturales
Enfoque natural
Enfoque oral
Enfoque por tareas
Enfoque plurilingüe
Enfoque sintético > Procedimiento sintético
Enfoque situacional > Enseñanza situacional de la lengua
Enfoque transcultural > Enfoques culturales
Enfoques culturales
Enseñanza a distancia
Enseñanza asistida por ordenador
Enseñanza bilingüe
Enseñanza centrada en el alumno > Enfoque centrado en el alumno
Enseñanza centrada en el proceso > Enfoque centrado en el proceso
Enseñanza centrada en el producto > Enfoque centrado en el producto
Enseñanza comunicativa de la lengua > Enfoque comunicativo
Enseñanza de la lengua para fines específicos
Enseñanza de segundas lenguas
Enseñanza individualizada
Enseñanza situacional de la lengua
Enunciación
Enunciado
Enunciador > Enunciado
Enunciatario > Enunciado
Error
Error evolutivo > Estadios sucesivos
Error fosilizado > Fosilización
Error pragmático
Error transitorio > Estadios sucesivos
Esquemas de conocimiento >
Marcos de conocimiento
Estadios sucesivos
Estilo cognitivo
Estilo de aprendizaje
Estrategias comunicativas
Estrategias cognitivas
Estrategias de aprendizaje
Estrategias de compensación > Estrategias comunicativas
Estrategias de evitación > Estrategias comunicativas
Estrategias metacognitivas
Estrategias socioafectivas
Estructuras textuales
Etnografía de la comunicación
Evaluación
Evaluación continua > Función de la evaluación
Evaluación del currículo
Evaluación de materiales > Evaluación del currículo
Evaluación de programas > Evaluación del currículo
Evaluación final > Función de la evaluación
Evaluación formativa > Función de la evaluación
Evaluación inicial > Función de la evaluación
Evaluación sumativa > Función de la evaluación
Evento comunicativo
Examen
Explicación > Texto explicativo
Exponentes lingüísticos
Expresión escrita
Expresión oral
Extralingüístico > Comunicación no verbal

SubirF
Factores de aprendizaje
Falso principiante
Falsos amigos
Fase de práctica > Secuencia didáctica
Fase de presentación > Secuencia didáctica
Fase de producción > Secuencia didáctica
Fase de repetición > Secuencia didáctica
Fase de transferencia > Secuencia didáctica
Feedback > Retroalimentación
Fiabilidad
Fines del currículo > Objetivos
Foco > Tema - rema
Fluidez > Corrección
Fosilización
Frame >
Marcos de conocimiento
Función comunicativa del lenguaje
Funciones de la lengua >
Funciones del lenguaje
Funciones del lenguaje
Función conativa >
Funciones del lenguaje
Función de la evaluación
Función emotiva >
Funciones del lenguaje
Función fática >
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02/01/08

Menandro y la Comedia Nueva

Fuente: Liceus


Carmen Morenilla Talens

Universitat de València

ISBN- 84-9714-


THESAURUS: Comedia Nueva, comedia costumbrista, comedia latina, perfección argumental, personajes-tipo, Aristófanes, Dífilo, Filemón, Apolodoro de Caristos, pervivencia.

Menandro viene siendo considerado tradicionalmente el comediógrafo griego más importante después de Aristófanes y el máximo representante de la llamada Comedia Nueva. De su vida es bien poco lo que puede decirse y hasta hace unos decenios era poco lo que podía decirse de sus obras. Al parecer, nace de Diopites y Hegéstrata en el demo Cefisia (NE de Atenas) probablemente el 342/1 y muere el 292/1 ó 291/0[1]. El contenido y tono filosófico de sus obras ha provocado numerosas reflexiones sobre su formación y amistades, de lo que hay pocos datos[2]. En todo caso queda clara su amplia y basta cultura, como corresponde a un hombre de buena posición de época helenística y que estuvo cerca de personas que detentaron el poder[3]. A lo largo de sus 51 ó 52 años escribió más de cien obras, de las que sólo ocho recibieron premio[4], a pesar de lo cual tras su muerte fue considerado un clásico hasta el punto de que en opinión de Aristófanes de Bizancio era el segundo autor sólo superado por Homero. Pero esta valoración positiva no aseguró la transmisión de sus obras: a principios del siglo XX sólo se conservaban sus sentencias[5]. Gracias a los hallazgos papirológicos hoy podemos leer, aparte de las recreaciones de la comedia palliata[6], una obra completa, Arisco (Dyskolos)[7], y seis casi completas, Arbitraje, Detestado, Escudo, Rapada, Samia, Sicionio (Epitrépontes, Misoúmenos, Aspís, Perikeiroméne, Samia, Sicyonios[8]), y escenas de 18. A partir de todo este material ya puede valorarse su dramaturgia, incluso su evolución, pues las obras que conservamos pertenecen a épocas distintas, sin que se pueda precisar con exactitud las fechas de representación. Gracias a todo ello podemos también conocer mejor la influencia que ejerció sobre la comedia romana y a través de ella sobre la comedia moderna[9].

1.- Valoración y transmisión de la obra de Menandro.

Hablar de transmisión es hablar fundamentalmente de valoración de una obra o autor, pues de ella dependía también la conservación. Esa valoración puede tener bases distintas, que pueden ser de índole conceptual o formal[10]. Así, en el caso de Aristófanes, con independencia del aprecio que en cada momento se le tuviera como comediógrafo, fue decisivo que su lengua fuera considerada el ático puro, por lo que sus comedias se convirtieron en modelo lingüístico del movimiento restaurador del ático clásico y por ello se copiaron para su uso escolar[11]. A ello debemos el haber conservado un corpus considerable de su producción, aproximadamente un 25 %. Pero éste no fue el caso de Menandro.

Las comedias de Menandro, aunque no fueron especialmente valoradas en el momento de su representación[12], sabemos que tras su muerte fueron muy apreciadas y pronto consideradas clásicas, sabemos que Menandro fue el autor predilecto de la Comedia Nueva desde el siglo III a.n.e. al V, incluso hay testimonios de que era leído y estudiado a mediados del siglo VII, de modo que en muchos aspectos vino a jugar un papel similar al de los poemas homéricos, como prueban testimonios de tipo arqueológico, el número de papiros e inscripciones, etc. No sólo fue apreciado por sus cualidades de comediógrafo: su griego relativamente fácil, el rechazo a la invectiva y en general a las obscenidades habituales en la Comedia Antigua y el carácter moralista de sus planteamientos le hacían especialmente indicado para los primeros niveles de la enseñanza tanto para griegos como para romanos[13]. Esta presencia en los grados elementales de la enseñanza le privó de los comentarios que se realizaron de las obras utilizadas en la formación superior, lo que hubiera podido ser motivo de aprecio por parte de los eruditos bizantinos y haber asegurado la copia de sus obras. A ello debemos añadir el que su ático del siglo IV a.n.e. se considerase contaminado por la koiné, razón por la cual no soportó el juicio de los aticistas[14]. Lo que de él se conservó fue la crestomatía de sentencias, en la que se creía recoger lo esencial de la sabiduría de Menandro, que de este modo pasaba a ser valorado más como pensador y filósofo que como comediógrafo. Hasta principios del siglo XX se producía la paradoja de que el autor que Aristófanes de Bizancio sólo hacía preceder por Homero, sólo era conocido por sus sentencias, tres pequeños fragmentos de Arbitraje y Aparición (Phásma) e indirectamente por las reelaboraciones de la comedia palliata.

Esta era la situación hasta que en 1905 G. Lefebvre presenta el Papiro Cairensis 43227, un tercio del cual está en buen estado. Contiene este papiro la mitad de Arbitraje, dos quintas partes de Rapada y de Samia, y otros pequeños fragmentos, que fueron editados por su descubridor en 1911. Y en 1959 publica V. Martin Arisco, comedia casi íntegra, procedente de un códice adquirido por M. Bodmer que también contiene, aunque incompletas, Samia y Escudo, publicadas en 1969 por R. Kassel y C.F.L. Austin... A estos hallazgos se han ido sumando otros, aunque de menor importancia, y otras ediciones, algunas con excelentes comentarios, y se ha generado una considerable investigación sobre el texto[15]. Incluso tenemos la suerte de que se encontrara un fragmento de una comedia, Doble engaño (Dìs exapatôn), de la que se había servido Plauto para su Bacchides, lo que ha permitido conocer mejor el método creativo de los autores de palliata[16].

2.- Aristófanes y Menandro

2.1.- Aristófanes vs Menandro

Del mismo modo que para nosotros Aristófanes es el máximo exponente de la Comedia Antigua, también Menandro lo es con respecto a la Comedia Nueva[17]. Aristófanes es a gran distancia el autor mejor representado de la Comedia Antigua, pero sabemos que no era el único exponente de ese género ni que siempre fuera considerado el mejor por su público. Sabemos incluso que no representa en realidad la totalidad de la Comedia Antigua, sino un tipo específico, la Comedia Política, que dominó los escenarios atenienses en el momento de mayor ebullición democrática[18]; antes, durante y después de esa floración existió otro tipo de comedia, temporalmente oscurecida por el fragor de la lucha política, la Comedia Mitológico-costumbrista, que enraizaba directamente con el origen de la comedia y que ha sido la línea que, transformada por causas e influencias diversas, se ha mantenido hasta el presente.

Lo mismo sucede con Menandro: nosotros ahora, en los inicios del siglo XXI, sólo de él conservamos la suficiente cantidad de texto para poder hacernos una idea de su dramaturgia, pero sabemos que el siglo IV a.n.e. fue muy prolífico en autores y obras, que Menandro no fue especialmente apreciado por sus contemporáneos, y también algo sabemos de los restantes autores de Comedia Nueva, de Dífilo, Filemón, Apolodoro de Caristos..., a partir de las recreaciones de Plauto y Terencio y de los fragmentos conservados, aunque éstos sean más bien escasos y breves. Aristófanes y Menandro son, pues, los máximos exponentes de la comedia griega, cuya valoración comparada nos ayuda a conocerlos mejor, a ellos y a la comedia en general, algo que empezó a hacerse muy pronto, como muestra Comparación de Aristófanes y Menandro de Plutarco, una excelente fuente de información sobre la recepción de ambos autores en época posterior[19].

2.2.- De Aristófanes a Menandro

Aunque ambos pertenecen al mismo género[20], son muchas las diferencias entre sus obras tanto en lo que hace a la forma como al contenido, debidas a factores intrínsecos, relativos al desarrollo del género, y extrínsecos, los cambios a los que se ve sometida la sociedad griega en el tiempo que media entre ambos autores, unos cambios que motivaron la transformación del género y de toda la cultura en general[21], pero en los que no podemos entrar aquí. Sólo podemos señalar que los diversos cambios socio-políticos que provoca la desaparición de la polis y la incorporación de nuevas tierras al mundo griego van poniendo las bases de una cultura cosmopolita, a la vez que se produce una sensación de desarraigo y se generan convulsiones sociales, de las que puede verse el reflejo en la literatura. El desarrollo industrial y la mejora de las comunicaciones facilitan el intercambio de productos y personas, pero también generan un progresivo aumento de las diferencias entre asalariados y grandes propietarios; la formación de grandes centros urbanos acentúan estas diferencias. La aglomeración de personas procedentes de lugares diversos en grandes urbes potencia un aumento de la comprensión hacia sus culturas, o simple tolerancia ante la diferencia, pero también acarrea tensiones sociales por el aumento de masas empobrecidas que acuden a las urbes en busca medios de subsistencia[22]. Y de ello se ve reflejo también en la Comedia Nueva, claro exponente de una literatura en la que bajo argumentos amables se entrevén los problemas sociales de capas amplias de la población.

En este contexto triunfan géneros en los que la evasión y el entretenimiento son componentes fundamentales y que vuelven la vista a los conflictos individuales, más que a los sociales[23]. El retraimiento del ciudadano de los asuntos públicos, a los que se dedica una clase ya claramente profesionalizada[24], la incapacidad real de actuar sobre la situación política, cuando no un explicable desinterés, da lugar a que se dirija la mirada hacia asuntos privados, aunque tras ellos a veces podemos ver una crítica a una situación o el apuntar una vía de solución a problemas sociales. Ya Aristófanes en su momento había ido abandonando la Comedia Política en una situación de crisis de la polis y tendía a un tratamiento más general de los asuntos, llevando a las comedias una utopía política, lo que con el tiempo le acercó a la Comedia Mitológico-costumbrista.

Con la reducción de temas de la Comedia Nueva se produce la consiguiente de personajes, que se circunscriben a la vida familiar; desaparece la sátira e invectiva personal, proceso que ya se hizo evidente en las últimas comedias de Aristófanes; y sobre todo se va produciendo un constante predominio del tratamiento realista de los temas en el sentido aristotélico[25], sin aquellos elementos fantásticos característicos de la Comedia Antigua, como la pretensión de crear una ciudad en las nubes o llegar al Olimpo montado en un escarabajo gigante, lo que hace innecesario el uso de la maquinaria escénica que con tanta frecuencia había usado Aristófanes. A la par se va perfeccionando la trabazón argumental, se van creando argumentos más verosímiles y mejor justificados, y se profundiza en el carácter de los personajes. De lo poco que podemos saber del período que media entre ambos comediógrafos[26], se deduce un abandono progresivo de los temas mitológicos en beneficio de una comedia de ambiente cotidiano en la que se observa la predilección del público por las tramas complejas de las tragedias de Eurípides.

La influencia de Eurípides es muy profunda[27]: no sólo se produce en los temas y estructuras argumentales, sino que también hay referencias a motivos y personajes concretos. Tanto en Eurípides como en los comediógrafos las peripecias responden al deseo de los autores de plasmar los cambios y convulsiones de la época y al gusto del público por lo novelesco: separaciones y reencuentros inesperados, nacimientos de niños ilegítimos, obstáculos e intrigas en la consecución del amor entre jóvenes, sentimiento éste que cobra ahora un relieve especial por razones literarias y filosóficas.

Un cambio importante, del que se ha hecho responsable tanto al desarrollo propio del género como a la nueva situación socio-política, es la desaparición efectiva del papel del coro, que ya se da en las últimas comedias de Aristófanes; en Menandro ya ha quedado relegado al papel de interludios entre actos, que no son recogidos por los manuscritos, probablemente sin relación con el argumento de la obra[28].

3.- Menandro, autor de época helenística.

Para la correcta valoración de Menandro es fundamental revisar las opiniones tradicionales sobre los períodos postclásicos, con excesiva frecuencia aún hoy considerados epigonales, decadentes, opinión que impide ver que realmente se trata de épocas nuevas, con nuevas condiciones socio-económicas y nuevos productos literarios que mantienen y cambian a la vez la tradición. Hace ya tiempo que se tiene conciencia de la existencia del helenismo como período cultural de pleno sentido con características distintas al clásico, pero tan productivo como aquél, desde que, a finales del siglo XIX, se empezó a insistir, sobre todo en Alemania, en la necesidad de una valoración distinta, a partir en especial de los escritos de G. Droysen que conllevan en realidad el descubrimiento de la época helenística[1]. Aún así es fácil encontrar hoy en trabajos diversos restos del antiguo menosprecio.

Menandro vive en épocas de profundos cambios políticos. Recordemos sólo algunas fechas y sucesos significativos: en 338, en la batalla de Queronea, los griegos pierden su independencia frente a Filipo de Macedonia y a partir de la muerte de Alejandro en 323 se suceden las luchas por el control del poder, contexto en el que Atenas intenta reconquistar su independencia, pero es derrotada y Demetrio Falereo nombrado epimeletés (317-307), hasta que Antígono proclama la libertad de la ciudad y el Falereo tiene que huir, quedando sus amigos y seguidores en situación delicada, entre ellos Menandro. Se trata, por lo tanto, de una época de inestabilidad política que provoca o agudiza cambios sociales y económicos que eran consecuencia de sucesos anteriores (Guerra del Peloponeso y sus consecuencias, imperialismo ateniense, ampliación del marco geográfico de acción, etc.), con un considerable aumento de la diferencia entre las clases y del contraste entre el campo y la ciudad; se deteriora el entramado comunitario, lo que comporta la falta de mecanismos contra los abusos y el consiguiente aumento de la inseguridad. Todos estos factores están presentes en las comedias de Menandro, en las que la temática muestra el predominio de la dimensión particular del individuo frente a la comunitaria del ciudadano y la estructura cerrada de la trama, en la que se recompone un orden que en apariencia se había roto, con un final feliz en el seno de la estructura que se quiere reforzar, en la familia. Todo ello es reflejo de un sistema en el que, frente a los cambios socio-políticos, las clases dominantes intentan mantener un determinado orden que ha sido puesto en cuestión por las transformaciones de todo tipo y por la pérdida de los valores anteriores; el enfrentamiento a ese sistema cerrado motiva que el individuo se sienta anonadado, confuso, en una aporía de la que le sacan otros personajes.

En esa nueva sociedad la incorporación a la estructura macropolítica de nuevos territorios con gentes de otras razas y culturas provoca el surgimiento de un cierto ecumenismo; el uso de una lengua común de cultura y administración facilitó el conocimiento de estos pueblos a la vez que acentuó la influencia de una corriente de pensamiento, ya presente en el siglo V a.n.e., que reconoce el valor de la sabiduría de ciertos pueblos bárbaros[2]. No debe extrañarnos por ello el encontrar desarrollado en Menandro un fenómeno ya presente en Eurípides en la forma de una visión crítica de los valores defendidos por los griegos frente a los bárbaros[3]: Menandro en ocasiones saca a escena bárbaros que muestran la vileza y mezquindad de algunas costumbres y actuaciones de los griegos e insiste en la necesidad de adoptar una noción más amplia del concepto de solidaridad que abarque a todo el género humano[4].

En este contexto escribe Menandro la que ha sido considerada simple comedia burguesa, amable y elegante, pensada para las capas media y alta de la sociedad y sin apenas reflejos de las graves tensiones sociales; pero progresivamente se va imponiendo un modo nuevo de leer a Menandro que saca a la luz estrechas relaciones con los problemas contemporáneos, como las obras de Aristófanes, pero de modo distinto: mientras la Comedia Política trata de personas o asuntos concretos que preocupan en ese momento a los ciudadanos de Atenas o da forma de comedia a una utopía política (reflejo de las reflexiones de sus coetáneos sobre la crisis del sistema político), la comedia de Menandro, como la tragedia, trata de los problemas contemporáneos del ser humano y de las probables vías de solución, que, para un hombre como Menandro, están en la solidaridad y la comunicación humana por encima de las barreras sociales y económicas. La comedia de Menandro, por lo tanto, es un espacio para la consideración crítica de la sociedad en una situación de fuertes tensiones en un formato amable y en consecuencia atractivo y efectivo.

3.1.- Temas y tratamiento argumental

Los protagonistas de la Comedia Nueva pertenecen a una minoría de buena posición económica y los argumentos están llenos de situaciones insólitas, complejas tramas con raptos, separaciones y reencuentros, violaciones y nacimiento de niños ilegítimos, y sobre todo el obligado final feliz[5]. Si a pesar de ello Cicerón afirma que esta comedia es imitación de la vida y espejo de costumbres[6], es porque en su opinión el comediógrafo crea en los personajes modos de comportamiento que remiten a un modo de comportamiento general humano, lo que hace que la comedia sea un elemento importante en la educación y en la formación de la moral. Los personajes son personas particulares, presentadas en su vida privada, lo que refuerza la tendencia al individualismo, y el argumento se desarrolla según la lógica interna de los acontecimientos y las reacciones esperables de los personajes según el comportamiento habitual. Y el motor del argumento es el amor entre jóvenes, como señala Ovidio[7], y las dificultades con las que se enfrentan para su disfrute, un tema que se ajusta perfectamente a los intereses del dramaturgo de la época: aparte de los protagonistas permite presentar una amplia constelación de personajes de ambos sexos (padres y madres, ayudantes y contrincantes, criados, etc.), de modo que la obra se enriquece con diversas relaciones sociales y personales; el escenario de la acción remite a la vida cotidiana del espectador, a las ocupaciones y preocupaciones domésticas, permitiendo el reconocimiento de los asuntos planteados; posibilita la subsanación del desequilibrio en la estructura social que el amor en apariencia ha provocado[8]. Pero Menandro lo utiliza también para deslizar críticas sobre determinados comportamientos sociales.

Con todo, la tendencia generalizada al realismo y la convencionalidad en la comedia no debe llevar a pensar que el tratamiento del amor coincida con las prácticas sociales: se trata de un tema muy formalizado, de larga tradición literaria en cuya transformación han jugado un papel importante las reflexiones filosófico-políticas. Esos cambios son la causa de que no haya en Menandro relaciones homoeróticas y la relación tienda progresivamente a establecerse entre dos jóvenes que desean contraer matrimonio, o que se han visto separados por causas diversas. Este novedoso planteamiento, que va parejo a la formalización de unos nuevos tópicos eróticos[9], es reflejo de cambios sociales que se están produciendo en la estructura de la familia y de las reflexiones que provocan: frente a la idealización de la relación homoerótica masculina de etapas precedentes, ahora se produce una progresiva idealización de la relación matrimonial, que es vista como la solución ideal al problema que plantea la atracción erótica; el motivo inicial es el enamoramiento del protagonista masculino, joven y carente de iniciativa, sin que se tenga en cuenta los deseos de la parte femenina, en lo que la comedia está reflejando las circunstancias sociales, en las que la mujer sigue sin tener presencia pública (salvo en determinadas situaciones especiales) ni opinión en cuestiones privadas.

La tendencia al realismo se combina con la formalización de algo que en Aristóteles no deja de ser más que un consejo, no una norma, y que pasado el tiempo formará parte de la llamada preceptiva aristotélica, las unidades de tiempo y espacio: la acción se desarrolla en un espacio público al que desembocan caminos o calles y dos o tres edificios y al que se sacan acciones privadas; la acción dramática se produce en el espacio de un día, rara vez incluye la noche anterior. El argumento se estructura en cinco actos marcados por interludios musicales, que son interpretados por un coro que ya no forma parte de la obra, aunque a veces se justifica su entrada, como en Arisco se justifica con la llegada del cortejo de participantes en una fiesta dedicada a Pan. Pero el desarrollo argumental no coincide con los actos, sino que se crean relaciones entre actos para reforzar la unidad de la obra. No existe ya la estructura altamente formalizada de la Comedia Antigua, en la que se mantenían elementos de carácter ritual y con algunas partes tan ajenas a nuestras convenciones como la parábasis[10]; sin embargo, la Comedia Nueva mantiene la posibilidad de romper la linealidad del discurso y la ilusión dramática, como efectivamente hace en monólogos de todo tipo o apartes que los personajes dirigen al público, o saca a escena un personaje prologuista que da la información imprescindible sobre el argumento para que la obra arranque a la par que crea, dentro de esa exigencia de realismo siempre presente, el necesario distanciamiento que refuerza el carácter teatral de lo que se va a ver.

En este marco estructural y temático se combinan motivos típicos que aparecen no sólo en comediógrafos posteriores, también en otros géneros, como la novela. Motivos como el obstáculo inicial para la boda, provocado por los padres o por otros impedimentos legales debidos al status de no ciudadana de la joven, esclava o no, y la consiguiente subsanación del obstáculo, con frecuencia mediante anagnórisis, el reconocimiento (de la joven protagonista en Rapada, del hijo fruto de la violación en Arbitraje etc.)[11]; la fiesta como el lugar donde se conocen los protagonistas y la muchacha es violada (Arbitraje y Samis); el falso entierro, como en Escudo, donde se finge una muerte para forzar la ruptura de un compromiso matrimonial, en lo que se sigue el motivo de Helena de Eurípides; la oposición del campo frente a la ciudad, que Menandro mostrará que sólo es una oposición en apariencia, por ejemplo en Arisco, representada en la enemistad inicial entre los jóvenes Gorgias/Sóstrato, dos figuras con características antagónicas que les predisponen al enfrentamiento, del que surgirá la amistad; y el azar, porque el verdadero actante de la obra, el que mueve los hilos para que ésta avance, bajo una forma u otra es siempre el azar. Por ello Menandro se refiere constantemente a la fortaleza que debe tener el hombre para poder arrostrar los cambios de la fortuna, pues los problemas sobrevenidos, los cambios de fortuna sorpresivos, los encuentros inesperados, todos estos elementos, en los que en mayor o menor grado interviene el azar, constituyen la base de las obras, los elementos argumentales que conducen a la felicidad de los amantes gracias a la anagnórisis ya sea de padres e hijos, ya sea de violador y víctima. Los motivos y temas se combinan siguiendo una lógica interna que, a pesar de la inhabitual abundancia y acumulación de sucesos, es presentada como natural y en perfecta coherencia con el carácter de los personajes. Éste es uno de los rasgos más significativos de la comedia de Menandro, la estrecha relación existente entre el carácter del personaje y el argumento de la comedia; carácter que en ocasiones, acorde con el desarrollo de la trama, cambia; en otras, por el contrario, el personaje no admite modificaciones en sus opiniones y actitudes, y por ello sufrirá las consecuencias negativas del final feliz de la obra.

Sirva como ejemplo de lo que terminamos de decir lo que sucede en las siguientes comedias, cuyo argumento exponemos de modo muy esquemático. En Arisco la acción se desarrolla en el campo, frente a una casa situada junto a una gruta, santuario del dios Pan y las Ninfas. Y Pan es el dios prologuista que explica la situación de partida: en la casa vive un viejo, Cnemón, francamente desagradable, con su hija y una vieja criada; su mujer y el hijo de ésta, Gorgias, tuvieron que irse a vivir a otra casa porque la convivencia era imposible; Pan, que ha asumido el papel de protector de la joven, ha propiciado que ésta fuera vista casualmente por Sóstrato, un joven de la ciudad, de familia acomodada, que se ha enamorado de ella. Enterado Gorgias de que un joven ocioso ronda a su hermanastra, acude para proteger el honor de la familia y se enfrenta a Sóstrato; del diálogo entre ambos surge la amistad y el compromiso de Gorgias de ayudar a Sóstrato a conseguir la mano de su hermanastra, y a tal fin le aconseja que se haga pasar por labriego con la intención de ganarse así al viejo. La acritud de Cnemón ha sido mostrada en varias escenas en las que con malos modos se desembaraza de la presencia de los demás, provocadas en parte por los siervos de la casa de Sóstrato, que casualmente va a celebrar una fiesta en el santuario; pero Cnemón sufre un accidente que le obliga a dejarse ayudar por su hijastro y Sóstrato. Cnemón ha de reconocer que necesita la ayuda de los demás y, convencido por su hijastro, consiente en el matrimonio de su hija con ese joven que parece un campesino, pero él vuelve a encerrarse en su casa. Tendrá que salir al final, forzado por los criados a los que antes había maltratado, y lo hará para unirse a la fiesta que celebran sus consuegros, en la que además se celebrará un doble matrimonio, el de Sóstrato con la hermanastra de Gorgias y el de la hermana de Sóstrato con Gorgias, porque, a pesar de la diferencia de nivel económico existente entre ambas casas, Sóstrato logra el matrimonio de su amigo con su propia hermana después de convencer a su padre de que lo importante es la actitud de la persona y la amistad, más valiosa que el dinero.

Suponemos que también habría doble boda en Escudo, obra que empieza con la entrada de un cortejo muy especial: el esclavo frigio Daos vuelve de la guerra con el escudo de su joven señor, Cleóstrato, y con esclavos y riquezas conseguidas por aquel. Cleóstrato ha muerto, Daos encontró su escudo junto al cuerpo, irreconocible, y vuelve para entregar las riquezas a la hermana del joven, a la que se siente unido, pues fue pedagogo de ambos. La hermana está recogida en casa de un tío paterno, Queréstrato, que la ha prometido a su hijastro Quéreas. Atraído por las riquezas, el tío paterno de más edad, Esmícrines, que antes no había querido saber nada de sus sobrinos y que es presentado como un avaro misántropo, decide casarse con la sobrina, que ahora es epiclera, la heredera del patrimonio. Esta decisión sume en la desesperación a Quéreas y Queréstrato y ha de ser el esclavo Daos el que urda el plan de salvación: con la colaboración de un amigo que se hace pasar por médico, se finge una repentina enfermedad de Queréstrato y su defunción, de modo que la hija de éste ahora es también epiclera, y más rica que su prima; al avaro Esmícrines ya no le interesa lleva a cabo el matrimonio acordado, por lo que acelera la boda de esta sobrina con su anterior prometido Quéreas, para tener la vía libre y poder casarse con la hija de Queréstrato. Suponemos que antes de esa boda los muertos "resucitan": Queréstrato deja de fingir y regresa Cleóstrato, al que Daos había dado por muerto al encontrar su escudo junto a un cadáver irreconocible. De este modo se hace posible la doble boda entre las dos parejas de jóvenes y el avaro Esmícrines queda burlado.

En Samia también hay una doble relación, en este caso del padre, Démeas, y el hijo adoptivo, Mosquión. El escenario son dos casas, la del rico Démeas y la del pobre Nicérato; ambos han salido en un largo viaje. Mosquión hace de prologuista y nos cuenta que su padre ha llevado a casa a la hetera Críside, de la que está enamorado, y que él durante las fiestas ha dejado embarazada a Plangón, hija de Nicérato, y que le ha prometido a la madre casarse cuando vuelvan los padres. Plangón ha dado a luz un hijo y Mosquión le ha pedido a Críside que lo haga pasar por propio mientras se resuelve el problema. Vuelven los padres respectivos, y Mosquión muestra la debilidad de su carácter: no se atreve a contarle a Démeas lo que ha sucedido, sino que mantiene el engaño. Démeas oye por casualidad a la nodriza de Mosquión, que, sin saber que es escuchada, dice que el niño es hijo de Mosquión. Démeas, que sigue creyendo que Críside es la madre, la tira de casa, pues la hace a ella culpable de la traición, y con ella al niño y la nodriza. Nicérato los recoge en la suya; pero escucha que Mosquión reconoce ser el padre y entra en casa para tirarlos. Como su propia mujer y su hija, Plangón, protegen a la hetera y el niño, cree que se han confabulado en su contra y amenaza con prender fuego a la casa, lo que es impedido por Démeas, que ya sabe toda la verdad. Aclarado el embrollo, los consuegros se preparan para celebrar las bodas, pero Mosquión quiere dar una lección a su padre por haber desconfiado de él y finge querer irse de mercenario. Nicérato pone fin a las disensiones y hace que Mosquión asuma su responsabilidad. Y todo termina en fiesta.

También en Arbitraje hay un nacimiento inesperado y una hetera con un papel fundamental en la solución de la trama. Carisio, después de un largo viaje, se entera de que su mujer, Pánfila, ha dado a luz un niño que no puede ser suyo por el tiempo transcurrido desde el matrimonio, y que la nodriza, Sófrona, lo ha expuesto. Por ello Carisio se ha ido a vivir a casa de su amigo Queréstrato y tiene relaciones con la hetera Habrótono. En el prólogo una divinidad, quizá Fortuna, cuenta que en una fiesta Carisio, embriagado, violó a Pánfila, que ésta consiguió arrancarle un anillo, y que, casada con él, no lo reconoce. Llega Esmícrines, el padre de Pánfila, molesto por los rumores de que Carisio ha abandonado a su hija; a él le piden que actúe como árbitro en el litigio que tienen Sirisco, un carbonero esclavo de Queréstrato, y Daos, un pastor. Discuten sobre la propiedad de unos objetos que acompañaban a un niño recién nacido que Daos había encontrado, pero que entregó a Sirisco. Sirisco reclama también los objetos para que puedan servir en un futuro reconocimiento del niño por parte de los padres, en lo que le da la razón Esmícrines. Retirado de escena Esmícrines, el criado de Carisio reconoce el anillo de su señor y Habrótono recuerda que vió a la joven que había sufrido la violación y decide intervenir. Entran en escena Esmícrines y Pánfila, enfadado el padre porque la hija se niega a dejar a Carisio, a pesar de que él la ha abandonado. Habrótono reconoce a la joven violada en Pánfila y le informa de que el violador es su propio esposo. La hetera junto con el criado convencen a Carisio de que él es el padre del niño y la anagnórisis del niño provoca la alegría y el final feliz de la obra.

En otra comedia, Rapada, también es fundamental la anagnórisis, en esta ocasión no de un recién nacido, sino de la protagonista. Polemón, un joven soldado de fortuna, ha rapado a la joven con la que vive, Glícera, porque ha visto que ella no rehusaba las caricias del joven Mosquión, hijo de una familia adinerada que vive junto a su casa. Y la joven, ofendida, se ha ido a vivir precisamente a esa casa, acogida por la dueña, Mírrina, con lo que confirma las sospechas del desgraciado Polemón. La divinidad prologuista, Ignorancia, nos informa de que Glícera y Mosquión son hermanos gemelos, expuestos al nacer y recogidos por una anciana que entregó el varón a Mírrina y que se quedó con la niña; pasados los años la anciana se lo cuenta a Glícera y antes de morir la entrega a Polemón; y ahora Ignorancia ha provocado los celos de Polemón con la intención de que haya un final feliz. Polemón está desesperado y sus celos van en aumento porque también Mosquión, que desconoce que Glícera es su hermana, supone que ésta le corresponde. Polemón intenta rescatar a Glícera a la fuerza, pero su amigo Pateco le convence de que no tiene derechos sobre ella y de que sólo si ella acepta puede volver a tenerla. Polemón insta a Pateco a que haga de intermediario e intente convencer a Glícera de que vuelva. Pero Glícera se niega y en su lugar le pide que la acompañe a recoger sus cosas de la casa de Polemón. Al hacerlo Pateco reconoce los objetos con los que expuso a sus hijos, carente medios en aquel momento para sacarlos adelante, y al reconocerlos reconoce a Glícera. Termina casando a la hija con Polemón y dándole a éste una buena dote para que no tenga que volver a ser soldado, con lo que se mantendrá alejado de la violencia.

3.2.- Personajes

En Menandro el carácter de los personajes motiva el desarrollo específico de la trama, o viceversa, lo que les lleva a alejarse de la figura a la que pertenecen y del que se da información al espectador a través de la caracterización física, en especial la máscara, y del nombre del personaje[1]: los personajes reciben sus nombres entre una limitada gama propia de cada figura, en la que Gorgias, Sóstrato, Quéreas... son nombres de jóvenes protagonistas, Daos y Parmenón son siervos, etc. Por encima de la caracterización individualizada, los personajes comparten una serie de rasgos que son los que los adscriben a una figura determinada y de los que hablaremos brevemente.

Hemos dicho que la trama gira en torno a una joven. En la Comedia Nueva la muchacha sigue siendo una figura pasiva, que sufre las peripecias de la acción y a veces los ataques de su enamorado: en Rapada es objeto de violencia por parte de Polemón; en Arbitraje su marido la rechaza por hacer dado a luz un niño fruto de una violación en una fiesta, sin saber que el violador es él mismo, etc. Las jóvenes casaderas o recién casadas son personajes mudos: si la protagonista de Rapada habla es porque no se sabe que es una ciudadana; cuando su padre la reconozca, será él quien a partir de ese momento se ocupará de su futuro.

A pesar de esta pasividad, totalmente acorde con la situación socio-política, Menandro pone en boca de mujeres ciudadanas quejas por las decisiones paternas sobre su matrimonio, lo que es totalmente inesperado. Y así, la joven del Papiro Didot I, en los vv. 27-33, reprocha a su padre el intento de romper el matrimonio después de que el marido se haya empobrecido:

Vale; si el hombre que ahora va a tomarme - lo que no suceda, Zeus amado, ni suceda nunca, puesto que yo no lo deseo, de verdad, ni puedo -, si éste a su vez perdiera su hacienda, ¿me entregarías a otro hombre? ¿Y a otro, si de nuevo aquel la perdiera? ¿Hasta cuándo vas a tantear el azar con mi propia vida?

No son éstas expresiones habituales en boca de una mujer, y del mismo modo también Pánfila de Arbitraje se niega a romper el matrimonio, aunque el marido la haya abandonado. Y en esta última obra escuchamos a otra mujer, una hetera; lo original no es que hable, habitual en estas mujeres, sino el relevante papel que tiene en la obra[2]: Habrótono logra el reconocimiento y la reconciliación de los jóvenes, convirtiéndose en una especie de amiga de la muchacha, relación imposible entre estas figuras[3]. Algo similar sucede en Samia, donde la cortesana, en este caso del padre, será la amiga y confidente del hijo y le ayudará a que pueda casarse con la muchacha de la que ha tenido un niño. Ambas comedias, Arbitraje y Samia, contraponen la actitud violenta e irreflexiva del protagonista masculino, en una un joven, en la otra el padre, que se dejan llevar por las apariencias, a la generosidad de un personaje generalmente denostado, de categoría social inferior, mostrando la necesidad de la comunicación y de la relación por encima de las fronteras sociales y de las apariencias, a la vez que en Samia insiste en la necesidad de una mayor seguridad y firmeza en el carácter, excesivamente "kósmios" (educado), del joven. Probablemente muestre también con ello Menandro el cambio que ha experimentado la sociedad, cambio que empezaba a afectar incluso al concepto y valoración de la posición de la mujer.


El joven protagonista es un enamorado desesperado, incapaz de pensar, que precisa la ayuda de otro, incluso la de un siervo, para lograr el objeto de su amor. En Rapada, Polemón, un soldado de fortuna, se transforma en un celoso y atolondrado enamorado que se deja llevar por las apariencias y rapa a la muchacha que ama, y éste es el estado en el que lo encuentra su criado Sosias:

Nuestro hombre, hasta hace poco arrogante y belicoso, el que no dejaba llevar melena a las mujeres, llora postrado (vv. 172 ss.)

Abandonado por la joven, sólo sabe recurrir a su amigo Pateco, para que interceda ante la amada, lo que será también el comienzo de la solución, pues ello permite que Pateco reconozca en la joven a la hija que expuso de niña.

No sé qué decir, por Démeter, salvo que me voy a ahorcar. Glícera me ha abandonado, me ha abandonado Glícera, Pateco. Pero si te parece bien actuar así -pues eras amigo suyo y muchas veces has hablado con ella antes- ve a dialogar con ella, sé mi mediador, te lo suplico. PA- Ves, eso creo que está bien hacerlo. (vv. 504-511):

Pateco, a pesar de la diferencia de edad, se convierte, pues, en el sodalis opitulator del protagonista, en el compañero solícito que le ayuda en la solución del problema, en una figura imprescindible en la Comedia Nueva[1]. Mientras en la Comedia Antigua Política el protagonista suele actuar solo, lo que suele ser también una característica de la situación, la soledad del héroe contra un sistema o una injusticia, en la Comedia Nueva los protagonistas se mueven en el ámbito familiar, rodeados de familiares y amigos.

La función del amigo es asumida en la comedia por diversas figuras; el personaje originario es un joven de similar edad a la del protagonista. Así en Arisco, donde Menandro nos presenta primero por separado dos personajes parcialmente antagónicos, Sóstrato, el joven de ciudad acaudalado y ocioso, que se ha enamorado de una joven, pobre y bella muchacha, y Gorgias, el hermano de ésta, que trabaja con esfuerzo su tierra para poder mantenerse en una digna pobreza[2]. Menandro trata aquí el tema del enfrentamiento tópico entre la ciudad y el campo y hace que Gorgias muestre desconfianza ante el aspecto del "urbanita" Gorgias, como lo vemos en el diálogo con su criado Daos, vv. 257 s.:

GO.- Ese que lleva la clámide ¿es el que tú dices? DA.- Ese mismo. GO.- Por su aspecto al instante me ha parecido un malhechor.

Y a continuación, presuponiendo su actitud, espeta a Sóstrato una tirada de versos sobre la fortuna y el saber mantenerse en los límites de la justicia, para entrar ya en el asunto concreto en los vv. 289 ss.:

Me parece que estás deseando hacer algo innoble, y que piensas inducir a cometer un error a una doncella libre, o estás acechando la ocasión de realizar algún delito merecedor de muerte.

E insiste en la contraposición vida dura del campo/vida ociosa de la ciudad, vv. 293 ss.:

no es justo, desde luego, que tu ocio sea un mal para nosotros, los que trabajamos. ...

Pero Gorgias ha juzgado sólo por la apariencia, algo de lo que Menandro advierte por ser fuente inagotable de errores y sufrimientos. Por ello hace que Sóstrato defienda su inocencia, sus buenas intenciones, y hace terminar el agón con la declaración de amistad de Gorgias, v. 317:

pues esto me ha convencido y ahora me tienes como amigo

Después del enfrentamiento inicial se ve que lo que les une es más poderoso que lo que les separa: ambos son jóvenes, de noble espíritu y generoso carácter. Esta amistad entre jóvenes, uno de ellos el protagonista, el otro su colaborador desinteresado, reaparece en otras obras, como en Arbitraje, y en Doble engaño, y no sólo por la necesidad de ayuda que tiene el protagonista: la necesidad del otro, el valor intrínseco de la amistad, ampliamente comentado por la escuela de Aristóteles, es constantemente puesto de relieve por Menandro, que dice en Arisco 811 s.:

Pero con mucho es mejor un amigo visible que riqueza invisible que tienes enterrada.[3]

Pronto se producen desviaciones en la pareja protagonista-amigo, motivadas por la obligada economía dramática en tramas amorosas ya de por sí complicadas, y otros personajes asumen la función de ayudante. Uno de ellos, de gran juego dramático y honda raigambre, es el parásito. En Arisco muestra Menandro un parásito, que define su actitud en los vv. 57 ss.:

En tales cosas, Sóstrato, soy así: se me acerca un amigo enamorado de una hetera, al momento me hago con ella y se la llevo; me emborracho, echo abajo la puerta, no atiendo a razones, pues hay que tenerla antes de ir preguntando quién es; porque la dilación acrecienta mucho el amor y en la rapidez es posible ponerle fin pronto. Pero si de boda habla uno, y de una muchacha libre, soy otro entonces: pregunto el linaje, sus medios de vida, sus costumbres...

Pero, a pesar del interés que dice sentir por los asuntos amorosos del joven Sóstrato, desaparece raudo de escena cuando presencia un arranque de ira del anciano Cnemón con la excusa de que no parece ser un buen día para visitarlo; esta muestra de cobardía le aleja del papel de amigo leal, como muy bien ve el propio Sóstrato, vv. 135 ss.:

Con gusto se ha buscado éste una excusa; pronto se ha visto que no me acompañaba con placer y que no estaba de acuerdo con el proyecto de mi boda

Menandro modificó a partir de la tradición este personaje: en el momento en que la situación económica no permitía el mantenimiento de aduladores que se cuelan en los banquetes, el personaje ha de desaparecer o modificar su comportamiento. En la Comedia Romana lo vemos convertido en un personaje triste, sumiso, hambriento, como, salvo excepciones[4], son la mayor parte de los parásitos romanos; Menandro, en cambio, lo acerca al sodalis opitulator, en lo que confluye la voluntad de este autor de dotar a personajes de status inferior, como el servus, el miles o la hetera, de un cierto humanismo, reflejo de su creencia en la interdependencia humana[5].

Pero será el servus el que termine asumiendo el papel del amigo, una figura muy cómoda en la construcción del contexto dramático, ya que no necesariamente ha de tener historia propia, pudiendo ser la suya la de sus amos. Incluso Menandro lo convierte en el verdadero protagonista en una comedia singular, Escudo, en la que el frigio Daos, un anciano pedagogo, es el ayudante no de su joven dueño, un soldado de fortuna al que todos dan por muerto, sino del prometido de su joven dueña, del adulescens enamorado que ve peligrar la boda, e indirectamente, por lo tanto de la muchacha[6]. Este esclavo, que da muestras de una nobleza de espíritu y de una humanidad que no tienen los griegos, no sólo aporta a la casa familiar el botín de guerra de su joven amo, sino que será él quien urda una complicada trama y ponga a trabajar a todos en un profundo cuestionamiento de la ley del epiclerato. En los vv. 200 ss., en diálogo con el avaro tío de la joven, vemos indirectamente su opinión:

DA.- Pero en lo que se refiere a la herencia, Esmícrines, o ¡por Zeus! sobre la heredera, las bodas y el linaje, y sobre las diferencias de parentesco, en absoluto pongáis a Daos por en medio. De las cosas de los libres ocupaos vosotros mismos, a los que les incumbe tal asunto. ESM.- ¿Te parece, por los dioses, que yerro en algo? DA.- Yo soy frigio; muchas de las cosas que parecen bien entre vosotros, para mí son horribles, y lo contrario ...

Pero junto a éste, otros criados se mantienen en la figura a la que pertenencen: el criado confidente y urdidor de tramas, que se escabulle en cuanto huele palos, como es el caso de Parmenón de Samia, el esclavo que es conocedor de los secretos, pero huye ante el aviso del látigo. En general, Menandro confiere con frecuencia un papel relevante a personajes de bajo nivel social, personal de servicio de la casa y asalariados de diverso tipo, como criados, cocineros, parásitos, nodrizas, heteras, cuya mayor presencia en la Comedia Postaristofánica está motivada en parte por los cambios socio-políticos y por la creciente importancia del dinero en la sociedad; manifestación de esa importancia es el elevado número de personas de servicio de una casa y su ostentación. Cuando Menandro compone sus obras existe ya una larga tradición literaria que dota a esclavos o personas de status inferior de un carácter noble y generoso, lo que provoca una contradicción entre su condición y su naturaleza[7], a lo que se añade la creencia de Menandro en la interdependencia humana y en la inexistencia de una relación causa-efecto entre riqueza y nobleza, por un lado, y pobreza y vileza, por otro. En este sentido ya hemos comentado el especial desarrollo del parásito, y otro buen ejemplo es el caso de la nodriza[8], a la que Menandro da en ocasiones un papel importante hasta el punto de que da título a una comedia, Nodriza, de la que poco más podemos decir, y la utiliza en otras ocasiones, en Samia, Arbitraje, etc. Anciana fiel a su ama, desarrolla en la comedia ciertos tópicos negativos como el amor al vino y la charlatanería[9] a la vez que recibe un trato similar al de los otros sirvientes, esto es, amenazas, gritos, insultos y algún que otro empujón, ajeno todo ello a la tradición de la figura en otros géneros literarios.

Con frecuencia Menandro logra contrastes entre lo que se espera y el comportamiento real del personaje. Podemos verlo en Polemón, el protagonista masculino de Rapada, cuyo nombre responde además a la figura a la que en principio pertenece, el soldado de fortuna, figura ya consolidada[10]; Menandro la utiliza al menos en dos ocasiones más, Estratófanes en Sicionio (Sicyonios)[11] y Trasónides en Detestado (Misoumenos), los cuales, por lo que se puede inferir de los fragmentos conservados, tampoco se atienen por completo a las características de la figura. Es decir, que utiliza la figura como referente del que se distancia creando un juego de intertextualidad que pone en evidencia el contraste entre las actitudes esperadas y las que realmente se producen en escena. En el caso de Rapada Polemón es impetuoso y atolondrado, con arranques de violencia, aunque en el fondo es un buen muchacho, que ha actuado precipitadamente movido por los celos y engañado por las apariencias[12]. La comicidad del personaje no reside, pues, en el contraste entre la alardeada valentía del soldado y su probada cobardía, como en el caso del Lámaco de Aristófanes, sino en el contraste entre la brutalidad de su oficio y el profundo sufrimiento que le provoca un amor no correspondido. Por eso al final de la comedia su futuro suegro le da una buena dote diciéndole:

En adelante olvida que eres soldado, para que no obres de manera impetuosa (vv. 1016 s.)

Otro personaje muy productivo es el misántropo, al que Menandro da una gran relevancia en dos obras, el Cnemón de Arisco, cuyo personaje da nombre a la obra, y el Esmícrines de Escudo. Es una figura que ya aparece en la Comedia Antigua, en cuya configuración se observan ecos de personajes populares[13]. Ambos, Esmícrines y Cnemón, son descritos como misántropos y viven solos con una vieja criada, pero con diferencias[14]: Esmícrines es descrito con todos los elementos negativos del misántropo, añadiéndole Menandro la codicia:

el viejo ese que hacía todas esas preguntas hace poco, es su tío paterno, pero supera con mucho en maldad a todas las personas; ni parientes, ni amigos conoce, ni ha pensado en ninguna de las afrentas que hay en la vida, sino que quiere tenerlo todo; esto sólo reconoce. Y vive solo, con una vieja sirvienta. (vv. 114-121)

En cambio Cnemón, si vive solo es por evitar el egoísmo de los demás, y por ello puede reconocer su error y se incorpora al final feliz de la obra:

quizá cometí un error, pensaba yo que podía bastarme a mí mismo entre todos y que no iba a necesitar a nadie. Pero ahora que he visto que llegaba violento e inesperado el fin de mi vida, he descubierto que antes no pensaba bien. Pues es necesario estar y tener al lado al que te pueda socorrer en cualquier ocasión. (vv. 713-717)

Vemos, pues, cómo Menandro modifica los personajes y las tramas tradicionales para ofrecer a los espectadores un cuadro de relaciones complejas, de las que surge la necesidad de solidaridad entre personas de distintos grupos sociales y el rechazo a las actitudes violentas, incluída la que ejerce la riqueza sobre la pobreza.

Entre estas figuras, estos personajes-tipo, en cuya configuración se unen elementos procedentes de la tradición literaria con otros que los vinculan al momento de su creación, hay un personaje que destaca en tanto que provoca la ruptura de la ilusión dramática a la vez que es utilizado para reforzar la teatralidad de la obra: es el personaje prologuista de la comedia, papel que a veces cumplen los personajes de la obra, pero que con frecuencia asume una divinidad. Menandro utilizará estos personajes para informar sobre la historia anterior al comienzo de la acción y para avanzar el final en líneas generales o dar alguna información desconocida por los restantes personajes. Pero, además, con esa información va dando Menandro las claves de la interpretación de la obra, va señalando aquellos aspectos de la trama o del carácter de los personajes que le interesan y en torno a los cuales gira la comedia. Como era de esperar, reserva para la divinidad la información que no puede ser conocida por los demás personajes y la anticipación del final feliz: así es en Arisco, en la que Pan es la divinidad prologuista, Ignorancia en Rapada, etc.[15]

En este tipo de obras, en las que el elemento espectacular ha pasado a un segundo plano, una parte importante de la responsabilidad del éxito recae en el virtuosismo de los actores, en su capacidad para lograr el entretenimiento del público haciendo uso de los instrumentos de su oficio, en especial de su voz. Nos da pruebas de ello un tipo de monólogos muy frecuente en Menandro, el "diálogo relatado", en el que un personaje relata al público una conversación o las manifestaciones de otro personaje que él ha oído. El actor, por consiguiente, ha de demostrar su capacidad para imitar las voces y los modos de hablar de todos los personajes, del que representa y de los que son representados por éste[16], lo que, además, confiere un cierto realismo a una escena que en sí comporta ruptura de la ilusión dramática.


3.3.- Estilo y lengua.

La tendencia al realismo es también uno de los elementos fundamentales que determina el tipo de lengua usado por Menandro, así como el metro y los procedimientos estilísticos. Frente al elevado uso de todo tipo de procedimientos estilísticos y a la variedad de metros en la Comedia Antigua, en Menandro hay una progresiva reducción tanto del tipo de metros empleados como del uso de los procedimientos estilísticos, que se reservan para contextos especiales. Así, mientras en la Comedia Antigua la metáfora podía llegar a convertirse en la trama de la comedia y son constantes las acumulaciones en escena de sucesivos pasajes en los que confluyen figuras estilísticas variadas (procedimientos fónicos reforzando aprosdocetos que a su vez son metáforas, sumados al uso de términos paródicos, imitación de lenguajes especiales, etc.), la Comedia Nueva reserva los procedimientos para momentos de especial tensión emocional, monólogos con manifestación de sentimientos intensos, diálogos que comportan decisiones trascendentes, etc. Lo mismo puede decirse del metro, puesto que se van eliminando los restantes en beneficio del trímetro yámbico, el más cercano a la lengua hablada, como ya indicó Aristóteles (Poética, 1449a 24-28)[1].

En lo que hace a la lengua de estas obras, recientes estudios han puesto en evidencia el tipo de koiné literaria que utiliza Menandro; así mismo se ha puesto de manifiesto la lograda caracterización de sus personajes también en este aspecto[2], en claro contraste con el uso de la lengua en la Comedia Antigua, más preocupada por su efecto cómico inmediato que por la coherencia de sus rasgos en cada personaje concreto. Este cuidado en el uso de los diversos registros, así como el decoro en la expresión, fueron causa del gran aprecio que por sus comedias sintieron los intelectuales latinos.

4.- Otros autores de Comedia Nueva

Ya hemos comentado la dificultad que representa hablar de los restantes autores: la escasez de textos sigue siendo un obstáculo para un estudio en detalle y los nuevos hallazgos no han aportado nada significativo[3]. A pesar de ello, algo podemos saber a partir tanto de los escasos fragmentos como de las reelaboraciones latinas[4], incluso podemos percibir algunas diferencias con respecto a Menandro en el tratamiento de los temas y personajes y en el uso de la lengua[5].

Filemón, probablemente del sur de Italia y casi treinta años mayor que Menandro (368/360-267/263 a.n.e.), fue un autor muy fecundo: hemos conservado 194 fragmentos de cerca de cien comedias atribuidas a él, de las que conocemos 64 títulos. Al parecer Filemón era un maestro de la comedia de situación con personajes que siguen muy de cerca las características fijadas de la figura; en consecuencia Filemón parece estar más vinculado a los modos tradicionales de la comedia. En sus fragmentos abundan, de modo semejante a lo que ocurría en Menandro, las expresiones de tipo gnómico: con frecuencia personajes de corte tradicional, como el cocinero o un criado, habla sobre el destino o sobre la felicidad humana.

Casi contemporáneo de Filemón, pero algo más joven, es Dífilo (360/350-comienzos sg. III a.n.e.), como Menandro, poco favorecido por el público. Su dramaturgia parece ser más espectacular, llena de efectos teatrales y de complejos desarrollos argumentales. Dífilo se decanta por una línea más romántica, con escenarios lejanos, más cercanos a los de la novela, un género en el que la comedia influyó poderosamente. Entre sus títulos destacan algunos de tema mitológico, lo que le enraiza con la comedia anterior.

Más joven que los anteriores y también que Menandro, es Apolodoro de Caristos, que concurre por primera vez en el 285 a.n.e. y al que se atribuyen 47 obras, de las que sólo conservamos 32 fragmentos. Es el más cercano al modo de componer de Menandro, con una caracterización cuidada de personajes y situaciones, como evidencia la preferencia de Terencio por él.

5.- Pervivencia de Menandro

Ya hemos comentado que pronto fue considerado Menandro un autor clásico, el predilecto de la Comedia Nueva. Gozó de esta consideración desde el siglo III a.n.e. al V, e incluso hay testimonios de que era leído y estudiado a mediados del siglo VII. Esta positiva valoración desde el punto de vista de los educadores o los espectadores/lectores de comedias tuvo también su reflejo en creaciones literarias: sabemos que influyó poderosamente en un género literario griego emergente, la novela, género que adquirió una amplísima difusión[6].

Conocida es la presencia de Menandro en Roma, en especial su influencia en la comedia, a la que se han dedicado numerosos estudios[7]. Los autores romanos prefirieron la Comedia Nueva como modelo por diversas razones. Una de ellas es su relativa cercanía cronológica, pues sólo cincuenta años separan la muerte de Menandro de la primera representación de una comedia en Roma, lo que hace a las obras de Menandro casi contemporáneas[8]. También se convierte en el modelo para los autores romanos por el tipo de temas que trata, que afectan a las relaciones entre las personas, con un carácter moralizador y por ello más universal. Si a ello unimos la práctica desaparición de la invectiva personal y del ataque político directo, tenemos unas obras que se adaptan a la perfección a las necesidades de los comediógrafos romanos, de los autores de palliata, pero también de togata[9].

Plauto utiliza comedias de Menandro como modelo para Bacchides, Cistellaria y Stichus, quizás también para Aulularia y Poenulus; y Terencio para Andria, Heautontimorumenos, Eunuchus y Adelphoe. De las comedias de Cecilio Estacio, que durante decenios fue considerado el mejor comediógrafo latino, restan pocos fragmentos y citas indirectas, a pesar de lo cual sabemos que constituye un punto fundamental en la creciente influencia de Menandro y consiguiente helenización de la comedia romana. Este hecho, el progresivo aumento de la influencia de Menandro y el perfeccionamiento formal y conceptual que en la línea de Menandro lograron sus comedias, fue un proceso que recibió elogios de la crítica romana culta, pero comportó el alejamiento del público más popular y la pérdida de popularidad de autores como Terencio[10].

Aparte de los comediógrafos, Menandro gozó del aprecio de los escritores romanos, que le anteponían a sus propios compatriotas: buen ejemplo de ellos son las valoraciones de César, Cicerón y Varrón en la primera mitad del siglo I a.n.e., de Horacio, Ovidio y Propercio en la época de Augusto, en Plinio el Viejo, Quintiliano y Marcial. Plutarco en su Comparación de Aristófanes y Menandro deja constancia de su gran popularidad (Moralia 854a), como también los numerosos mosaicos con escenas de sus comedias encontrados en villas de geografía y cronología variada[11]. Ello es la causa de que sea Menandro uno de los autores más favorecidos en los hallazgos papirológicos.

En siglos posteriores debe tenerse en cuenta que la pérdida de sus comedias provocó que sólo se le conociera por sus sentencias y por las referencias indirectas de los autores anteriores que le habían podido leer, de ahí el tipo de valoración y la nula influencia directa de sus comedias: entre nosotros Luis Vives en De tradendis disciplinis (1531) aconseja su lectura, Pedro Mexía en Silva de varia lección (1540) le cita, y Francisco de Monzón en Espejo del Príncipe christiano (Lisboa 1544), Juan Mal-Lara en Philosophia vulgar...[12]. Esta escasez de textos, limitados casi exclusivamente a las sentencias, no impidió la valoración entusiasta de autores como Winckelmann o Goethe, que se declaraban abiertamente admiradores de Menandro. Pero sólo ahora es posible el conocimiento real de una parte de su producción, reducida, pero que al menos nos permite saber algo tanto sobre su dramaturgia como sobre los cuestiones sociales que trata y nos permite reconocer en sus comedias algo más que simple entretenimiento.



[1] Éste, junto con el aún imperfecto dominio de la versificación, es uno de los argumentos en los que se apoya Lamagna para fechar en época temprana la comedia Samia, en la que Menandro hace un abundante uso del tetrámetro trocaico; cf. M. Lamagna, La Donna di Samo, testo critico, introduzione, traduzione e commentario, Napoli (Bibliopolis) 1998, aquí p. 41, obra que recomendamos. Para la métrica de Menandro son fundamentales los estudios de Fr. Perusino, por ejemplo, "Tecnica e stile nel tetrametro trocaico di Menandro", RCCM, 4, 1962, pp. 45-64 (a pesar de que por la fecha no puede tener en cuenta los hallazgos recientes); cf. también C. Prato (Ed.), Ricerche sul trimetro di Menandro, Roma (Ed. dell'Ateneo) 1983.

[2] Para la lengua de Menandro y su relación con la koiné, es interesante D.C. Berotsos, A commentary on the Aspis of Menander, Univ. College London 1997, que en el comentario presta una considerable atención a este aspecto; con carácter general cf. A. López Eire, "La lengua de Hipérides y Menandro", Habis 33, 2002, pp. 73-94; sobre su uso para caracterizar personajes, cf. a modo de ejemplo L. Grasso, "Il linguaggio dei vecchi nelle commedie di Menandro (imprecazioni ed esclamazioni)", Rudiae 7, 1995, pp. 231-243.

[3] Más bien al contrario, los nuevos hallazgos demuestran la existencia de una selección bastante rígida, por lo que se teme que los futuros tampoco aportarán nueva luz sobre comedias no atestiguadas ya.

[4] Casina, Rudens y Vidularia plautinas y una escena de Adelphoe de Terencio parecen seguir comedias de Dífilo; Mercator, Mostellaria y Trinummus de Plauto parecen estar basadas en las de Filemón; de Apolodoro de Caristos toma Terencio el modelo de sus Phormio y Hecyra.

[5] Sólo a título de ejemplo cf. Fr. Perusino, "I metri di Difilo", QUCC 31, 1979, pp. 131-139.

[6] Cf. nuestro "Amor y aventuras en la comedia y la novela", El teatre clàssic al marc de la cultura grega i la seua pervivència dins la cultura occidental, J.Vte. Bañuls-Fr. De Martino-C. Morenilla-J. Redondo (Eds.), Bari (Levante Editori) 1998, pp. 223-248, con bibliografía al respecto.

[7] La bibliografía es ingente; remitimos para una idea de carácter general a A. Pociña, "El comediógrafo Cecilio Estacio", en A. López-A. Pociña, Estudios sobre comedia romana (Studien zur klassischen Philologie 119), Frankfurt (Peter Lang) 2000, pp. 289-299 y al ya citado "Menandro en la Comedia Latina", así como H.-D. Blume, Menander, cap. VII "Menander Latinus", pp. 162-179 (con abundante bibliografía reciente).

[8] No debe pensarse, sin embargo, que el influjo de Aristófanes fuera nulo: conocido es el desarrollo que Lucilio dio a la sátira romana siguiendo su modelo y los intentos de Gneo Nevio de introducir en la misma línea la crítica política nominal, de consecuencias trágicas.

[9] Aparte de que la legislación romana prohibía la difamación (cf. P. Resina-A. Pociña, "Legislación romana teatral II: Los autores", Actas del VIII Congreso Español de Estudios Clásicos, Madrid 1994, vol. II, pp. 841-848). No deja de ser significativo, como señala D. del Corno ("Selezioni menandree", Dioniso 38, 1964, pp. 130-181), que las comedias seleccionadas por los comediógrafos latinos como modelo no coincidan con las que nos han devuelto los papiros: al parecer se produjo una selección basada en razones morales y se dejó de lado las comedias que convertían personas "decentes" en diana de la comicidad, como es el caso de Arisco.

[10] A. Pociña, "Popularidad de la comedia latina en los siglos III-II a.C.", en A. López-A. Pociña, Estudios ..., pp. 97-113. En particular sobre la influencia de Menandro en las comedias de Terencio, sólo a modo de ejemplo, cf. D.F. Sutton, "Terence" en Ancient Comedy. The War of the Generations, Univ. of Southern California, New York-Toronto 1993, con un análisis detallado de Adelphoe en las pp. 112 ss.

[11] Muy bien comentados por H.-D. Blume, Menander, pp. 29 ss.

[12] Para estas referencias remitimos a J.A. López Férez, "Estudio sobre la influencia de la comedia griega en la literatura española", en La comedia griega ..., pp. 387-455.


[1] Sobre esta figura cf. nuestro "El hetaîros en Menandro", en La Comedia Griega ..., ya citado.

[2] Sobre estas caracterizaciones, cf los recientes trabajos de V. Rosivach, "Class Matters in the Dyskolos of Menander", CQ 51, 2001, pp. 127-134 y Ch.A. Cox, "Is Sostratos'Family Urban in Menander's Dyskolos?" CJ 97, 2002, pp. 351-358.

[3] Sobre estas frases sentenciosas cf. Y.Z. Tzifopoulos, "Proverbs in Menander's Dyskolos. The Rhetoric of Popular Wisdom", Mn 68, 1995, pp. 169-177.

[4] Excepciones como el Phormio, para el que Terencio se inspira en una comedia de Apolodoro de Caristos, un autor que se considera muy influido por Menandro.

[5] Para estos personajes secundarios, que son muy prácticos desde el punto de vista dramático porque no tienen vida propia, remitimos al estudio de M. Krieter-Spiro, Sklaven, Köche und Hetären: das Dienstpersonal bei Menander. Stellung, Rolle, Komik und Sprache, Stuttgart (Teubner) 1997.

[6] Cf. E. Ruiz, "La irresistible ascensión de un esclavo", EClás 87, Apophoreta Philologica Emmanueli Fernández-Galiano a sodalibus oblata, 1, 1984, pp. 285-292.

[7] Como puede verse, por ejemplo, en el anciano esclavo Eumeo en la Odisea, de lo que también sacará partido literario Eurípides.

[8] Recientemente ha estudiado su papel en la literatura, en especial en el teatro greco-latino, Mª T. Molinos Tejada, "Las nodrizas en la escena clásica", en El fil d'Ariadna, Fr. De Martino-C. Morenilla (Eds.), Bari 2001, pp. 299-316.

[9] Ambos vicios eran habituales en la caracterización de las mujeres en general. Cf. para el primero las palabras de Ateneo: ser amante del vino es común al género de las mujeres (10, 440e), que se apoya sobre todo pasajes de comedias. Pero esta afirmación es válida para la Comedia Antigua, no para la Postaristofánica y menos aún para la Romana, donde esta afición se restringe a viejas sirvientas y alcahuetas.

[10] No hay evidencia de su uso por los comediógrafos de la primera mitad del siglo IV, sí por los posteriores, para cuyo comentario remitimos a Nesselrath, op. cit., pp. 325-329. Con carácter general cf. W. Hofmann-G. Wartenberg, Der Bramabas in der antiken Komödie. Ein Beitrag zur griechisch-römischen Literatur- und zur römischen Sozialgeschichte, Berlín 1973 y más recientemente H.-D. Blume, "Komische Soldaten. Entwicklung und Wandel einer typischen Bühnenfigur in der Antike", Rezeption des antiken Dramas ..., pp. 175-195.

[11] Para los argumentos a favor y en contra de considerar a Estratófanes un miles, cf. M. Fez. Galiano, "Il Sicionio di Menandro", Dioniso 39, 1965, pp. 250-259, que incluye intervenciones de C. Questa y E. Paratore, sobre la trama en general y en particular sobre el personaje citado; cf. también el artículo anterior en el mismo volumen, de C. Questa, "Il Sicionio di Menandro e la commedia plautina: alcuni confronti", que ya hemos citado antes.

[12] Como señala Ignorancia (Agnoia), la diosa prologuista (vv. 163 ss.), quien, como la Afrodita del Hipólito de Eurípides, es quien urde la trama, aunque aquí sea para lograr un final feliz tras las desgracias anteriores al comienzo de la obra.

[13] En determinados contextos de crisis en los que pueden llevar a rechaza la realidad en la que se vive, sin capacidad real de intervención, es frecuente que se acuda al rechazo de la vida en sociedad; así lo hicieron el mismo año Aristófanes y Frínico en dos planteamientos distintos, en el 414 a.n.e., en Aves y Solitario (Monotropos) respectivamente; y Ferécrates, Antífanes, Anaxilas...

[14] La autosuficiencia es considerada negativa por Aristóteles: frente a las posturas que proponen una vida en solitario como la excelencia a la que debe tender el hombre noble y sabio, Aristóteles se esfuerza en demostrar que es necesario que el hombre noble tenga amigos, no por necesidades materiales o prácticas, sino porque en comunidad es más fácil llegar a la virtud y a la felicidad; cf. Ética a Nicómaco 1169b 3 ss.

[15] Este aspecto de la investigación sobre la dramaturgia de Menandro, el estudio de los personajes, es muy productivo y a él se han dedicado y dedican interesantes trabajos que van aumentando nuestro conocimiento sobre esta fase de la comedia; sólo como ejemplo citamos un reciente estudio sobre un tipo interesante, el del vecino, de R. Guido, "Alcune considerazioni sulla figura del geiton nelle 'Commedie' di Menandro", Rudiae 9, 1997, pp. 141-159.

[16] Cf. M. Lamagna, "Dialogo riportato in Menandro", Dramaturgia y puesta en escena en el teatro griego, E. García Novo-I. Rodríguez Alfageme (Eds.), Madrid 1998, pp. 289-302.

[1] Aspecto este último en el que ha insistido A. Barton en The Names of Comedy (University of Toronto Press, Toronto, Buffalo 1990), en particular en pp. 28 ss., donde hace referencia a esas expectativas que el autor crea.

[2] Para la importante presencia de heteras en la Comedia Nueva cf. nuestro "De lenae in comoedia figura”, Helmantica. Thesauramata Philologica Josepho Orozio oblata, 136-138, vol. II, 1994, pp. 81-106; en concreto a este tipo en Menandro se han dedicado importantes monografías, como M.M. Henry, Menander’s Courtesans and the Greek Comic Tradition, Frankfurt 1985.

[3] Para la fuerte influencia del modelo literario en la caracterización femenina, cf. E. Macua, "Caracterización 'textual' frente a caracterización 'visual' en la comedia de Menandro: la definición de la entidad dramática de los personajes femeninos en Perikeiromene y Epitrepontes", Veleia 13, 1996, pp. 227-241.


[1] El escenario histórico y las circunstancias en que se produce la primera reunificación alemana, condicionaron la obra de los historiadores alemanes que trasladaron al estudio de la Antigüedad los principios ideológicos de la política contemporánea, de modo que pasaron a considerar la polis como el estadio previo que debía desembocar en una unidad nacional más amplia, el imperio helenístico. Fue U. von Wilamowitz quien trasladó de la historia a la literatura esta consideración, dando lugar a una verdadera revolución de la que no se han sacado aún todas las consecuencias.

[2] Para este interesante proceso de acercamiento a los otros, de reconocimiento paulatino de las otras culturas, remitimos al trabajo de A. Momigliano, La sabiduría de los bárbaros. Los límites de la helenización (trad. de Alien Wisdom. The Limits of Hellenization, Cambridge University Press 1985), México-Madrid 1988, aunque Momigliano se ciñe a la relación de los griegos con celtas, romanos, judíos e iranios.

[3] En otro lugar nos hemos ocupado de este aspecto en obras de Eurípides, en particular en "Hécuba: apuntes para el estudio de una archifigura dramática", El fil d'Ariadna, Fr. De Martino-C. Morenilla (Eds.), Bari 2001, pp. 317-337, aquí 325 s.

[4] En general para esta nueva etapa remitimos a J. Alsina, Los grandes períodos de la cultura griega, Madrid 1988, con abundante bibliografía concreta.

[5] El final feliz no era el tradicional en los relatos eróticos antiguos, caracterizados por la descripción de amores desgraciados con finales trágicos, línea que será seguida por el epigrama erótico helenístico y la elegía latina después; al final feliz en la tragedia, como Ión o Helena de Eurípides, o Alcestis (tragedia especial por otras cuestiones), a causa de los nuevos gustos del público, se refiere Aristóteles en Ética a Nicómaco (1453a35). Este cambio, perceptible en Eurípides y generalizado en la Comedia Nueva, está relacionado con el especial tratamiento del amor y con los cambios ideológicos que lo sustentan.

[6] Cicerón, De re publica IV, 13, recogido por Donato, Excerpta de comoedia V, 1: comoedian esse Cicero ait imitationem uitae, speculum consuetudinis, imaginem ueritatis.

[7] Ovidio, Trist. II, 369: fabula iucundi nulla est sine amore Menandri.

[8] Muy interesantes son los recientes trabajos de D. Del Corno, "Menandro e il teatro de la realtà", en Menandro fra tradizione ..., pp. 17-29 y V. Gigante Lanzara, "El teatro di Menandro: il realismo 'soft' e la città dei buoni", A&R 43, 1998, 127-132, que insisten en la reducción de temas y de espectro social.

[9] Sobre este cambio y sus causas, cf. Consideraciones en torno al amor en la literatura de la Grecia antigua, de M. Brioso Sánchez-A.Villarrubia Medina (Eds.), Universidad de Sevilla 2000, en especial el capítulo de M. Brioso "El amor, de la comedia nueva a la novela", pp. 145-229; también G. Giangrande "Los tópicos helenísticos en la elegía romana", Emerita 42, 1974, pp. 1-36 y E. Calderón "Los tópicos eróticos en la elegía helenística", Emerita 65, 1997, pp. 1-15. En general sobre el tema del amor en la literatura griega, cf. E. Ruiz, La mujer y el amor en Menandro, Barcelona 1981; M. Fernández Galiano- J.S. Lasso de la Vega-Fco. Rodríguez Adrados (Eds.), El descubrimiento del amor en Grecia, Madrid 1985, en especial el capítulo de M. Fernández Galiano "El amor helenístico", pp. 205-227.

[10] En la parábasis la acción dramática se interrumpía y el coro se dirigía en nombre del autor al público para informarle de los más variados asuntos: exculparse de derrotas anteriores, quejarse de maltrato por parte del público o colegas, manifestar su opinión sobre asuntos de actualidad o criticar a los colegas que competían o habían competido con él.

[11] Es éste un motivo fundamental en la comedia de Menandro, de larga tradición literaria y con antecedentes directos en las tragedias de Eurípides, sobre el que reflexionó en extenso Aristóteles; cf. D. Munteaun, "Types of Anagnorisis: Aristotle and Menander. A Self-Defining Comedy", WS 115, 2002, pp. 111-126.



[1] Para los datos biográficos, cf. los testimonia, de procedencia diversa, editados junto con los fragmentos de sus obras. Prueba de la dificultad de precisar más son los trabajos de H. De Marcellus ("IG XIV 1184 and the ephebic service of Menander", ZPE 110, pp. 69-76) y S.F. Schröder ("Die Lebensdaten Menanders", ZPE 113, 1996, pp. 35-48) que concluyen el uno que Menandro murió el 292/1, el otro que el 291/0.

[2] Algunas fuentes le hacen compañero de efebía de Epicuro y alumno de Teofrasto. Sobre la formación de Menandro es mucho lo que se ha escrito, vinculándolo con una u otra escuela filosófica. Cf., por ejemplo, P. Steinmetz, "Menander und Theophrast. Folgerungen aus dem Dyskolos", RhM 103, 1960, pp. 185-191; A. Barigazzi, La formazione spirituale di Menandro, Turín 1965; K. Gaiser, "Menander und der Peripatos", A&A 12, 1966, pp. 8-40; G. Ricciardelli Apicella, "Epicuro e Menandro", RCCM 10, 1968, pp. 3-26.

[3] Es conocida su amistad con Demetrio Falereo, el hombre fuerte de Atenas, amistad que, según se dice, estuvo a punto de costarle la vida cuando Demetrio Falereo cayó en desgracia, de lo que le salvó Demetrio Poliorcetes.

[4] Se le atribuyen entre 109 y 105 obras, pero sólo de 70 conocemos algo del contenido. Se dice que la primera, Cólera (Orgé), representada en 321/0, obtuvo premio, como también Arisco (Dyskolos), 317/6. Era muy comentado su escaso éxito; Marcial dice al respecto (V 10, 9): Rara coronato plausere theatra Menandro.

[5] Se trata de una antología de sentencias atribuidas a él, algunas procedentes de sus obras, a las que con el tiempo se fueron añadiendo otras (cf. Sentenzen. Menander, Trad. por S. Jäkel, Leipzig [Teubner] 1986); las sentencias jugaron un papel importante en la educación elemental de los niños, pues eran utilizadas en la enseñanza de las letras; después los jóvenes debían aprenderlas de memoria; para el papel de Menandro en los diversos niveles de enseñanza cf. H.-I. Marrou, Historia de la educación en la antigüedad, Madrid 1985 (trad. del original francés, Paris 1971), y en particular p. 207 para la enseñanza de las primeras letras.

[6] No nos corresponde entrar aquí en el complejo debate sobre el grado de recreación al que someten a las obras griegas los autores de palliata. Aquí nos interesa poner de manifiesto la necesidad de acceder a la palliata para conocer la Comedia Nueva; cf. A. Pociña, "Menandro en la Comedia Latina", en La Comedia Griega y su influencia en la Literatura Española, J.A. López Férez (Ed.), Madrid 1998, pp. 345-367.

[7] Para la traducción del término duvskolo", que define al protagonista y da la clave de la interpretación de la comedia, hemos optado por el adjetivo "arisco", en la línea del "bourru" de A. Blanchard, cuya elección él justifica en Essai sur la composition des comédies de Ménandre, París 1983, p. 72 n. 37; el adjetivo "díscolo" por el que suele traducirse, casi trasliterarse, comporta unos matices que no tiene el término griego.

[8] Optamos por el título en singular, más extendido, aunque hay debate al respecto.

[9] Trabajos generales sobre Menandro: A. Blanchard, Essai sur la composition des comédies de Ménandre, París 1983; R.L. Hunter, The New Comedy of Greece and Rome, Cambridge U.P. 1985; J. García López "La comedia nueva: Menandro" en la obra colectiva dirigida por J.A. López Férez, Historia de la literatura griega, Madrid 1988, pp. 478-502; sigue siendo de utilidad E.G. Turner (Ed.), Ménandre, (Entretiens sur l'Antiquité Classique) Vandoevres-Ginebra 1970; los diversos estudios de T.B.L. Webster, en especial An Introduction to Menander, Manchester Univ. Press 1974; W.G. Arnott, Menander, Plautus, Terence (monográfico de G&R, nº 9) Oxford 1975; S.M. Goldberg, The Making of Menander's comedy, (Diss.) London-Berkeley-Los Angeles 1980. Entre los estudios con carácter general recientes destacamos el volumen colectivo Menandro fra tradizione e innovazione (Atti del convegno nazionale di studi, Monz 6-7 maggio 1995), C. Consonni (Ed.), Milán 1996; H.-D. Blume, Menander, Darmstadt (Wissenschaftliche Buchgesellschaft. Erträge der Forschung 293) 1998; Fr. Ferrari, Menandro e la Commedia nuova, Torino (Biblioteca della Pléiade 37) 2001.

[10] Cf. el artículo de R. Caballero, "La transmisión de los textos griegos en la Antigüedad tardía y el mundo bizantino: una ojeada histórica", Tempus 23, 1999, reproducido en Liceus, Investigaciones.

[11] Y ello a pesar de lo poco adecuado que se consideraba para mentes juveniles algunas escenas y expresiones, lo que hasta hace algunos decenios era causa de que en las traducciones se pasaran ciertas expresiones al latín, menos accesible para el público en general, o a que se omitiera algún pasaje especialmente escabroso.

[12] Además del tono sentencioso, se ha apuntado la posibilidad de que el rechazo del público a sus comedias se deba a cuestiones extraliterarias, a la amistad de Menandro con Demetrio Falereo.

[13] Como más tarde lo fue Terencio con respecto a le enseñanza del latín: Homero, Menandro, Eurípides y Demóstenes son "los cuatro pilares de la cultura clásica", indica Marrou (op.cit., p. 218 y passim). Los papiros escolares demuestran esta posición de Menandro (cf. G. Zalateo, "Papiri scolastici", Aegyptus 41, 1961, pp. 160-235). Sólo como ejemplo, Elio Teonte (II n.e.) en Sobre la educación de la juventud (en sus Progymnasmata) para el estudio del discurso personalizado aconseja los textos de Menandro, junto a los poemas homéricos y los diálogos de Platón; M. Martín Hernández, en "El estudio de la literatura clásica en el Egipto helenístico", EClás 116, 1999, pp. 37-48, en particular pp. 43 s., indica que Menandro, junto a Homero y Eurípides, es el autor más leído y que también se escribieron antologías y colecciones de monólogos suyos.

[14] A. Blanchard, en "Destins de Ménandre", Ktèma 22, 1997, pp. 213-225, muestra las causas de su desaparición en los siglos IX-XVI e insiste en particular en las lingüísticas.

[15] A parte de las ediciones de comedias individuales, remitimos a las ediciones de F.H. Sandbach, Menandri reliquiae selectae, Oxford (Scriptorum classicorum bibliotheca Oxoniensis) 1990 y de R. Kassel y C.F.L. Austin, Poetae comici Graeci: 6, 2, Menander: testimonia et fragmenta apud scriptores servata, Berlin-New York 1998. Para más detalles, así como para la bibliografía básica sobre Menandro, remitimos a nuestra "Nota bibliográfica", pp. 257-269, de "El eJtai'ro" en Menandro", en la obra colectiva La Comedia Griega ..., ya citada antes, pp. 227-269.

[16] El estudio de esta relación que no es en absoluto nueva (con independencia de que no todos los estudios coincidan en la valoración positiva de los autores latinos), como puede verse en los estudios de E. Paratore, "Il flautista nel DUSKOLOS e nello Pseudolus", RCCM 1, 1959, pp. 312-325; C. Questa, "Il Sicionio di Menandro e la commedia plautina: alcuni confronti", Dioniso 39, 1965, pp. 240-249; las monografías de E.W. Handley, Menander and Plautus: a Study in Comparison, Univ. College London 1968, y de P. Flury, Liebe und Liebessprache bei Menander, Plautus und Terenz, Heidelberg 1968, que abarca a los tres comediógrafos; S. Mariner, "La comedia latina a la luz de los redescubrimientos de Menandro", EClás XV, 1971, pp. 1-25; todos ellos son precedentes importantes del estudio de R.L. Hunter, ya citado, de obligada consulta. Sobre Doble engaño, cf., por ejemplo, J-M Jacques, "Ménandre inédit: la Double fourberie et la Samienne", Bulletin de l'Association Guillaume Budé, 1968, pp. 213-239, que tanto debe al trabajo de Handley.

[17] Para la comedia griega, con carácter general, remitimos al capítulo de H.-J. Newiger "Die griechische Komödie" en Griechische Literatur, E. Vogt (Ed.), Wiesbaden (Athenaion) 1984, pp. 187-230 y a B. Zimmermann, Die griechische Komödie, Düsseldorf/Zürich 1998, que hacen un repaso de los distintos períodos y autores; en nuestro "El trasfondo de la alcahueta de la comedia griega", Homenatge a José Belloch Zimmermann, Universitat de València 1988, pp. 289-298, mostramos los cambios socio-económicos que provocan la transformación de la comedia y crean las condiciones para la Comedia Nueva, y en "La comèdia grecollatina i el sainer", Escalante i el teatre del segle XIX, F.Carbó-R.X. Rosselló-J.Ll. Sirera (Eds.), València-Barcelona (Institut Interuniversitari de Filologia Valenciana) 1997, pp. 229-248, insistimos en la estrecha relación de la Comedia Nueva y la sociedad, con abundante aporte bibliográfico.

[18] A este respecto cf. G. Mastromarco, "La commedia antica fra tradizione e innovazione", en La Comedia Griega ... ya citado, pp. 23-42, quien además de insistir en que con excesiva frecuencia tenemos una visión aristofanocéntrica de la comedia, señala las relaciones entre los dos subgéneros, la Comedia Política y la Mitológico-costumbrista, mostrando cómo los perfiles no son siempre claros.

[19] Cf. Mª T. Gallego Pérez, "La comedia en Plutarco", Actas del III simposio Español sobre Plutarco, Madrid 1994, pp. 631-642, y con carácter general L. Van der Stockt, Twinkling and twilight. Plutarch's reflections on literature (Verhandelingen von de Koninklijke Academie voor Wetenschappen, Letteren en Schone Kunste van België) Brussel 1992.

[20] L. Gil muestra la vinculación de la Comedia Nueva con fases anteriores, así en "Alexis y Menandro", EClás 14, 1970, pp. 311-345, en "Comedia ática y sociedad ateniense II. Tipos del ámbito familiar en la Comedia Media y Nueva", EClás 72, 1974, pp. 151-186, y "Comedia ática y sociedad ateniense III. Los profesionales del amor en la Comedia Media y Nueva", EClás 74-76, 1975, pp. 59-88. En la misma línea R. Hos*ek en "Drei alte Motive im neuen Menander", Menanders Dyskolos als Zeugnis seiner Epoche, Fr. Zucker (Ed.), Berlin (Deutsche Akademie der Wissenschaften zu Berlin 50) 1965, pp. 175-184, que se centra en relaciones no bien estudiadas de motivos menandreos con la comedia antigua.

[21] Existe una interesante bibliografía que no sólo pone en relación la comedia con la sociedad y en particular con los cambios sociales, sino que también muestra en qué medida puede ayudar la comedia a un mejor conocimiento de la época; sólo a modo de ejemplo cf. D. Del Corno, "Vida ciudadana y comedia burguesa", en La crisis de la polis. Historia, literatura, filosofía, tomo V de Historia y civilización de los griegos, dirigida por R. Bianchi Bandinelli, Barcelona 1981 (original italiano Milano 1979), pp. 261-291.

[22] Cf. el volumen colectivo Clases y luchas de clases en la Grecia Antigua, de Cl. Mossé, P. Vidal-Naquet, J. Fernández Ubiña y C. González-Román, Madrid 1977 y de Cl. Préaux, El mundo helenístico. Grecia y Oriente (323-146 a. de C.), Barcelona 1984.

[23] B. Le Guen, en "Théâtre et cités à l'époque hellenistique", REG 108, 1995, pp. 59-90, insiste en la importancia tanto educativa como política que continuó teniendo el teatro en época helenística, para lo que se apoya en la iconografía, inscripciones y datos arqueológicos que prueban la construcción en esta época de grandes teatros, la instauración de festividades dedicadas a Dioniso en toda Grecia continental y Oriente y la incorporación de representaciones teatrales a otras festividades.

[24] Cl. Mossé, en "Politeuomenoi et idiôtai: l'affirmation d'une classe politique à Athènes au IVe siècle" REA 86, 1984, pp. 193-200, constata el uso frecuente por los oradores del término idiôtai para designar el conjunto de los ciudadanos en oposición a los hombres públicos, políticos profesionalizados, los politeuomenoi.

[25] En el sentido de presentar hechos que pueden suceder según las leyes naturales, sin intervención de los elementos maravillosos que caracterizaron a buena parte de la Comedia Antigua. De la importancia que Aristóteles da a la verosimilitud en el argumento nos habla el que, cuando distingue en su Poética (1451 a-b) entre la poesía y la historia, afirme que la función del poeta es contar no lo que ha sucedido, sino lo que puede suceder según la verosimilitud o la necesidad.

[26] Para los problemas de la caracterización de la fase de transición entre la Comedia Antigua y la Nueva, cf. Fr. Perusino, "Tra commedia antica e commedia nuova: considerazioni sul ruolo della commedia di mezzo nella cultura greca del IV secolo", en La Comedia Griega ..., pp. 203-214. Para las características de este período, cf. H.-G. Nesselrath, Die attische Mittlere Komödie. Ihre Stellung in der antiken Literaturkritik und Literaturgeschichte, Berlin-New York (De Gruyter) 1990.

[27] Aparte de las referencias que hay a este tema en los estudios sobre Menandro, remitimos de modo específico al aún útil trabajo de A.G. Katsouris, Tragic Patterns in Menander, Atenas 1975, y a los más recientes de A. Hurst, "Ménandre et la tragédie", Relire Ménandre, E. Handley-A. Hurst (Eds.), Genève 1990, pp. 93-122, y G. Vogt-Spira, "Euripides und Menander", Rezeption des antiken Dramas auf der Bühne und in der Literatur (Drama 10), B. Zimmermann (Ed.), Stuttgart-Weimar 2001, pp. 197-222.

[28] Se ha considerado tradicionalmente que la pérdida del coro está motivada por el cambio socio-político que lleva a la inhibición política del ciudadano, lo que convierte en anacrónica la existencia de un personaje colectivo. Pero hay que añadir causas de tipo económico y profesional: la necesidad de reducir costes en un contexto de creciente profesionalización de los actores, que crean compañías que se desplazan por el todo el territorio de habla griega y en cuyas representaciones la actuación de aficionados tiene cada vez menos sentido; y el prestigio y popularidad de los actores profesionales, sobre los que recae una parte considerable del éxito de la obra y que reclaman papeles acordes a sus capacidades. Sobre la profesionalización e importancia del prestigio del actor y su repercusión en las obras que se escriben y en las modificaciones que se introducen en las ya escritas, cf. P. Ghiron-Bistagne, Recherches sur les acteurs dans la Grèce antique, Paris 1976; sobre la relación entre el tipo de compañía profesional y la presencia de coro, cf. B. Gentili, "Nuevos aspectos del teatro helenístico: contaminación y canto individual", en La cultura helenística, tomo IX de Historia y civilización de los griegos, dirigida por R. Bianchi Bandinelli, Barcelona 1983 (original italiano Milano 1977), pp. 372-384

Fuente: Liceus

Avalado por la Sociedad Española de Estudios Clásicos
Francisco Martín García
Catedrático de Filología Griega
Universidad de Castilla-La Mancha
ISBN-84-9714-085-0


Thesaurus: sofista, sophía, Antifonte, Antístenes, Calicles, Critias, Gorgias, Hipias, Polo, Pródico, Protágoras, Trasímaco, presocráticos, Sócrates, Platón, ciencia, educación, ética, filología, filosofía, justicia, lingüística, política, racionalismo, religión, retórica.

EVOLUCIÓN DEL TÉRMINO SOFISTA
Para comprender el significado del vocablo "sofista", en primer lugar, debemos fijarnos en su raíz soph-. Esta raíz, de etimología desconocida, expresaba originariamente la idea de maestría o pericia en alguna cosa. Hay que remontarse, en primer lugar, a Hesíodo, pues él utiliza el término sophíe con el significado de experiencia o maestría en el sentido espiritual. Así, en el fragmento 193, define al mítico músico Lino como pantoíes sophíes dedaekóta, "experto en toda clase de sabiduría". También en Hesíodo, Trabajos y Días 649, encontramos por primera vez el verbo sophízesthai cuando nuestro autor se propone dar a su hermano Perses consejos de navegación, a pesar de no ser un experto en este arte (nautilíes sesophisménos).

En cuanto al término sophistés, es Píndaro quien lo usa por primera vez con el significado de "poeta", y más tarde lo podemos hallar en Heródoto, que aplica este término a personajes de la talla de Solón, uno de los Siete Sabios, a Melampo, un experto en el arte de la adivinación, o al filósofo Pitágoras. Por tanto, antes del s. V a. C., nada nos hace suponer que el término sofista tuviera las connotaciones peyorativas que más tarde adquirió.

Durante mucho tiempo se culpó a Sócrates y a Platón de haber degradado este vocablo, pero no podemos olvidar que fueron los mismos sofistas los que contribuyeron a que la gente se forjara una mala imagen de ellos. Los sofistas eran unos extranjeros que se introdujeron en las grandes ciudades griegas atrayendo a la juventud más brillante y desviándola de las enseñanzas tradicionales con su amplio programa educativo con el que pretendían vulgarizar el saber, y a todo esto se unía el hecho de que cobraran dinero a cambio de sus enseñanzas. Por todas estas cosas, los sofistas fueron los primeros en degradar su propia profesión.

Aristófanes nos los presenta como unos vampiros que carecen de todo sentido ético y son capaces de enseñar, con tal de que se les pague, el modo de ganar no sólo las buenas causas, sino, lo que es peor, también las malas. De otra parte enerva al comediógrafo el hecho de que los sofistas van en contra de los valores tradicionales del valor, prudencia y justicia, y la adhesión a sus doctrinas produce resultados catastróficos.

Tucídides tampoco tiene buena opinión de ellos y Jenofonte les reprocha el hecho de que cobraran dinero a cambio de sus enseñanzas. En De la caza 13, 1-9 nos presenta a los sofistas como corruptores de la juventud, pues intentan desviarla del recto camino de la virtud. También los acusa de no ser verdaderos sabios, sino eruditos recopiladores, según se desprende de Recuerdos de Sócrates IV 2,1.

Para Platón son unos intrusos que quieren acabar con la educación tradicional ateniense, son cazadores que van tras las huellas de los jóvenes ricos para manejarlos a su antojo y sacarles el dinero. El sofista es, para Platón, igual que el comerciante charlatán que alaba sus mercancías para venderlas de cualquier modo, sin saber qué es lo que en realidad está vendiendo. Son sabios en apariencia y, por tanto, se oponen al verdadero filósofo, que actúa dialécticamente con razonamientos apoyados en el ser.

Isócrates distingue dos tipos de sofística: la de los pertenecientes a la época de Sócrates, para los que tiene palabras de elogio, y la de su época, a los que critica presentándolos como individuos de escasa talla intelectual y cuya meta es el afán de lucro personal.

Aristóteles piensa que son unos pseudofilósofos que quieren impresionar revistiéndose de una sabiduría que en realidad no tienen. No obstante, sabe apreciar los méritos de los sofistas. Así, por ejemplo, se muestra de acuerdo con Gorgias, que considera las virtudes por separado frente a los que definen la virtud como un todo, como hacía su maestro Platón, y admira su ironía basada en desarmar con la risa la seriedad de sus adversarios y viceversa, y está de acuerdo con Polo en la importancia de la experiencia como constructora del arte y de la ciencia.

Resumiendo, pues, podemos decir que los sofistas no constituyeron nunca una escuela unitaria. Hablamos de un grupo heterogéneo con puntos en común, como el agnosticismo, ateísmo, empirismo, relativismo y la crítica de la sociedad y su cultura. Pero la gente los veía como a unos intrusos que socavaban con sus doctrinas el orden religioso, moral y político de la polis. De ahí que el término sofista se cargara de los matices negativos que han perdurado hasta nuestros días.

LOS SOFISTAS Y LA TRADICIÓN

Como afirma Hegel, el movimiento sofístico hunde sus raíces en la tradición religiosa, científica y filosófica de los tiempos más remotos, según iremos viendo.

La presencia de los sofistas en los grandes festivales de Olimpia los conecta con la más rancia tradición de poetas y rapsodas; incluso la indumentaria que utilizaban Gorgias e Hipias, una túnica de púrpura, recuerda a la de los antiguos aedos. Se guían por el antiguo ideal homérico de ser siempre el mejor y superar a los demás en el combate y en el ágora. Este afán agonístico se convirtió en una de las características de los sofistas.

Se sirven también de motivos antiguos para la temática de su obra. Pródico en la Historia de Heracles utiliza el relato del juicio de Paris y la exhortación de Hesíodo sobre los dos caminos. Protágoras en Sobre los dioses se apoya en el mito de Prometeo. En esta misma línea se encuentran El elogio de Helena y de Palamedes de Gorgias y El Troyano de Hipias.

Es en Homero y Hesíodo en donde debemos buscar la conexión más remota de los sofistas. La narración homérica busca lo verosimilitud, no la verdad, pues, como afirma Hesíodo, la verdad emana de los dioses, mientras que la verosimilitud parte de los hombres. De igual manera se expresa Jenófanes al enfrentar el conocimiento divino a la opinión humana.

Por otra parte, el germen filosófico de los sofistas lo encontramos en los presocráticos. Jenófanes, por ejemplo, identifica el bienestar de la comunidad estatal con la unión de las fuerzas espirituales y políticas. Heráclito hace del saber el fundamento de la ley. Anaxágoras introduce en la cosmogonía una tendencia antropocéntrica, e incluso a Demócrito le es difícil dejar de lado al hombre y su mundo moral.

Otro punto de conexión entre sofistas y presocráticos es el cosmopolitismo. Tanto los presocráticos como los sofistas son incansables viajeros que recorren el mundo entonces conocido, movidos por sus ansias de saber, y esto se refleja en la bella máxima de Demócrito de que "toda la tierra es accesible para el hombre sabio, pues la patria del alma buena es todo el universo."

Como señala Dodds, en Los griegos y lo irracional, la Jonia del s. VI a. C. fue la cuna de la Ilustración ampliamente desarrollada por los sofistas. Fue Hecateo de Mileto el primero que encontró extraña la mitología griega e intentó racionalizarla, inventando explicaciones lógicas y coherentes. Jenófanes de Colofón, al igual que Meliso de Samos, se dedicó a atacar los mitos homéricos y hesiódicos desde el ángulo de la moral. De Jenófanes depende también el relativismo religioso al postular que cada pueblo representa a sus dioses según su propia figura, y los animales, si tuvieran razón y manos, harían otro tanto.

Esta tendencia tan típica de la Ilustración la siguen Anaxímenes de Mileto y los propios pitagóricos situándose en oposición a la mitología, al igual que Jenófanes y Heráclito de Éfeso, que llega a burlarse de la catarsis ritual y a negar la validez de la experiencia onírica.

Así pues, concluímos este apartado haciendo hincapié en la idea de que los sofistas son la culminación de un movimiento ilustrado y racionalista que tiene su punto de partida en los poetas antiguos, continúa con los presocráticos y se cierra con los pensadores del s. V a. C.

SITUACIÓN HISTÓRICA

Tres acontecimientos históricos enmarcaron el movimiento sofístico: Las guerras médicas (500-479), tras las que se consolidó el sistema democrático y, por ende, la polis como unidad política y social; la creación del imperio marítimo ateniense (477-425), período en el que Atenas se convierte en guía y centro de las ciudades confederadas y, por último, la guerra del Peloponeso (431-404), que supuso la decadencia de los valores democráticos y de la polis.

La unidad fue la causa de la victoria de los griegos contra los persas y esta unión se llevó a cabo sin que unas ciudades se subordinaran a otras, sino participando en la lucha frente al enemigo común hermanadas en igualdad. Después de la victoria helena sobre el imperio persa se consolida la democracia y la política no es labor exclusiva de unos pocos, sino tarea común de todos. El poder estatal no cercena la actuación de los ciudadanos, sino que más bien la respeta y estimula. El ejército no es profesional, sino que se organiza ante los riesgos que pueda correr la polis, que se reserva el derecho de someter a examen a todos los cargos públicos.

Sin embargo, esta igualdad no duró mucho tiempo y Atenas se pone a la cabeza de la confederación de Delos. Por aquel entonces, Atenas era una ciudad poderosa y había extendido sus dominios hasta las Termópilas, las obras de los largos muros se habían concluído y la marina ateniense tenía el dominio total del mar.

Pericles, organizador de la democracia ateniense, adopta las siguientes medidas: limita las atribuciones del Areópago; extiende el arcontado a un mayor número de clases sociales; sustituye las elecciones por el sistema del sorteo de los miembros del Consejo y magistrados, y, por último, crea un sistema de dietas, que parece que empezó a funcionar a partir del año 461, en que los jueces cobraban dos óbolos por cabeza y día de sesión.

Pericles es también el inventor de la Hacienda pública, pero no creó ningún impuesto directo, sino que se apoyó en dos requisitos básicos: no abusar del contribuyente y subvenir a los gastos indispensables. Sus sucesores, en cambio, se alejaron de esta política, aumentaron el tributo y cargaron a los ciudadanos con los impuestos directos.

Si bien Pericles era un hombre honrado y mantuvo una postura intachable hasta la hora de su muerte, la política imperialista puesta en práctica por él se prestaba a todo tipo de corruptelas y así se explica el hecho de que la dominación ateniense fuera haciéndose cada vez más despótica. La isla de Naxos es la primera en sublevarse en el año 465 y más tarde, en el año 465 Tasos siguió su ejemplo y luego siguieron Eritrea, Mileto y Colofón. Atenas ya no vacilaba en emplear la fuerza y, de este modo, fue convirtiendo a los aliados en súbditos.

En esta época para triunfar en política era imprescindible el conocimiento de la retórica, que entonces ocupaba el mismo papel que hoy cumplen entre nosotros los medios de comunicación y la publicidad. Como en la educación tradicional griega no se enseñaba retórica, había aquí un hueco que vinieron a rellenar los sofistas, quienes se percataron enseguida de este fallo de la educación ateniense.

En el marco histórico en el que se encuadra a los sofistas, se puede establecer dos grupos, como tan acertadamente ha visto I. Muñoz Valle: el grupo "protagórico" y el grupo "gorgiano".

El primer grupo actúa en la época de Pericles y se caracteriza por su optimismo racionalista, la proclamación de la igualdad natural de todos los hombres, la identificación de los intereses del individuo con los de la sociedad y su relativismo. Sus figuras más representativas son Pródico, Hipias y los filósofos Demócrito y Anaxágoras.

El segundo grupo se encuadra en la guerra del Peloponeso. Descubre en el hombre el predominio de las facultades irracionales y se centra en la defensa de los intereses del individuo. A este grupo pertenecen intelectuales "inmoralistas" como Calicles, Trasímaco y Critias, entre otros.

En el período de 429-419 en la sociedad se produjo un cambio notable que favoreció el fenómeno histórico de la sofística, a saber, surgió una nueva clase social cada vez más influyente formada por comerciantes y propietarios de industrias artesanales que se habían enriquecido y, al ser de extracción plebeya, no contaban con el privilegio del que gozaban los nobles atenienses, tanto del partido democrático como del oligárquico, de encontrar con facilidad un filósofo para instruir a sus hijos. Por ello, estos nuevos ricos hubieron de buscarse profesores particulares para sus hijos. Los sofistas son los hombres que entendieron esta situación y la aprovecharon en pro de sus intereses.


LOS SOFISTAS COMO PRECURSORES DE LA FILOLOGÍA

"Antes de la sofística no se habla de gramática, retórica ni dialéctica. Debieron de ser sus creadores. La nueva técnica es evidentemente la expresión metódica del principio de formación espiritual que se desprende de la forma del lenguaje, del discurso y del pensamiento. Esta acción pedagógica es uno de los grandes descubrimientos del espíritu humano. En estos tres dominios de su actividad adquieren por primera vez conciencia de las leyes innatas de su propia estructura." Con estas palabras Jaeger hace de los sofistas los precursores de la filología, que más tarde surgirá y se desarrollará como disciplina científica en el período helenístico o alejandrino del s. III a.C.

Los sofistas, como ya vimos anteriormente, se consideraban a sí mismos herederos de los antiguos rapsodas y de Homero y a ellos dedicaron buena parte de sus estudios. Así, podemos considerar a Teágenes de Región, como el primer alegorista etimológico, porque intenta buscar en el texto homérico un significado oculto. Un discípulo de Anaxágoras, Metrodoro de Lámpsaco, compuso una obra sobre los exégetas de Homero. Antímaco de Colofón siguió por este camino y tenemos noticias de que escribió una introducción a las obras de Homero proponiendo correcciones para algunos términos.

Si entendemos que la filología consiste en la crítica de textos y el estudio de los autores antiguos como Homero, podemos concluir que los sofistas fueron los primeros filólogos, como ya han señalado varios autores. El denominador común de todos los sofistas es el interés por precisar el significado de las palabras, por atender a "la rectitud de las palabras", por la forma en la que deberían escribirse y por la prosodia, todo ello unido a una visión crítica de la cultura.

Continuador de este tipo de estudios fue Aristóteles, que se interesó por los estudios elaborados por los sofistas ejerciendo una crítica rigurosa sobre ellos. Con sus trabajos sobre preguntas difíciles en torno a Homero, así como con sus investigaciones en el campo de la métrica, rítmica y música, se presenta ante nosotros como el punto de partida de la crítica y de la gramática, aspecto al que ya hizo referencia Dión Crisóstomo.

Otro aspecto que siempre ha llamado la atención de los filólogos es el mercado del libro y el interés por las bibliotecas. En la época de los sofistas el mercado del libro se intensificó notablemente y fue entonces cuando se vendían a precios módicos las Horas de Pródico y los libros de Anaxágoras. En esta época surgieron bibliotecas particulares, como la de Eutidemo y la de Eurípides. En época posterior, Aristóteles fundaría una gran biblioteca que legó a sus sucesores, quienes posteriormente la donaron al Liceo.

Un elemento importante entre los filólogos alejandrinos fue la utilización de las "tablas genealógicas", cuyo invento se atribuye a Hipias, a quien se le ocurrió hacer una relación de los vencedores de las Olimpíadas en su archaiología y esto resultó fundamental para fechar los acontecimientos históricos. Esta obra fue recogida por Aristóteles, que utilizó no sólo esta lista sino también la de los juegos píticos y la relación de los arcontes atenienses. A esta lista de inventos de los sofistas debemos añadir también los catálogos denominados pínakes que surgen por necesidades prácticas de su profesión.

Ese afán de los sofistas por enseñar a hablar y argumentar (en cierta manera se trata de un amor a la palabra) y este interés por ellas dio lugar a los llamados "glosógrafos" cuyo origen quizá pueda estar en Pródico, y aunque Aristóteles pase por ser su creador, no sería de extrañar que el estagirita estuviera continuando una tradición del siglo V a. C. en la que los sofistas podrían estar implicados. Igualmente, los estudios sobre sinónimos y etimología fueron iniciados por los sofistas Gorgias, Pródico e Hipias y continuados por Aristóteles.

Aunque ahora nos parezca que el estilo de una gran parte de los sofistas era recargado y relamido, en realidad ellos son los que abren el camino de la erudición y del enciclopedismo y les debemos tanto a Hipias como a Critias el haber puesto los cimientos del humanismo.

LAS CORRIENTES LINGÜÍSTICAS DEL SIGLO V

Hemos visto que los sofistas eran, en gran medida, unos profesores que tendían fundamentalmente a la educación política del hombre. Una herramienta indispensable para ellos era el lenguaje, pilar fundamental de la retórica y la oratoria. Por tanto, los sofistas no tenían un interés científico por el lenguaje, sino más bien práctico. Así, los encontramos inmersos en las discusiones sobre las diferentes teorías lingüísticas que circulaban por aquella época. Para entender cuáles eran las principales concepciones sobre lingüística en el s. V, debemos rememorar el Crátilo de Platón, pues es aquí donde aparecen resumidas las diferentes posturas.

En primer lugar, encontramos que Crátilo defiende una teoría naturalista, cuya invención se atribuye a Antístenes (al que siguen Pródico y Gorgias) quien, según Aristóteles, si cada cosa tiene un lógos, entonces dos lógoi contradictorios se refieren a cosa diferentes. Esta teoría postula que los nombres son por naturaleza y responden exactamente a la verdad de las cosas que designan. Los nombres, por ende, nos darían una información exacta sobre la realidad.

Hermógenes, el amigo íntimo de Sócrates, defiende una teoría convencionalista que parece derivar de la epistemología de Protágoras, aunque la terminología que utiliza es una terminología poco elaborada. También Demócrito defiende esta postura con cuatro pruebas muy convincentes que demuestran el carácter convencional de los nombres: la homonimia, la polinimia, el intercambio de los nombres y la ausencia de nombres derivados de nombres semejantes. Este filósofo atomista además escribió sobre la corrección del lenguaje y los dialectos y sobre las palabras y el vocabulario, según nos informa Diógenes Laercio XI.

La postura de Sócrates presenta dos aspectos que parecen ser contradictorios, porque, mientras que en Crátilo 432e., dice que un nombre no necesita poseer todas sus letras para ser reconocido siempre que subsista el bosquejo del objeto, por otro lado, en Crátilo 418a., afirma que el añadir o el quitar letras modifica mucho el significado de los nombres hasta el punto de que cualquier alteración o cambio puede hacer que el nombre cambie totalmente de significado.

Quizá la postura lingüística de Gorgias sea una de las más originales de todos los sofistas, si bien su concepción de la lengua arranca de Empédocles, que pensaba, según nos informa Teofrasto en De sensu 7, que cada órgano sensitivo cubría una parcela distinta. Esta opinión es compartida por Gorgias, para quien cada órgano percibe algo distinto y específico. La vista y el oído captan las cosas, pero no se trata de la realidad, sino del logos, que es lo que aprehende el pensamiento. De ahí que Gorgias establezca una división tripartita: cosas (prágmata), objetos de pensamiento (tà phronoúmena), y lenguaje (lógos). Fue también Gorgias el primero en darse cuenta de la función impresiva del lenguaje y de su poder de persuasión, pues, a pesar de tener un cuerpo muy pequeño e invisible, es capaz de realizar maravillosos portentos, como acabar con el miedo y el dolor o provocar compasión.

LA RETÓRICA EN EL SIGLO V

Después de la expulsión de los tiranos de Siracusa se produjo una situación de gran efervescencia democrática, en la que los ciudadanos reivindicaron los bienes y haciendas que les habían sido confiscados, y es dentro de este marco histórico donde, según Aristóteles, surge la retórica de la mano de Córax y Tisias. Este tipo de retórica erística partía del supuesto de que un hombre necesitaba de ella cuando las pruebas que presentaba de un hecho podían ser refutadas y se basaba más en la verosimilitud que en las pruebas que acompañan a los hechos.

Los sofistas son los continuadores de la retórica y, desde luego, fueron quienes la introdujeron en Atenas. Gorgias en algunos diálogos platónicos, como Filebo o Gorgias, defiende este tipo de retórica erística en la que lo importante es la verosimilitud de lo justo y lo injusto. Su apoyo, pues, se encuentra en las probabilidades. Cada cosa era para él tal como le parecía que era, y esta es la base filosófica que sigue Gorgias y que también sostenía Protágoras.

La retórica es uno de los puntos en común que unía a los sofistas y, así, podemos ver que muchos de ellos (Gorgias, Licimnio, Polo, Teodoro y Trasímaco) escribieron tratados de retórica en los que se trataba sobre diversos aspectos, como la extensión del discurso, el aprovechamiento de los elementos irracionales de la oratoria que se podían utilizar para refutar determinados argumentos y la oportunidad exigida por el momento. También tocan estos tratados el tema del estilo, y por la Suda sabemos que Polo escribió una obra titulada Sobre el estilo. Otro ejemplo de que los sofistas cuidaban el estilo de sus escritos lo tenemos en las defensas de Helena y Palamedes, donde el de Leontinos hace uso de la antítesis, isocolon, parison, homoteleuton, entre otras figuras estilísticas, y aunque ahora nos pueda parecer un estilo recargado e incluso ridículo, dado el abuso que en ocasiones hace de ellas, en la época debieron ser muy apreciadas, como asegura Diodoro de Sicilia XII 53, 4.

Para Gorgias el principio que regulaba la organización del discurso era la oportunidad, kairós, la presentación de las pruebas y su adecuación al carácter del auditorio. Por tanto, el orador que improvisa un discurso debe haber preparado de antemano los argumentos que en un momento determinado le pueden resultar de utilidad, y esto es mejor que tener preparados discursos completos. De este modo, Gorgias afirmaba que él era capaz de responder a cualquier cuestión tanto en discursos largos como en diálogos a base de preguntas y respuestas.

Otro aspecto que va íntimamente ligado a la oportunidad es la conveniencia, prevpon, que con el tiempo ocupó un puesto más destacable que la oportunidad, pues, como dice Isócrates en Contra los sofistas 12-13 y 16-18, es imposible que un discurso sea bueno si no contiene lo que es oportuno.

Otra cuestión estilística, la de los lugares comunes, debió de haber sido tratada por los sofistas, según las noticias que tenemos de ello en Cicerón, Brutus 12,46, cuando nos habla de las disputas de Protágoras sobre temas importantes Los lugares comunes serían argumentos que se incluyen en el discurso para defender una postura determinada y el orador los citaba de memoria. Así, los Tópicos de Aristóteles recogerían esta tradición, infundiéndoles un sentido y orientación filosófica.

Los sofistas emplearon también los discursos dobles y no tardó en surgir una fuerte crítica contra este principio que identifica la causa más débil con la más injusta o con la más mala. Este método tiene un peligro real y es la influencia subjetiva que se podía ejercer en las conciencias de los jueces, por lo que Eurípides nos dice que "la palabra de la verdad es siempre sencilla", y Platón nos advierte del peligro que entraña ponerse bajo la tutela de estos maestros.

Trasímaco, sin embargo, cultiva un estilo diferente al de Gorgias y se distingue de él porque huye de la artificiosidad en el estilo y busca para su prosa esquemas rítmicos variados, evitando las series de largas o breves, el hiato y la regularidad del verso.

Por su parte, Platón opinaba que la retórica es un arte para fomentar la verdad y ser maestra de psicología en los distintos oyentes, pero de ninguna manera es una ciencia, y esto por dos motivos fundamentales: porque carece de seriedad y porque sus métodos no descansan en unos principios claramente razonados.

LOS SOFISTAS Y LA POLÍTICA

Es más que probable que los sofistas hubieran meditado sobre las constituciones y las leyes vigentes de la época y se hubieran ocupado de examinar los pros y los contras de los distintos regímenes políticos. No es, pues, de extrañar que, aun sin militar en ningún partido, recibieran encargos políticos, como, por ejemplo, embajadas. Gorgias fue enviado por su ciudad natal, Leontinos, a Atenas en misión diplomática en el año 427; de igual manera, Pródico sirvió a Ceos ante la Asamblea de Atenas; Élide encargó a Hipias misiones diplomáticas en Esparta y Protágoras redactó la constitución de la ciudad de Turios.

Los presocráticos también se habían ocupado de la política y del valor de las leyes. Empédocles, de tendencia democrática y popular, pensaba que las leyes son válidas para todos. Heráclito, considerado un espíritu aristocrático, subraya el carácter divino de la ley y piensa que el pueblo debe combatir por ella más que por los muros de su ciudad. Demócrito, un demócrata convencido, prefiere la pobreza en democracia a la llamada felicidad proveniente de un gobierno arbitrario, y afirma que no sólo hay que respetar las leyes sino también a los gobernantes y propugna la teoría de la conciliación, según la cual es necesario que los ricos ayuden a los pobres.

Todo ello entronca con la oposición phýsis / nómos. El concepto nómos ha perdido, en el siglo V, con algunas salvedades, el fundamento divino que poseía en época antigua. Las leyes no son un don de los dioses ni tampoco bienes absolutos, sino que dependen de cada pueblo particular, sirven para limitar la libertad individual y están condicionadas por los hombres.

Los sofistas de la primera generación, encabezados por Protágoras siguen una tendencia que es defensora del nomos. En la época de Pericles el optimismo en los valores de la democracia crea algo similar a lo que se llamará racionalismo en el período de la Ilustración europea. Frente al pesimismo hesiódico, los presocráticos habían opuesto un optimismo basado en la inteligencia humana. La medicina hipocrática ve el progreso del hombre en el descubrimiento de los alimentos cocinados y en el hallazgo de las faenas agrícolas. En lo que se refiere a la escena dramática, Esquilo, Sófocles y Eurípides consideran que es el propio hombre quien avanza por la senda del progreso, sin ayuda de ningún benefactor divino.

Según refleja Protágoras en el mito de Prometeo, el hombre está capacitado por naturaleza para el respeto y la justicia, y el castigo para los transgresores de estas normas, que son indispensables para la vida dentro de la ciudad, se concibe como la recuperación del orden, tal como los médicos ayudan al enfermo a recuperar el orden natural perdido. Todos los ciudadanos tienen la obligación de adquirir la virtud política, si se quiere que la comunidad subsista.

Licofrón sigue a Protágoras, pues, según nos transmite Aristóteles, está de acuerdo con la idea de que la comunidad política es una mera alianza y las leyes un pacto entre los ciudadanos.

La segunda generación de sofistas, criados en plena guerra del Peloponeso, el extremismo democrático, el desastre económico y los resentimientos de clase, sigue una tendencia antinómica que pretende sustituir la autoridad de la ley por el modelo que suponía el imperio de la naturaleza. Dentro de ellos podemos establecer dos posturas antagónicas: la que defiende el derecho natural del fuerte y otra que se basa en la defensa de los más débiles.

La primera postura está defendida por la escuela de Gorgias,como vio Platón en el diálogo que lleva su nombre. Polo y Calicles no son otra cosa que la consecuencia directa del programa de Gorgias que se apoyaba en la búsqueda del placer y del poder y, por tanto, en un hedonismo individualista, que llevado a su extremo no podía conducir más que a la anarquía, a la guerra civil y al empleo de la fuerza bruta.

A la cabeza del segundo grupo figura Antifonte, defensor de la phýsis y partidario de no hacer ni sufrir injusticia. Hay que respetar las leyes siempre que haya testigos de nuestros actos, pero, cuando no los haya, debemos seguir los impulsos de la naturaleza. Por esto, si quebrantamos la ley sin ser descubiertos, no sufrimos castigo alguno; sin embargo, si transgredimos los dictados naturales, nos buscamos algo pernicioso.

Una postura intermedia es la adoptada por Hipias, que, a pesar de ser un demócrata convencido, sostenía que la ley es el tirano de todos y nos fuerza a muchas cosas en contra de la naturaleza. Por esto mismo, se muestra defensor de las leyes no escritas, puesto que estas no son relativas y tienen un carácter universal.

LOS SOFISTAS Y LA ÉTICA.

Heráclito fue el primer filósofo griego que bosquejó una ética filosófica de un modo serio, al responsabilizar al hombre de sus propios actos. Los escritores del Corpus hippocraticum, por su parte, fueron los que más hincapié hicieron en la idea de que lo bueno y lo malo son relativos dentro del marco del individuo.

Para Sócrates y para Platón los dioses son los que fundamentan la moral. Frente a esta postura, los sofistas eliminan a los dioses de sus escritos y defienden la idea de que la base de la moral se encuentra en el hombre. Protágoras pone como ejemplo más sublime de virtud no a un dios, sino a un hombre, Pericles. Trasímaco constata con amargura el abandono en que los dioses tienen a los mortales.

Por otra parte, Sócrates es el iniciador del ascetismo filosófico y, en cierto modo, anticipa, con su desprecio de las cosas hermosas y con su ética condicionada, el cristianismo. En este sentido, el único sofista que recuerda a Sócrates con su ascetismo filosófico es Pródico. Los demás son personas que aman la vida y admiran las cosas hermosas que hay en ella: a Hipias le interesan las cosas buenas que tiene la existencia humana y Antifonte le echa en cara a Sócrates que no sabe sacarle partido a la vida, por cuya causa vive tan miserablemente.

El detractor más serio de los sofistas fue, sin duda, Platón, y es que este filósofo no estaba de acuerdo con la idea de moralidad de los sofistas, una moralidad basada en el concepto de la utilidad. Protágoras se limita a enseñar a los hombres la política, un arte útil para saber administrar sus bienes y los asuntos de la ciudad. Pródico afirma que si alguien quiere recibir honores tanto de la ciudad como de los particulares, tiene que serles útiles a ambos en una evidente relación de do ut des. Tan acendrado debió ser el concepto de lo útil para los sofistas que Jenofonte en su obra Recuerdos de Sócrates, se esfuerza por dejar bien claro que su maestro fue siempre el más útil de los hombres.

Aunque la animadversión de Platón por los sofistas es evidente, sin embargo, no nos los presenta como hombres depravados, sino más bien poseedores de un gran sentido ético. Protágoras es una persona honrada, preocupada incluso por una ética profesional, Gorgias es un hombre amable, con un envidiable buen humor y una honradez tal que fue merecedor de que se le erigiese una estatua de oro en el santuario de Delfos.

CIENCIA, RELIGIÓN Y SOFÍSTICA

La religión griega siempre se caracterizó y se diferenció de otras religiones por su carencia de dogmas y de un clero encargado de velar por ellas y por su espíritu liberal que permitía adoptar nuevos cultos, dioses y ritos, siempre y cuando no se pusiese en duda la existencia de los propios dioses, que eran los garantes del orden y del sistema democrático establecido en la ciudad. De ahí que los especuladores de los fenómenos celestes y los físicos no fueran nunca bien recibidos por el vulgo y por las clases conservadoras, pues sus teorías socavaban, a veces sin pretenderlo, los cimientos en los que se basaba el orden religioso y político de la ciudad.

Desde un punto de vista científico, los sofistas son seguidores de los filósofos de la naturaleza como Anaxágoras y Demócrito y se sitúan, por tanto, en el empirismo y el escepticismo. Un ejemplo de la afición que los sofistas sentían por las ciencias empíricas lo tenemos en Protágoras, que atacaba a las matemáticas por versar sobre abstracciones, en tanto que alababa a la medicina y a la agricultura, comparándolas incluso a la educación.

Las creencias de los sofistas sobre los dioses fueron objeto de reprobación por parte de los habitantes de Atenas e incluso personas influyentes de la época como la propia mujer de Pericles, Aspasia, el filósofo Anaxágoras, el escultor Fidias, Protágoras e incluso Sócrates fueron objeto de acusaciones de impiedad por negar la existencia de los dioses y por estudiar los fenómenos celestes.

El agnosticismo de Protágoras debe relacionarse con su teoría del conocimiento basada en los sentidos. El sofista de Ábdera eliminó a los dioses de todos sus discursos y escritos porque no tenía ninguna prueba de su existencia. Pródico, por su parte, arranca de la idea de que los primeros dioses eran cosas naturales que fueron elevadas a la categoría de dioses posteriormente, merced a los beneficios dispensados al hombre. Así, por ejemplo, Afrodita equivaldría tanto a una diosa como al trato sexual.

Demócrito arranca de las mismas bases materialistas de Anaxágoras y ubica la fe en los dioses en el miedo que producían a los hombres primitivos los fenómenos naturales, como los rayos, tormentas y relámpagos. Demócrito creía que somos nosotros mismos los que nos procuramos los males y no los dioses, por lo que Jaeger afirma que el de Ábdera más que negar la existencia de los dioses, lo que hace es relegarlos al plano psicológico.

Critias, y curiosamente también Isócrates, piensan que la religión es un invento político y este hallazgo es muy positivo para la humanidad, porque el temor de los hombres a los dioses hace que se abstengan de cometer actos injustos.

Trasímaco negaba la providencia de los dioses, amparándose en que, de otro modo, se cuidarían del bien mayor para los hombres, la justicia.

Los sofistas, en general, como vio Platón, parten de la idea de que los dioses no existen en la naturaleza, sino sólo en nuestros convencionalismos y, por lo tanto, no tienen providencia en los asuntos humanos. Esto influye en que los malvados actúen en esta vida a su antojo.

Todo esto no quiere decir que los sofistas desdeñaran la religión por completo; muy al contrario, un pensador como Protágoras, al igual que Tucídides y Eurípides, creía que la religión es un producto cultural humano que nos distingue de las bestias.

FILOSOFÍA Y SOFISTAS

Los conceptos "sofistas" y "filosofía" se relacionan frecuentemente, pero es necesario tener presente que los sofistas nunca elaboraron un sistema filosófico al estilo del de Platón o Aristóteles, sino que se limitaron a una parcela mucho más reducida. Por otra parte, son tan escasos los fragmentos de la mayoría de ellos, que sólo podemos hablar, y no con una absoluta certeza, de la postura filosófica adoptada por dos de ellos: Protágoras y Gorgias. El tipo de filosofía practicado por ambos sofistas se relaciona, como era lógico suponer, con la actividad concreta de cada uno de ellos, es decir, en el caso de Protágoras, con el adiestramiento político de los jóvenes que querían triunfar en este campo, y, en el caso de Gorgias, con la enseñanza de la retórica.

PROTÁGORAS

"El hombre es la medida de todas las cosas, de las que son en cuan-
to que son, y de las que no son, en cuanto que no son". Esta era la frase con la que, según Platón, Protágoras iniciaba su obra titulada La Verdad, que tanto ha dado que hacer a filósofos y a filólogos y que convertía al abderita en el primer pensador que ponía al hombre en el centro de todo tipo de especulación intelectual.

Platón y Aristóteles fueron los primeros en criticar dicha teoría y las consecuencias que de ella se derivaban. Para Platón, esta doctrina, que no tiene en cuenta ni a los dioses ni a los animales, entrañaba graves secuelas en diversos campos del conocimiento: en el terreno científico porque la teoría de que percepción es saber no conduce más que a un abierto empirismo; en el de la lengua, a una falta de estabilidad, y en los de la ética, política y religión, a comportarnos de una manera honrada pero sólo aparentemente, mientras cometemos toda clase de desmanes.
La crítica de Platón se extiende a la teoría del continuo fluir de la que Protágoras se hace seguidor. Si todo, incluso el propio hombre, cambia, si todo está en continuo movimiento, nada nos puede parecer lo mismo, ni los hombres ni las cosas tienen una entidad propia, sino que se medirán en relación con las demás. Por el contrario, Platón considera que todas las cosas poseen un propio ser consistente, que son en sí y con relación a su propio ser conforme a la naturaleza y, en última instancia, la medida no puede residir en el hombre, puesto que no es más que un ser frágil que está a merced de potencias superiores, sino en la divinidad que es la que nos ha creado para ser un simple juguete en sus manos.

Aristóteles continúa la crítica de Platón en lo tocante a la sensación: una cosa no parece nunca dulce a unos y amarga a otros, a no ser que se esté enfermo o viciado, en cuyo caso hay que considerar que unos son la medida de las cosas, y otros no lo son. Lo mismo es aplicable a otras nociones como lo bueno, lo malo, lo feo, lo bello, etc. En lo que respecta a la opinión que se tenga de una cosa, si el hombre es la medida de todo, entonces la misma cosa es buena y mala, porque así puede aparecer a todos, y en todo ello no subyace más que el relativismo de dicha teoría.

Hasta aquí hemos dejado hablar a Platón y a Aristóteles. Pero, ¿qué pensaba Protágoras de todo esto? Si nos guiamos por lo que se conoce como "Apología de Protágoras", el sofista nos dice que las percepciones son particulares para cada uno de nosotros y que los sabios son los que pueden efectuar un cambio en nosotros, de forma que lo que nos parecía malo, nos parezca bueno. El sofista de Ábdera elimina la oposición verdadero/falso, y establece que ninguna opinión o sensación es falsa, sino que todas son verdaderas, pero pueden ser buenas y malas. A él no le interesaba la falsedad o verdad de las sensaciones o juicios, sino sólo su utilidad o perjuicio.

Antes de continuar conviene aclarar a qué hombre se refiere Protágoras. Protágoras se refería tanto al hombre particular como al general. Pero, desde la interpretación de Hegel, los críticos han creído ver detrás de él tanto al hombre individual como al genérico o colectivo. Incluso ha surgido otra interpretación conocida con el nombre de "vía intermedia", según la cual, no hay distinciones entre unos y otros, y que nosotros compartimos plenamente. Desde el punto de vista de las sensaciones, no cabe duda de que la teoría se refiere al hombre particular. El paso de individual a colectivo tampoco plantea dificultad, ya que lo que interesa definir es el grado de utilidad. Por ello, lo que decide en la ciudad es el acuerdo al que llega cada hombre particular con los demás ayudado por el hombre sabio, llámese orador o sofista. Y el salto de ahí al hombre general tampoco es difícil, puesto que el hombre de cualquier sociedad y época puede establecer los mismos criterios.

En cuanto al término chrémata no hay inconveniente en aceptar las distintas explicaciones que han dado los estudiosos del tema: "algo que se usa", de Guthrie; "cosas usuales", de Zubiri; "cosas útiles", de Heidegger, aunque a nosotros nos parece más adecuada la explicación de Untersteiner, "cosas", por estimar que se amolda más al espíritu práctico del sofista, y porque es el término empleado por Platón en un contexto en el que se habla del parecido entre hablar de las cosas y pensar sobre ellas. Al fin y al cabo, cosas son lo que se perciben y cosas también lo que se deciden.

Finalmente, queda por analizar el término métron. Creemos que debe entenderse por "medida", en el sentido de criterio, lo que se corrobora, en nuestra opinión, porque Platón emplea el giro kaì egò krités, que es la interpretación que recogerán más tarde Aristóteles y Sexto Empírico con el término kritérion. Además, no debemos olvidar que el propio Platón se vale del verbo parametroúmetha.

GORGIAS

Dos son las fuentes de transmisión del tratado de Gorgias Sobre el no ser o sobre la naturaleza, Sexto Empírico y Pseudo-Aristóteles. La opinión de los críticos acerca de cuál de las dos es la mejor varía. Así, encontramos que H. Gomperz, E. Nartop y E. Dupréel se inclinan por Sexto Empírico, mientras que O. Gigon y G. Calogero opinan que el texto de Pseudo-Aristóteles es un exponente más fiel del pensamiento de Gorgias. Una postura de conciliación entre ambos textos la representan R. Mondolfo y M. Untersteiner.

La gnoseología de Gorgias descansa en las teorías del poeta Simónides y del filósofo Empédocles. Simónides había estimado que la vista y el oído pueden ser fuentes engañosas de información y Empédocles había sostenido la hipótesis de que de los objetos parten unos efluvios naturales que se introducen en nuestros sentidos a través de los "poros". Por otra parte, Heráclito y Parménides coincidieron en que el hombre era incapaz de captar la verdad. Para Heráclito, los sentidos eran poco fiables y Parménides afirmaba que los objetos sólo existían en el noûs.

Las exageradas conclusiones a las que llega Gorgias de que no existe nada, y de que, aunque algo fuera, no podría ser aprehendido, ni, aunque fuera aprehendido, podría ser comunicado, han sido interpretadas de distintas formas a lo largo de los tiempos. Para los historiadores de la filosofía, Gorgias ha sido incluído en la lista de los escépticos integrales y su postura considerada como un nihilismo absoluto. Para otros, como Gomperz y Dodds, se trataría de un juego retórico, según confirman las palabras del propio Gorgias al final de su trabajo, la opinión de Isócrates y el significativo silencio que guardan al respecto filósofos como Platón y Aristóteles.

Calogero estima que Gorgias arranca de una postura muy próxima a la de Protágoras, ya que se basa en un relativismo psicológico, según el cual el conocimiento es la resultante de dos elementos, la percepción procedente del exterior y el propio sujeto.

Dupréel observa que el problema más importante tocado por Gorgias es el de la realidad y afirma que el de Leontinos no sería ni un escéptico integral ni un nihilista, sino, más bien, un relativista, que abandona la ilusoria ciencia del ser y se adhiere con firmeza a la de las palabras.

Romilly señala que detrás de todo este galimatías se esconde el maestro de retórica y el filósofo, ya que aunque se habla continuamente del ser y del no ser, en última instancia lo que decide son las sensaciones u opiniones del hombre, que difieren en función de las personas o circunstancias y que son el único criterio que tenemos ante lo que nos rodea.

Newiger y Guthrie sostienen que la obra de Gorgias es una reacción contra el eleatismo. Se trataría de llevar la teoría de Parménides al extremo. Gorgias, valiéndose de las mismas premisas lógicas que el eleata, pretende probar incluso todo lo contrario de lo que afirma Parménides.

Creemos que todas las teorías expuestas anteriormente tienen su parte de verdad, todas, excepto la de los historiadores de la filosofía que han querido hacernos creer que Gorgias es un escéptico integral y un nihilista. Por el contrario, el sofista es un hombre que cree en la verdad, por más que esta sea muy difícil de aprehender. Para Gorgias, el conocimiento se basa en la experiencia frente a la vana conjetura. Por ello, el conocimiento de algo ha de basarse forzosamente en los hechos, porque sólo ellos conducen a un conocimiento claro de la situación, es decir a un saphôs eidénai. Cuando las pruebas evidentes faltan, hay que guiarse por otro tipo de hechos, como el comportamiento pasado, lo que correspondería al concepto de tò eikós, es decir, lo verosímil. Por otra parte, es de suma importancia el papel que Gorgias otorga a la memoria. Si todos tuviéramos memoria de las cosas pasadas, el sentimiento del presente y el presentimiento del futuro, el discurso, o la palabra, tendrían un valor menos ambivalente del que en realidad posee. Pero como no es así, es labor de los sabios tener previsión para no cometer ningún error.

Ya hemos dicho anteriormente que lo que Gorgias intentaba hacer, en parte, era un juego retórico. Mientras que Parménides cree que el verbo "ser" posee un significado unívoco y se puede aplicar a cualquier realidad, y el "no ser" es una predicación que no se puede aplicar a ningún enunciado, Gorgias lleva dicha teoría a su exageración al afirmar que, conforme a sus mismos postulados, tampoco se puede predicar nada del ser.

No obstante, en este juego hay tres aspectos que atentan contra la teoría de Parménides. De los tres argumentos que componen el tratado, en el primero se refuta la idea de un ser absoluto e integral independiente del sujeto. Su método es puramente dialéctico, ya que, al refutar las frases positivas, se niegan automáticamente las negativas, valiéndose de los mismos argumentos de los eleatas, los rechaza de un modo antilógico, según el cual se ofrecen varias alternativas para después eliminarlas por la reducción al absurdo. La parte segunda, si algo existe no es cognoscible, se desprende de la primera, puesto que arranca de la premisa de que si lo pensado no es existente, lo existente no puede ser pensado. Con ello se pretende negar que tengan existencia los objetos del pensamiento. Como cada sentido posee su propia esfera de actividad, lo pensado sólo tiene que ver con un sentido, el pensamiento, por lo que sólo puede ser captado por él, con lo que se aboca a un ideísmo o nominalismo. La parte tercera, si algo existe y es cognoscible, no puede ser comunicado a otros, conclusión de toda su argumentación, es la más interesante, porque llega justo al tema que más le gusta a Gorgias como rétor experto en el uso de la palabra.En todo proceso cognoscitivo existen tres cosas claramente diferenciadas: los objetos de la percepción, las palabras y el pensamiento. Percibimos lo visible por la vista y la palabra por el pensamiento. Por ello, cuando tratamos de expresar los objetos de la experiencia lo hacemos con la palabra. pero como la palabra no tiene nada que ver con los objetos, sino con el pensamiento, de ello se deduce que el lenguaje es un instrumento muy poco adecuado para expresar la realidad, ya que tiene un valor meramente simbólico.

Con todo ello Gorgias elimina toda relación entre el ser y el logos y lleva la teoría de los eleatas al absurdo, y, en este sentido, recuerda a Protágoras, puesto que defiende un relativismo, anticipado por el individualismo del de Ábdera, según el cual la palabra está muy lejos de la realidad y en el mundo no existe esa unidad de la hablaba Parménides, sino una heterogeneidad de los seres humanos y de las cosas.

CONCEPTO DE SOFISTA A LO LARGO DE LOS SIGLOS

El movimiento sofístico no halló buena acogida en el siglo V a. C. ni entre los comediógrafos ni entre los escritores del talante de Jenofonte y Platón. Más tarde, Aristóteles se sumó en la crítica a los sofistas y así se consiguió que el descrédito de los sofistas, surgido en su época, se extendiera a las generaciones venideras, que consideraban que el término sofista era sinónimo de personas carentes de principios morales y éticos, corruptores de la juventud, amigos de amasar fortunas a cambio de sus enseñanzas y filósofos superficiales frente al auténtico sabio. Incluso los vocablos relativos a los sofistas que aún hoy perviven, como "sofisma", "sofistería", "sofisticado", "sofisticar", etc. se hallan cargados de una connotación peyorativa de falsedad o afectación. Los sofistas fueron relegados al olvido, bien sea porque la mayor parte de su producción literaria ha desaparecido, bien sea por haber sido incluídos en resúmenes como los de Aristóteles, que evitaban el esfuerzo de leer sus obras completas.

A principios del siglo XIX los sofistas aparecen en los manuales de filosofía como pensadores a los que se debía tomar en serio; el propio Hegel les abrió una vía para que en el futuro se les reconociera sus méritos, al encuadrarlos junto a Sócrates y los socráticos.Un poco después Grote, aunque pensaba que los sofistas no formaban una unidad como grupo y defendían teorías equivocadas, estima que fueron los representantes de la Ilustración y el Humanismo de su tiempo y debieron ser los abanderados contra la obsoleta y anticuada tradición.

Zeller vio en ellos un movimiento homogéneo de valor muy positivo por su carácter de puente en el progreso del pensamiento en Grecia, aunque, por otra parte, los considerara como unos filósofos superficiales causantes de efectos perniciosos, tanto en el campo ético como en el científico.Nestle los considera como los continuadores de los filósofos jonios preocupados por el hombre y sus inquietudes, a quien convirtieron en el centro de sus reflexiones. En un enfoque similar Gomperz, Windelband y Jaeger defienden a estos profesores asalariados que ejercieron una labor educativa sobre los jóvenes de las familias pudientes de Atenas destinados a regir los destinos de la ciudad. De igual manera piensa Untersteiner, pues juzga que los sofistas son los representantes de una visión realista del mundo, que extiende su mirada de un modo objetivo, apoyados en la experiencia, la razón y en una inmensa confianza en el progreso del ser humano.

El profesor F. Rodríguez Adrados observa la ambivalencia del movimiento sofístico, pues, mientras por un lado sentaron las bases para un humanismo igualitario, por el otro, dieron rienda suelta a los impulsos naturales escondidos en lo más recóndito del ser humano, hasta acabar en el hedonismo de sofistas como Gorgias y su escuela. También G. Reale insiste en el carácter político y ético de los sofistas, a quienes se ha de conceptuar como a unos pensadores de talla.

Gurthrie ve en ellos a los continuadores de los presocráticos, a quienes completan con sus teorías escépticas y empíricas. Romilly hace hincapié en el racionalismo sofístico y en su afán por sentar las bases de un nuevo humanismo. Keferd los considera como unos pensadores serios con entidad propia que tuvieron una gran importancia en los distintos campos del saber humano, ya se trate de ética, sociología, filosofía o lengua.

Finalmente, la crisis de la filosofía occidental, que arrastra desde Nietzsche hasta nuestros días, ha hecho que muchos filósofos actuales levanten su voz en favor de los sofistas griegos. Nos referimos a filósofos como Nietzsche, Ibsen, Strinberg, Lou-Pandora, Kafka, Brecht, Wittgestein y Beckett, o al encendido elogio que hace de ellos el filósofo español F. Savater en su obra Apología del sofista, que considera que la filosofía no es más que una forma de escritura muy ligada a la retórica, que tan bien y con tanto encanto cultivaron nuestros sofistas griegos.

Tucídides

Fuente: Liceus

Fernando García Romero
Felipe Hernández Muñoz

Thesaurus: Guerra del Peloponeso, Pericles, Atenas, Esparta, peste, investigación histórica, metodología histórica, Heródoto, Salustio, Cornelio Nepote, Tácito, Procopio de Gaza, Juan Fernández de Heredia, Lorenzo Valla, Machiavelli, Hobbes, Nietzsche, pervivencia.

1. DATOS BIOGRÁFICOS

La vida de Tucídides comprende la segunda mitad del siglo V a.C., una época en la que Atenas conoció un florecimiento cultural pocas veces igualado a lo largo de la historia de la humanidad. Especialmente en los años que precedieron al estallido de la contienda que narra nuestro historiador, en 431 a.C., Atenas es el centro económico, intelectual y político del mundo griego, una ciudad cosmopolita a la que, en el polo opuesto de Esparta, acuden en masa los extranjeros para realizar operaciones comerciales, misiones diplomáticas o integrarse en un ambiente cultural abierto y dinámico, cuyo motor principal es el círculo intelectual creado en torno a Pericles y su segunda mujer Aspasia de Mileto, en el cual se integran filósofos como Anaxágoras y el sofista Protágoras, literatos como el poeta trágico Sófocles y el historiador Heródoto, artistas como el escultor Fidias y el arquitecto Hipodamo de Mileto, etc. La figura de Pericles y los intelectuales de su círculo, así como todo el ambiente cultural de la Atenas de la época, ejercen una influencia muy notable sobre el pensamiento de Tucídides.

El propio Tucídides nos ofrece en algunos pasajes de su obra informaciones aisladas sobre su persona. Al comienzo mismo de su Historia indica explícitamente su ciudadanía ateniense, y en 4.104 nos dice que ocupaba el cargo de estratego cuando fue enviado a Tracia, al norte de la actual Grecia, a intentar contener el avance del general espartano Brásidas, que amenazaba con tomar la ciudad de Anfípolis. Dado que para ocupar el cargo electo de estratego la edad mínima exigida era 30 años, nuestro autor no pudo haber nacido después de 454, y por lo que a su muerte respecta, tampoco pudo haberse producido antes del final de la guerra, en 404 a.C., dado que en 5.26 nos dice que sobrevivió hasta que la contienda hubo acabado; la opinión más extendida sitúa su fallecimiento hacia 398, a partir de la suposición insegura de que en 2.100 Tucídides habla del rey Arquelao de Macedonia, muerto en 399, como de una persona ya desaparecida, y en todo caso esa fecha viene a coincidir con la noticia que nos transmite su biógrafo tardío Marcelino (Vida de Tucídides 34), según el cual nuestro autor murió pasados los cincuenta años.

En 5.26 Tucídides nos transmite otra noticia importante: como consecuencia de su fracaso en el desempeño del cargo de estratego durante los sucesos de Anfípolis, vivió desterrado de Atenas durante veinte años (es decir, hasta el final de la guerra), lo cual le permitió conocer mejor "los sucesos de ambos bandos, y no menos los de los peloponesios a causa de mi destierro".

Finalmente, en 4.105 el historiador hace referencia a una nueva vinculación personal con Tracia, puesto que tenía adjudicada a perpetuidad la explotación de las minas de oro de esa región, lo cual debe relacionarse con el nombre de su padre, Oloro, antropónimo tracio que llevaba ya el príncipe de esa nacionalidad cuya hija se casó con Milcíades, el vencedor de Maratón y antepasado de nuestro historiador. Tucdides pertenecía, pues, a una destacada familia ateniense, los Filaidas, otros de cuyos miembros fueron Cimón, hijo de Milcíades, y, por parentesco político, su homónimo Tucídides, hijo de Melesias, precisamente el más importante rival político que tuvo Pericles, de manera que de nuestro Tucídides se ha dicho exageradamente que "nacido en la oposición antipericlea, se convirtió en seguidor de Pericles con un celo de converso"(art. "Thucydides", en Oxford Classical Dictionary, Oxford 19720, p.1067).

2. SINOPSIS DE LA OBRA

La obra de Tucídides es la Historia de la guerra del Peloponeso, que enfrentó a atenienses y espartanos (con sus respectivos aliados) del año 431 al 404 a. C. Desde época helenística la obra se divide en ocho libros, que se interrumpen en los acontecimientos del año 411-410. Su contenido es el siguiente:
Libro I: fundamentalmente, es una Introducción con un excurso sobre la historia antigua de Grecia, la llamada "Arqueología" (1.2-21), los antecedentes del conflicto (1.22-88) y el período de cincuenta años ("Pentecontecia") previo, desde el 480 al 431 a.C. (1.89-118). Termina con el enfrentamiento de Esparta y Atenas (1.119-146).
Libros II al V (hasta el capítulo 24): relatan la llamada "guerra" arquidámica (431-421 a.C.) hasta la paz de Nicias (421 a.C). Los episodios más conocidos son: el "Epitafio" o discurso fúnebre de Pericles en honor de los atenienses muertos durante el primer año de guerra (2.35-46); la descripción de la "peste" que asoló Atenas y el discurso final de Pericles (2.47-57 y 2.60-64); el elogio póstumo de Pericles (2.65); el debate sobre el destino de los habitantes de Mitilene tras su fallido levantamiento contra Atenas ("diálogo de los mitilenos": 3.35-50) y, paralelamente, sobre el de los plateenses tras su rendición a los lacedemonios (3.52-68), y la victoria ateniense en Pilos (4.1-16).
Resto del libro V (5.25-116): narra el período de paz fallida (421-415 a.C.) con la reanudación de la guerra tras la paz de Nicias, el episodio de Melos y el "diálogo de los melios", que defienden, sin conseguirlo, su neutralidad ante los atenienses (5.85-116).
Libros VI y VII: contienen la expedición a Sicilia (415-412 a.C.). Debemos destacar: la "segunda Arqueología" o introducción sobre el poderío de Sicilia, especialmente de Siracusa (6.1-59); el debate en Atenas sobre la expedición a Sicilia (6.8-26); el episodio de la "mutilación de los hermes" (6.27-29); la espectacular salida de la flota desde el Pireo (6.30-32); la llamada de Alcibíades a Atenas (6.53-62); la petición de ayuda de los siracusanos a Esparta (6.88-91), y la derrota y retirada de los atenienses (7.60-85).
El libro VIII narra los primeros años de la guerra en Decelia y Jonia, hasta la campaña estival del 411 a. C., con la desmoralización ateniense (8.1), la guerra centrada en el Egeo (8.13-44), el regreso de Alcibíades al bando ateniense (8.45-66), la caída, primero, de la democracia en Atenas (la "revolución de los Cuatrocientos": 8.63-72) y de la oligarquía, después (8.89-98).
La narracion de los acontecimientos siguientes fue continuada por Jenofonte en sus Helnicas, y por Teopompo y Cratipo en obras de las que únicamente nos han llegado noticias y fragmentos.
Según Luschnat (1971), puede dividirse la obra tucididea en cinco partes:

A) Proemio e Introducción (Libro I).
B) Guerra arquidámica (Libros II.1-V.24).
C) Paz incierta (Libro V.25-116).
D) Guerra de Sicilia (Libros VI y VII).
E) Guerra decélica y jónica (Libro VIII).

Desde el punto de vista cronológico, se distinguen tres partes: una guerra de diez años (libros I-V.24), una tregua de siete (resto del libro V) y otra segunda guerra de diez años (libros VI-VIII). Para Rawlings (1981), como veremos en el apartado siguiente ("la cuestión tucididea"), resulta así una estructura de perfecta unidad compositiva en la que Tucídides parece haber escrito cada guerra de diez años teniendo a la vista los sucesos de la otra, sirviendo los libros I y VI como sendas introducciones.


3. LA CUESTIÓN TUCIDIDEA

Quizá porque como el propio Tucídides afirma durante su descripción de la peste que asoló Atenas en los albores de la guerra (2.48.3), no es tan importante averiguar el origen de la enfermedad, cuestión incierta y opinable, cuanto describirla detalladamente, sus síntomas y sobre todo sus consecuencias sobre el comportamiento moral y social de los hombres, para que las generaciones futuras sepan a qué atenerse en el caso de que sobrevenga una calamidad semejante, el problema de la génesis de la obra de Tucídides (la llamada "cuestión tucididea"), que al menos hasta finales de la década de los 40 fue uno de los objetivos dominantes en la investigación sobre nuestro historiador, en los últimos decenios se ha visto relegado a un segundo plano en el interes de los estudiosos, que han preferido centrarse en la interpretación de la Historia tal como ha llegado hasta nosotros, sin conceder demasiada importancia al proceso de su elaboración, que ha sido calificado por J. de Romilly, de "vano e insoluble problema", de auténtica "tela de Penélope" continuamente tejida y destejida y nunca acabada (von Fritz). La cuestión se plantea en los siguientes términos. Al comienzo mismo de su Historia (1.1.1) asegura Tucídides que emprendió la elaboración de su obra nada más estallar la guerra y es, por otro lado, indudable que su trabajo se prolongó hasta después de la finalización del conflicto, 27 años más tarde, puesto que en 5.26 comenta Tucídides su duración y resultado final. ¿Cómo compuso, entonces, nuestro historiador una obra trabajada durante un período de tiempo tan dilatado, hasta desembocar en el texto que hemos recibido? ¿Es la obra de Tucídides, como sostiene la crítica analítica, un conglomerado no totalmente unitario de partes compuestas de manera independiente en diversas etapas, o bien, como defiende la crítica unitaria, es el resultado de una redacción continuada llevada a cabo cuando la guerra había finalizado y el historiador conocía ya su desenlace y consecuencias, o, al menos, el resultado de una redacción tardía que pretendía dar unidad a partes elaboradas previamente durante el transcurso de la guerra?.

Como en el caso de la llamada "cuestión homérica", que ha sido en bastantes aspectos el modelo en el que se han inspirado quienes han suscitado la "cuestión tucididea", la crítica analítica ha partido de la apreciación en la obra de incongruencias, que se refieren tanto a cuestiones de detalle (contradicciones entre pasajes concretos o repeticiones innecesarias de datos suficientemente bien establecidos), como a problemas de mayor calado (las supuestas contradicciones sobre las causas de la guerra o sobre la importancia de las figuras individuales en el desarrollo de los acontecimientos), sin olvidar la diversidad de extensión y desarrollo de las partes narrativas o el diferente grado de complecion de los libros (en concreto se ha insistido en que sobre todo 4.52-5.83 y 8.2-109 están faltos de la última mano, y en concreto los libros quinto, en su mayor parte, y octavo carecen de discursos) . Algunas de las incoherencias observadas existen indudablemente en el texto que ha llegado hasta nosotros, pero ¿son suficientes para postular que la obra de Tucídides es el resultado de la conjunción de partes redactadas en diversas etapas, sin una revisión final que les diera unidad, y que se pueden apreciar reflejadas en la obra huellas de cambios en los planes e incluso en la concepción que de las causas y consecuencias de los acontecimientos históricos tenía Tucídides?.

La cuestión fue suscitada mediado el siglo XIX por la publicación de un estudio de F.W. Ullrich (1846), en el que, a partir de la observacióón obvia de que Tucídides no podía haber previsto que la guerra se reanudaría tras la concertación de la "paz de Nicias" en 421 a.C., sostenía su autor que el historiador inició tras la firma de ese armisticio la redacción de su obra hasta llegar a la mitad del libro cuarto (4.51, la captura de Esfacteria), y en ese punto, cuando aún no había concluído la composición del relato del primer decenio de la guerra, la nueva ruptura de las hostilidades le hizo abandonar la redacción, que no reiniciaría hasta el año 404, una vez finalizado el conflicto. Así pues, Tucídides habría compuesto su obra en dos etapas bien delimitadas cronológicamente. Habrían de pasar más de 70 años para que se diera un nuevo paso adelante significativo en el camino del análisis de la Historia de Tucídides; fue mérito de E. Schwartz (1919) llevar el problema desde el terreno meramente literario al ámbito del pensamiento, pretendiendo hallar en la obra reflejos de una evolucion en las ideas del historiador. Efectivamente, Schwartz, a partir del estudio concienzudo de los cuatro discursos que se pronuncian en la asamblea que reúne a espartanos y aliados suyos en el libro I, en los cuales aprecia divergencias que sólo se explicarían si se considera que fueron compuestos en períodos de tiempo diferentes, sostiene que la obra de Tucídides se compone de partes concebidas y compuestas en dos etapas bien diferenciadas de la vida de su autor, marcadas cada una por una concepción diferente de la guerra y sus causas. Tucídides habría iniciado su relato con la idea de que la guerra había estallado porque los aliados de Esparta, en particular Corinto, que era la primera perjudicada por el expansionismo económico de Atenas, empujaron a los espartanos a iniciar el conflicto; sin embargo, cuando en 404 la guerra finalizó y el historiador pudo regresar a su patria desde el exilio y comprobar que el estado que más provecho había obtenido era precisamente Esparta, se hizo la luz en la mente de Tucídides y concluyó que la causa verdadera de la guerra había sido la coexistencia en Grecia de dos potencias hegemónicas irreconciliables que tarde o temprano tendrían que disputarse la primacía por la fuerza de las armas, de manera que el progresivo engrandecimiento de Atenas provocó el temor de los espartanos y los obligó a emprender la guerra (cf. 1.23.6). Por otro lado, Wilamowitz había observado ya que la obra de Tucídides quedó incompleta y por lo tanto difícilmente habría podido ver la luz en tal estado, de manera que hemos de suponer que, tras la muerte del historiador, pasó a manos de un editor que se encargó de su publicación. A partir de tal observación Schwartz argumenta que Tucídides, al cambiar sus ideas sobre la guerra, se dispuso a modificar las partes compuestas en la primera redacción, para lo cual realizó unos esbozos que el editor publicó mezclándolos con las partes antiguas y las recientemente compuestas , dando lugar a la obra que ha llegado hasta nosotros.

A partir del libro de Schwartz, las teorías analíticas conocen una evoluci´´on que las va aproximando poco a poco a posiciones más cercanas a las que defienden los unitarios. Poco después de que vieran la luz las tesis de Schwartz, Max Pohlenz (1919-1920) las modificó en el sentido de que no concebía un cambio brusco en las ideas de Tucídides coincidiendo con el final de la guerra, sino una evolución paulatina y gradual, de manera que resulta imposible marcar dos períodos diferenciados claramente por las causas a las que el historiador atribuía el estallido del conflicto. Las teorías de Schwartz y Pohlenz, no obstante unidas a una visión muy personal de la obra de Tucídides, se tratan de compaginar en el libro de W. Schadewaldt (1929), quien parte, al igual que en sus estudios homéricos, del análisis individual de determinadas partes de la Historia tucididea, en concreto los libros VI-VII (la expedición a Sicilia) y el pasaje en el que el historiador expone su método histórico (1.20-23). Sostiene Schadewaldt que es posible delimitar una evolución en el pensamiento de Tucídides, que habría compuesto la primera parte de su obra con el objetivo de exponer los hechos de la manera menos subjetiva posible, pero paulatinamente, y de modo especial después de 404, la exposición objetiva de los acontecimientos deja paso al deseo de interpretarlos e intentar hallar las pautas del comportamiento humano que permitan establecer las leyes universales que rigen la historia: "el investigador de lo cierto se habría transformado en investigador de lo verdadero" . Schadewaldt sostiene, pues, que hay que contar, digámoslo así, con "dos Tucídides", pero el segundo Tucídides no excluye al primero, sino que lo complementa y lo profundiza .

Con posterioridad al libro de Schadewaldt las tesis analíticas han continuado moderando sus postulados, como se aprecia en las obras de von Fritz (quien insiste en rastrear huellas de modificación de criterios y puntos de vista en la redacción de la Historia) y Westlake , de manera que en los últimos decenios son una excepción libros como el de Proctor (1980), en el que se distinguen nada menos que siete etapas en la composición de la obra, distribuidas en un período que comprende treinta años a partir de los momentos previos a la ruptura de las hostilidades.

Unos pocos años antes de la publicación del libro de Ullrich, Roscher había sostenido ya que la redacción completa de la Historia fue realizada por Tucídides a su regreso a Atenas tras la finalización del conflicto. Casi cien años más tarde, Patzer (1937) vuelve a defender una tesis semejante en un libro que supone, junto a los trabajos de J.H. Finley , el inicio de la demostración de que la obra de Tucídides no carece en absoluto de unidad formal, sino que ha sido elaborada de acuerdo con una estricta planificación previa, la cual implica necesariamente un período de composición unitario que sólo puede datarse tras 404, cuando el historiador pudo abarcar con su mirada la totalidad de la guerra, sus causas, sucesos y consecuencias. En los aspectos formales ha insistido más recientemente Rawlings (1981), quien ha tratado de demostrar, con notable acierto en general, que Tucídides articuló la estructura de su obra a partir de la idea de que la guerra comprendió dos períodos bílicos de diez años cada uno separados por una tregua de siete años, y que el historiador compuso la descripción de cada uno de esos dos períodos bílicos teniendo siempre presentes los sucesos del otro, lo cual sería indicio de que la obra fue redactada unitariamente o bien sufrió una profunda reelaboración que le dio unidad, siempre en un momento posterior a la finalización de la guerra .

En definitiva, a partir de los estudios de Patzer, Finley, Rawlings, etc. resulta difícil negar la existencia de un plan preconcibido de composición para la obra histórica de Tucídides, que asegura su unidad formal. No obstante, es cierto también que esa uniformidad no es absoluta y verdaderamente pueden apreciarse en el texto transmitido contradicciones y repeticiones innecesarias y partes carentes de una reelaboración definitiva, aunque no creemos que tales incoherencias reflejen cambios significativos en el pensamiento de nuestro autor acerca de cuestiones básicas como su concepción de la historia o el método histórico. En nuestra opinión, las dificultades se pueden explicar a partir de una posicin unitaria moderada como la que mantiene Jacqueline de Romilly (cf. también Luschnat, 1971), quien entiende que en la composición de la obra de Tucídides pueden distinguirse tres etapas:

1) Recopilación de anotaciones más o menos precisas en las que Tucídides reflejaría sus primeras impresiones y los datos que iba acumulando .

2) Parece lógico suponer que, en una segunda etapa, el historiador procediera a la redacción, siquiera provisional, de esas notas y no esperara al final de una guerra cuya duración era naturalmente incierta; de la existencia de una redacción parcial serían prueba los indicios de que fragmentos de la obra tucididea conocieron lecturas públicas .

3) Por último, tras finalizar la guerra en 404, la obra fue objeto de una ampliación y reelaboración definitiva, que quedó incompleta a causa de la muerte del historiador.
En definitiva, la obra que ha llegado hasta nosotros no es el resultado de dos o más etapas de redacción independientes, puesto que es difícil imaginar que, una vez acabada la guerra, un historiador metódico como Tucídides hubiera mantenido inalteradas (sin tratar de ofrecer una visión unitaria de los acontecimientos en el momento en que podía, con la experiencia acumulada, abarcar con su mirada la totalidad del conflicto) las partes compuestas a lo largo de las tres décadas durante las cuales se desarrolló el conflicto y en cuyo transcurso se produjeron evidentemente circunstancias que modificarían la impresión primera que de los sucesos había tenido nuestro autor. La Historia de Tucídides es, pues, el resultado de una revisión final que, aun inacabada, proporcionó una indudable unidad y coherencia a una obra que refleja la visión histórica del Tucídides posterior al año 404.

Y volviendo a la idea que encabezaba nuestra exposición de la "cuestión tucididea", aun cuando entre los estudiosos de la obra de Tucídides predomine actualmente la consideración de que quizá sea esfuerzo vano replantearse este problema, no cabe duda de que la aportación de los crííticos analíticos no ha sido ni mucho menos inútil. Tal vez, como ha sugerido von Fritz, la "cuestión tucididea" sea la "tela de Penélope" de los estudios historiográficos griegos, pero no ha sido trabajo desperdiciado, como tampoco lo fue en definitiva para la fiel esposa de Odiseo: el constante tejer y destejer las páginas tucidideas ha contribuído en gran medida al mejor conocimiento del entramado de la obra de nuestro autor, a su más justa valoración como historiador y como escritor.

4. METODOLOGÍA HISTÓRICA

Si comparamos la primera frase de la obra de Tucídides con la de su predecesor, Heródoto , encontramos puntos de analogía, pero también de separación: ambos las comienzan con el nombre propio, prueba ya del sentimiento de autoría que comparten, y cultivan el mismo género, la "historia" (historíe, mencionada explícitamente por Heródoto en I.1, es también el nombre que la obra de Tucídides recibe desde época alejandrina), con referencia a unas guerras sucesivas cronológicamente (las guerras médicas, en el caso de Heródoto, y la del Peloponeso, en el de Tucídides) y con especial atención a su etiología, es decir, a sus causas. Sin embargo, la de Heródoto es una guerra entre griegos y persas, por lo que a menudo la obra adquiere carácter de historia universal, con numerosos excursos sobre los distintos pueblos que van entrando en contacto con el persa (como ya defendiera Creuzer a propósito de la discutida unidad temática de la obra), desde una perspectiva profundamente religiosa y con un gran interés por los hechos culturales (los thomastá, "hechos admirables" que menciona el historiador en 1.1). La de Tucídides es, por su parte, la historia de una guerra civil entre griegos, en la que él mismo participó, entre el bando de "los Peloponesios" (la Liga peloponesíaca) y "los atenienses" (la Liga ático-délica), una historia eminentemente política en la que el elemento cultural y el religioso apenas tienen cabida.

Más aún: la Historia de Heródoto presenta todavía una vinculación con la oralidad ("decir lo que se dice", légein tá legómena, es el propósito del historiador en 7.152) y con el género literario anterior, la épica, y por ello su objetivo es también impedir que se borre la "gloria" (kléos) de esos "hechos maravillosos", mientras que la de Tucídides es ya una obra firmemente asentada en la escritura, en la "prosa" (xyngráphein) , y con un objetivo no épico, sino científico. Por eso, aunque entre ambos autores no suele establecerse una línea de separación tan infranqueable como hace unas décadas, Heródoto sigue siendo hoy considerado, tras los logógrafos, el "padre de la historia", mientras que Tucídides lo sería de la historiografía moderna, gracias, sobre todo, al método en ella utilizado.

Tras la frase inicial, Tucídides comienza su Historia con la denominada "Arqueología", una introducción tendente a demostrar que la guerra que va a tratar ha sido la más importante de las hasta entonces habidas. Y ello por una causa fundamental: nunca hasta ese momento dos bloques política e ideológicamente antagónicos habían acumulado tanto poder . El progreso económico desarrollado por los atenienses, asentado sobre el comercio marítimo, los había convertido en líderes de uno de los bandos, con el recelo del otro . Nunca hasta entonces los recursos materiales y los preparartivos (paraskeué) habían sido tan importantes y nunca tampoco se había concentrado tanto poder. La "Arqueología" se configura así como una reflexión preliminar sobre el concepto de poder político (dynamis) y la "ambición de poder" (pleonexía) del ser humano y de los Estados.

Cuando los excedentes financieros (periousía) que provoca un desarrollo económico son abundantes y la pleonexía del ser humano, y de su proyección natural, la de las póleis, no es refrenada por un sentimiento de moderación (sophrosyne) , se llega a situaciones muy peligrosas en las que el frágil equilibrio de la política de bloques es continuamente amenazado por el estallido del conflicto, de la guerra (pólemos), como ocurrió en el caso de los espartanos (y sus aliados, symmachoi) y los atenienses (y los suyos) . En este sentido, podemos hablar de Tucídides como el primer autor que ha analizado el poder como una fuerza en continuo crecimiento, que, llevada por ese impuso de "adquirir más" (pleonexía), provoca temor e inseguridad tanto en dominantes como en dominados.

En 1.20-23 encontramos los capítulos programáticos de Tucídides sobre su método historiográfico. 1.20 comienza con la queja de que los hombres suelen aceptar las tradiciones históricas "sin pruebas" (abasanástos) y termina con la de que la "búsqueda de la verdad" (he zétesis tês aletheías) suele ser para la mayoría -pero no para el autor- "carente de molestias" (atalaíporos). En 1.21 esta falta de respeto por la verdad se atribuye especialmente a los poetas, que adornan las cosas para engrandecerlas, y a los logógrafos, los primeros cronistas de la historia griega, que atendieron -según Tucídides- "más a lo agradable de oír que a la verdad" . La polaridad tan típica del pensamiento griego con su tendencia a la definición por vía negativa, por contraste, se advierte también en las características del método que el historiador nos va perfilando: un método nuevo, ausente en sus predecesores, que quiere ser original con un respeto escrupuloso por la verdad, con más preocupación por el contenido que por la forma. Como afirma R. Grisolia , en la opinión de Tucídides tanto poetas como logógrafos buscan lo mítico, pero no la verdad. A esa "falta de color mítico" (tó mè mythôdes) en su Historia, que tal vez desagrade a algunos, se refiere el historiador en el párrafo siguiente (1.22) , importante también porque contiene las consideraciones sobre la función y tratamiento de los discursos en su obra .

Tucídides lo comienza con la constatación de la dificultad que supone para él recordar exactamente lo dicho (tén akríbeian autèn tôn lechthénton). Por ello, en el plano del significante, esto es, de la pura literalidad, deberá conformarse con tá déonta, con las expresiones que a él le parecen más apropiadas en cada caso; pero en el plano del significado, de los conceptos, se ajustará todo lo posible al sentido de lo que verdaderamente fue dicho (echoménoi hóti engytata tês xympáses gnômes tôn alethès lechthénton) .

A continuación el historiador nos expone su método de información: no se ha valido de cualquier fuente ni de su propia opinión , sino que ha relatado acontecimientos en los que ha estado personalmente presente o ha podido interrogar a otros "con toda la exactitud posible". Pese a la enfática afirmación de su voluntad de exactitud y objetividad, para algunos críticos sigue siendo ésta de la Quellenforschung una cuestion problemática. Ya lo fue antiguamente para Dionisio de Halicarnaso, quien tachó a nuestro historiador de desleal y antipatriota, precisamente por no mostrar claramente sus simpatías hacia el bando ateniense, y más recientemente para Collingwood, quien le acusó de "mala conciencia" por silenciar el origen exacto de esas fuentes de información (cf. Guzmán Guerra, 1989: p.15). Con ello se relaciona el tema de la credibilidad de su Historia, y, en general, el papel en ella del elemento personal. A pesar de que Tucídides tenga algunas filias (especialmente Pericles, pero también Temístocles, Nicias, Antifonte, Brásidas, Arquidamo y Hermécrates) y fobias (Cleón, Hipérbolo y Atenágoras), y de que en algunos discursos cada bando refleje una noción cambiante de la verdad , hay consenso en ver, como G. Schepens (1980), en Tucídides al fundador de la historia moderna con un método innovador en el que priman la objetividad, la precisión y la imparcialidad, y con un lenguaje especializado -como veremos- para expresar la abstracción y el análisis psicológico; un historiador que se ha propuesto buscar tò saphés, lo cierto y seguro, desechando los bellos relatos de poetas y logógrafos, y que llevado por este afán de precisión se ha servido de una cronología "por veranos e inviernos" (katá thére kaì cheimônas) en lugar de la tradicional por magistrados epónimos ya que, como afirma en 5.20, "este método no es exacto cuando un acontecimiento ocurre al comienzo de una magistratura, a mediados o en otro momento cualquiera" .

Es así que para nuestro historiador la verdad es algo que sólo se halla "con mucho esfuerzo" (epipónos), afirmación que recoge "en anillo" lo dicho por él en 1.20 a propósito de "lo carente de molestias" (atalaíporos) que es para la mayoría esta "búsqueda de la verdad" . Por eso la obra de Tucídides quiere ser un ktêma es aieí, una "adquisición para siempre", un modelo de interpretación de validez universal para acontecimientos "que en algún otro momento hayan de ser iguales o parecidos, de acuerdo con la ley de los sucesos humanos". Con ello entronca el propósito de "utilidad" (ophélima) proclamado, porque "Tucídides pretende que los lectores saquen consecuencias y aprendan al comparar los sucesos históricos, en la firme idea de que el conocimiento del pasado servirá mejor para interpretar el futuro" (López Férez, 1986: p.193) . Nos encontramos, en suma, con "un método eminentemente racional que pretende desentrañar la `causa verdadera? (aitía, alethés próphasis) de las aparentes, de los meros `pretextos' (propháseis) y que se manifiesta, sobre todo, en la capacidad de previsión (...) Método que asciende inductivamente desde los datos particulares a las conclusiones generales, cercano al de la medicina hipocrática incluso en el vocabulario empleado (...) Al igual que el médico, también el historiador y el político deben observar cuidadosamente los "signos" (semeîa) externos de la realidad, interpretar los "indicios" (tekméria) y pronosticar el curso posterior ya sea de una enfermedad o de un acontecimiento político" . En el caso concreto de la guerra del Peloponeso, Tucídides encuentra como "causa más verdadera" (1.23.6: alethestáte próphasis) "que los atenienses, al hacerse poderosos e infundir miedo a los lacedemonios, les obligaron (anankásai) a luchar".

Semejante método se inserta naturalmente dentro de una corriente ideológica que podríamos denominar racionalista y antropológica en la que también se encuadran la sofística, los médicos hipocráticos y el círculo de intelectuales en torno a Pericles. Nada tiene de extraño, por tanto, que la Historia de Tucídides distinga continuamente (Huart, 1968: pp.500 ss.) entre la esfera racional (representada por gnóme) y la irracional (orgé y tyche): por un lado está la razón humana, manifestada especialmente en la capacidad de previsión, de prónoia, de los grandes estadistas como Pericles y Temístocles; por otro, la sinrazón, lo irracional , ya sea de las multitudes y demagogos, ya del azar, ese parálogos tês tyches que la mayoría de las veces, según H. P. Stahl (1966), da al traste con los mejores planes humanos.

El silencio de Tucídides sobre la intervención divina en la historia -que se palpaba continuamente en Heródoto- no le impide, sin embargo, reconocer la importancia de la religión, y de algunas de sus manifestaciones (como los oráculos), en los valores morales de una sociedad . Religión y moralidad son para él, pues, conceptos estrechamente unidos. La dislocación de valores que trae consigo la guerra también repercute en la práctica religiosa: así, en 3.81 equiparará la violación de los recintos sagrados con el asesinato. Por eso, tampoco se puede ver en Tucídides a un escritor amoral, como pretendiera A.G. Woodhead (1970), a un pragmático defensor de la Machtpolitik, de la "política del más fuerte" o del criterio de conveniencia (tó xymphéron) por encima del de justicia (tó díkaion) . Con Hornblower (1987: p.72) y Calonge (1990: pp.76-7 y 82-3), parece razonable no atribuir a Tucídides todas las ideas que en su Historia, sobre todo en los "diálogos" y discursos, aparecen en boca de los distintos personajes, a veces contradictorias entre sí, sino las que el propio autor emite sin atribuirlas a otros. La más repetida es, precisamente, la queja por la quiebra de valores morales que trae consigo toda guerra, especialmente si es civil (stásis) , como podemos leer en 2.52-3, al final del pasaje sobre la "peste", y 3.81ss., a propósito de las luchas intestinas.

Algunos autores han constatado una cierta evolución en el método tucidideo desde una una historiografía objetiva a otra más literaria que no excluye elementos dramáticos y una cierta manipulación . A esa supuesta evolución o cambio ya nos hemos referido al tratar la "cuestión tucididea" y comentar aportaciones como las de Schwartz (1919), Schadewaldt (1929) o Westlake (1968). Sólo queremos apuntar que el consenso que en la actualidad parece existir sobre una revisión final de la Historia después del año 404, hace más difícil -aunque no imposible- esas pretendidas evoluciones ideológicas (desde el historiador científico al filósofo de la historia), políticas (desde el aristócrata conservador al demócrata ferviente partidario de Pericles) o literarias (en la profundización de caracteres) de Tucídides.

5. LENGUA Y ESTILO

Aunque Dionisio de Halicarnaso (Sobre Tucídides. 24) coincide con Cicerón (Bruto 288) en calificar como "arcaica" la lengua de Tucídides, cada vez es mayor el número de investigadores que se inclina a verla en estrecha relación con la Koiné (Romero Cruz, 1985: p.125). En opinión de López Eire (1984: pp.246 ss.), Tucídides se habría valido de dos subsistemas del ático: uno más conservador y en consonancia con la lengua de las inscripciones, y otro más culto e innovador, con rasgos procedentes del jónico y que será germen de la Koiné. De esta manera, en la lengua de nuestro autor conviven ciertos rasgos arcaizantes en fonética y sintaxis (grupos -ss- y -rs- en lugar de los propiamente áticos -tt- y -rr-, respectivamente; es y xyn; anástrofe con perí; omisión del artículo; construcción nominal) con otros claramente innovadores (perífrasis de sustantivo verbal más verbo auxiliar; sustantivación de adjetivos y participios neutros; infinitivo sustantivado con valor consecutivo final ; retroceso del superlativo en favor del comparativo; pérdida progresiva del optativo y del valor aspectual resultativo del perfecto; sobreabundancia de usos y valores de kaí; vacilación en el empleo de las voces activa y media; giros preposicionales en lugar de casos, etc.) (López Férez, 1986: pp.195-6, y 1988: p.550).

Los arcaísmos pueden explicarse por su larga ausencia (casi veinte años de destierro) de Atenas, al utilizar giros arcaicos o que comenzaban a serlo cuando redactó definitivamente su obra, mientras que los rasgos jónicos responden más bien a la influencia que una prosa ya desarrollada ejercería sobre la naciente prosa ática. Para Rosenkranz , la mayor parte de los llamados "jonismos" tucidideos son en realidad rasgos compartidos con el ático arcaico, más tarde eliminados.

En efecto, si hasta entonces el jonio era la lengua de la historia, con Tucídides el ático se consagra como la lengua de este género literario. Para ello no contaba con ningún antecedente plenamente satisfactorio, por lo que tuvo que aglutinar elementos de muy diversa procedencia hasta constituir una lengua mixta de tipo erudito con elementos compartidos con Heródoto, el Corpus Hippocraticum, la tragedia, los sofistas o la propia Koiné.

Precisamente a la influencia de los sofistas y, más concretamente, de Protágoras y Critias, puede deberse el afán de distinción y precisión terminológica que se advierte en el léxico de Tucídides. A dicho afán responde, en parte, la presencia de hápax, por la necesidad de expresar nuevos conceptos. Son, en total, 1789 hápax legómena, de los que 92 no vuelven a documentarse posteriormente (Romero Cruz, 1985: p.127) . Suelen ser términos técnicos relacionados con el mundo judicial, el ejército, la marinería y la medicina, especialmente con los primeros tratados hipocráticos. Muchos de ellos son verbos compuestos (llegando hasta los cuatro preverbios), que revelan la capacidad de análisis y matización de Tucídides, predominando anti-, lo que para algunos críticos, como Schmid-Stahlin, ya refleja su tendencia a la expresión antitética, que, como veremos después, es un rasgo destacado de su estilo literario. Entre estos hápax pueden leerse formaciones en -sis, indicio claro de su nivel de abstracción (Romero Cruz, 1985 : p.127 y 1988, pp. 33-4).

Este deseo de abstracción conceptual también se advierte en el empleo o creación de derivados en -ma, que Tucídides distingue cuidadosamente de los en -sis (Huart, 1968: pp.21-3), o en la sustantivación de infinitivos, adjetivos y participios neutros, a veces seguidos de un genitivo dependiente (Rusten 1989: p.23), tipo "tò aischrón toû lógou", y, en general, la preferencia por los giros nominales sobre los verbos correspondientes, esa onomatiké léxis de la que hablaba Dionisio de Halicarnaso (Carta a Ammeo 2.5.426) . Si a todo ello añadimos su profundización en el ámbito psicológico , nos encontraremos con un vocabulario sumamente original, en estrecha unión a la originalidad también de su pensamiento (Huart, 1968: pp.30-2).

Y ello es así porque en Tucídides la forma, el estilo, es algo secundario respecto a sus ideas, al contenido. Hay una continua tensión entre las ideas y su expresión porque, al no contar todavía con una subordinación suficientemente desarrollada, aquellas no suelen encajar dentro de la léxis eiroméne, del "estilo encadenado", paratáctico, disponible. Y aquí radica el principal problema del estilo tucidideo: su profundo esfuerzo de análisis de la realidad, traspuesto al campo de la lengua, suele traducirse en una sensación de rigor, entendido como seriedad, pero también como sequedad, austeridad, dureza. En términos generales puede decirse que el período tucidideo ocupa un lugar intermedio entre el de Heródoto, de cortas frases yuxtapuestas, y el de Isócrates o Demóstenes, más regular y armonioso.

También puede afirmarse que asistimos a dos niveles diferentes de dificultad, según se trate de los érga, la sucinta exposición de los hechos acecidos en la guerra, o de los lógoi, la interpretación que de esos hechos se ofrece, en especial a través de los discursos reproducidos más o menos fielmente (Romero Cruz, 1985: p.123). En este segundo nivel la dificultad a veces se hace máxima llegando hasta la ininteligibilidad, de la que se quejaba Cicerón en Sobre el orador 9.30: "ipsae illae contiones ita multas habent obscuras abditasque sententias vix ut intellegantur". Para otro crítico antiguo, Marcelino (Vida de Tucídides 35), biógrafo tardío de nuestro autor, esta oscuridad era conscientemente buscada por Tucídides para conseguir una selección de sus lectores, "para no ser accesible a todos (...) sino obtener la admiración sólo de los máss sabios", de lo que también se hace eco el anónimo epigramista de la Antología Palatina (IX, 583), prestando su voz a la obra: " ¡Oh, amigo! Si eres inteligente, cógeme en tus manos, pero si completamente / eres ignorante de las Musas, deja lo que no entiendes, / pues no soy accesible a todos: pocos son los que aprecian / a Tucídides, hijo de Éloro, ateniense de linaje."

Siguiendo con las opiniones de los críticos antiguos, Quintiliano (10.1.73) definía el estilo de Tucídides como "densus et brevis", esto es, conciso, una "concisión llena de oscuridad" para Dionisio de Halicarnaso (Sobre Tucídides 33), propia de quien quiere encerrar en pocas palabras multitud de hechos y una gran riqueza de pensamiento. En un pasaje anterior (24) el mismo crítico enumeraba los cuatro "instrumentos" (órgana) del estilo de Tucídides: 1) "tó poietikón tôn onomáton", "lo poético de las palabras"; 2) "tó polyeidés tôn schemáton", "lo multiforme de las figuras"; 3) "tó trachy tês harmonías", "la aspereza de la armonía", y 4) "tó táchos tón semasiôn", "la rapidez de las significaciones". Veamos, siquiera brevemente, cada uno de ellos.
1) En primer lugar, parece innegable el color poético, a veces arcaico, que muchas veces tiene la lengua de Tucídides , empleando términos raros o que habían caído en desuso, por ejemplo, akraiphnés, "puro, no contaminado", en lugar de akératos o de anakoché, "tregua", en vez de spondaí.

Aunque la de Tucídides sea una obra en prosa (syngraphé, como afirma en su comienzo), algunos críticos han visto coincidencias estilísticas con la poesía. Así, puede considerarse un recurso típicamente poético, pindárico por más señas, la declaración inicial en la obra de la importancia de la materia que va a ser tratada (en nuestro caso, la guerra del Peloponeso) como medio indirecto para ensalzar la propia obra.

También puede subrayar esa impresión poética la predilección -ya mencionada- de Tucídides por la expresión nominal en sus varias formas, acuñando abstractos libremente, como lo hacía Eurípides a finales del s. V, e incluso llegando a su personificación (de pólemos en 1.122.1 o de elpís en 5.103.1).

Cabe considerar como otro rasgo que acerca la prosa a la poesía el intenso dramatismo de algunos pasajes tucidideos en los que el autor logra mantener al lector en tensión, como ocurre en el relato de la campaña en Sicilia. El procedimiento empleado -ya descubierto por Homero- consiste en anticipar, primero, y retrasar, después, el desenlace de un acontecimiento importante. Las referencias cruzadas entre partes alejadas de la obra son así indicio de una voluntad literaria unificadora de su autor y un criterio importante de discusión en la denominada "cuestión tucididea".

En relación con el rasgo anterior está el de la "composición en anillo" o Ringkomposition, suerte de tríptico estructural mediante el que una idea inicial, tras un desarrollo, es recuperada como conclusión final, procedimiento que Tucídides utiliza en algunos excursus , pero, sobre todo, en la estructura del libro I .

Acabamos de referirnos a la tensión dramática de algunos pasajes de nuestro autor. En el caso de las afirmaciones vertidas a propósito de Nicias en 5.16 y 6.19 puede pensarse en la ironía trágica; en el "diálogo de los melios" Cantarella ha hablado de una "stychomitía trágica" en la que "argumentos y palabras rebotan de una a la otra parte", y este mismo crítico ha equiparado las consideraciones finales sobre la derrota en Sicilia (7.87) al éxodo de una auténtica tragedia (1967: pp.429-31) .

La contraposición no sólo está presente en el "diálogo de los melios" . Es procedimiento grato a Tucídides, siempre preocupado por la objetividad y por ofrecer distintos planos de enfoque, especialmente los dos en liza en el caso de las antilogías. No obstante, la antítesis como recurso literario cae mejor bajo el segundo apartado.

2) La afirmación de Dionisio de Halicarnaso sobre la multiplicidad de figuras retóricas en Tucídides es más discutible. Su uso es relativamente escaso y subordinado a la marcha del pensamiento. La metabolé o variatio meramente formal no le interesa si no va acompañada de una matización conceptual. Según Ros (1938), se utiliza para evitar estructuras excesivamente simétricas y añadir riqueza a un estilo de otra manera demasiado austero y monótono.

No es Tucídides un autor que haga demasiadas concesiones al lector en este aspecto. Sólo en los discursos y diálogos encontramos huellas ciertas de las figuras retóricas llamadas "gorgianas", aunque este sofista no fuera su inventor sino, más bien, su sistematizador, porque en realidad eran ya empleadas antes de su llegada a Atenas (427 a. C.). Por ejemplo, ya en la Medea de Eurípides, del 431 a. C., hay elementos retóricos coincidentes con los de los discursos de Tucídides .

Entre todos ellos debemos destacar la antítesis. Como señala Rusten (1989: pp.23-5), a Tucídides no le bastaba la tradicional oposición de conceptos mediante las partículas mén / dé, por lo que utilizará también la de te / kaí, te / te e incluso contraposiciones tripartitas del tipo oute / te / te (2.39.2), te / te / te (2.40.1) y oute / oute / te (2.47.4). Otro tipo de contraste es el "esquema kat' ársin kaì thésin" o afirmación negativa-positiva en la forma medén / allá, ou / dé o con la partícula comparativa mâllon: ou / allá mâllon ("no esto, sino más bien esto otro": 2.43.1) y ou...mâllon / allá ("no esto mejor, sino esto otro": II.43.2). En estos casos de contraposiciones en forma comparativa no hay propiamente una comparación o preferencia, sino una aceptación enfática de uno de los términos y un completo rechazo del otro, por ejemplo: 2.40.I (mâllon / é) y 2.41.2 (ou...mâllon / é).

La construcción antinómica encuentra su culminación artística en el Epitafio, puesto en boca de Pericles, del libro II, pero incluso aquí lo importante sigue siendo, no los recursos externos (lítotes, oxímoron, paralelismos de miembros, rima final, etc.), sino la oposición de conceptos que se oculta tras los paralelismos formales: en Atenas se da una conjunción de contrarios, una "coincidentia oppositorum" en la que coexisten armónicamente cualidades que en otros lugares son contradictorias, antagónicas. Tucídides ve en su ciudad, cuando la gobernaba Pericles, una síntesis ideal, no sólo política, capaz de superar las antítesis o antinomias: una palíntonos harmonía, "armonía de contrarios".

3) También se ha dicho del estilo de Tucídides que su originalidad radica en la armonización de elementos contradictorios . Como afirmaba Dioniso de Halicarnaso, la de Tucídides es una armonía "áspera", una aspereza ya desde el nivel fono-estilístico, con predominio de las consonantes (frente al de vocales en el estilo del orador Isócrates), y que continúa y se reafirma en el sintáctico , con cambios atrevidos de construcción e hipérbata violentos, con anacolutos frecuentes y un orden de palabras a menudo irregular y fuertemente enfático: un estilo, pues, fuertemente disimétrico (la famosa "inconnitas" tucididea) que ha influido en el de otros autores y que, según Dionisio de Halicarnaso, sería el opuesto del simple, pero desvaído, del orador Lisias (Sobre Demóstenes 13; 9-10).

Blass denomina "descendente" ("absteigende") este tipo de período tucidideo en el que una idea inicial es luego desarrollada por una serie de circunstancias: el enunciado de la acción y el de la causa se realiza normalmente mediante participios o frases subordinadas de primer grado, que constituyen la estructura del período; los hechos concretos y particulares constituyen las subordinadas secundarias, y las frases de relativo y paréntesis (unos trescientos) expresan todo tipo de precisiones temporales, topográficas, etc. Todo ello implica un profundo esfuerzo de análisis lógico y psicológico, y luego de trasposición, no sin tensiones, al campo lingüístico, en que cualquier variación del esquema general suele tener un matiz significativo.

4) El cuarto elemento al que se refería Dionisio de Halicarnaso es la "rapidez de las significaciones". En efecto, el estilo de Tucídides suele ser muy braquilógico, de extrema concisión, siempre preocupado por decir mucho en pocas palabras, con frecuentes elipsis y "sentencias" o "gnômai" (más de un centenar), especialmente en los discursos, que lo acercan en ocasiones al estilo de la poesía . Un estilo que informa a lo que con cierto anacronismo llamaríamos un "ensayo político" y que, pese a la abundancia de paréntesis -que realizarían la función de las actuales notas-, por su densidad requiere continuamente del auxilio de los comentarios.

Y es, además, un estilo que, según Cantarella (1967: p.428) no ha sido inmutable, sino que parece haber evolucionado a lo largo de la obra: más amable y colorista al principio, en la denominada "Arqueología"; más nervioso y conciso, más tucidideo, en suma, a medida que se aproxima e introduce en la guerra, alcanzando la fría precisión de un diagnóstico clínico en la descripción de la "peste" y la corrupción moral que produjo. Cambiante también y multiforme en los discursos, quizá con propósitos de caracterización literaria de sus oradores, a la vista del estilo lento, reflexivo, algo ampuloso de Nicias en comparación con el más ágil y rápido de Alcibíades .

Un estilo, en definitiva, que, aunque fue imitado por otros autores antiguos (Demóstenes, Salustio, Tito Livio, Tacito), también fue, no pocas veces, incomprendido: frente a las críticas -ya conocidas- de un Cicerón o un Dionisio de Halicarnaso, demasiado sumisos a los cánones retóricos de Isócrates, se alza el reconocimiento del sagaz e innominado autor de Sobre lo sublime.

6. PERVIVENCIA

Tucídides se ha preocupado en su Historia de buscar pautas del comportamiento humano para, a partir de los hechos que narra, establecer leyes universales válidas para toda época y lugar; no es por ello de extrañar que nuestro historiador, en lo que respecta a algunos problemas capitales como el poder y sus efectos sobre los acontecimientos históricos, se halle, como afirma Woodhead, en el comienzo de un dilatado proceso histórico-filosófico, algunos de cuyos eslabones son Machiavelli, Hobbes o Nietzsche, en quienes se han apreciado indudables ecos tucidideos. Pese a ello, o quizá precisamente a causa del carácter excepcional de su personalidad y de su obra, ésta no tuvo realmente continuadores inmediatos en cuanto al espíritu que la anima, aunque sí los tuviera en lo que respecta a su argumento, que fue exactamente continuado, según se señaló anteriormente, por Jenofonte en sus Helénicas y también por otros historiadores como Cratipo o Teopompo, y cuando, ya en época helenística, Polibio intenta recuperar sus principios, el resultado es una obra completamente distinta.

Se ha destacado también como hecho ciertamente notable que en los grandes autores del siglo IV a.C. no se encuentren referencias directas a la obra de Tucídides, aunque sí contamos con tradiciones antiguas que nos indican que fue leído, aunque al parecer no muy apreciado, por Platón , o que Demóstenes copió ocho veces íntegra la Historia tucidídea con el fin de familiarizarse con ella, y a fe que lo consiguió hasta el punto de que, según se nos cuenta en la Vida de Demóstenes de Zósimo (pero tampoco hay que hacer mucho caso), el orador pudo recomponerla de memoria cuando se perdió el ejemplar del historiador en un incendio de la Biblioteca de Atenas . No obstante, como ha precisado Simon Hornblower , el hecho de que Tucídides no sea mencionado no significa que no fuera leído y, si bien indudablemente no conoció la popularidad de Heródoto o Jenofonte, reflejos de su obra pueden hallarse tanto en los oradores (no solamente en Demóstenes, sino tambien en Isócrates y algunos oradores menores) como en los propios historiadores (además de los antes mencionados, también en Calístenes, Filisto de Siracusa, Eforo, los atidógrafos, Jerónimo de Cardia, el propio Aristóteles en sus obras de contenido histórico, etc.). Debe también tenerse en cuenta que incluso para los propios antiguos Tucídides no era un autor en absoluto fácil , y que su estilo fue valorado muy negativamente por uno de los críticos más influyentes de la Antigüedad, Dionisio de Halicarnaso, que llega incluso a poner en solfa, de manera absolutamente equivocada desde nuestro punto de vista, la propia elección del tema: "Heródoto tuvo más acierto que Tucídides, que escribió sobre una guerra que no fue ni gloriosa ni afortunada, la cual o, en el mejor de los casos, no debió haber tenido lugar, o, si tuvo lugar, habría de ser ignorada por la posteridad y relegada al silencio y al olvido" (Carta a Pompeyo 3) . Como compensación, la obra de Tucídides recibió los elogios de críticos no menos influyentes como Plutarco (Sobre la gloria de los atenienses 347a) y Pseudo-Longino (Sobre lo sublime 22.3), además naturalmente de los vertidos por su biógrafo Marcelino, y, en definitiva, en el único tratado sobre teoría historiográfica que de la Antigüedad ha sobrevivido, Cómo debe escribirse la historia de Luciano de Samosata, del s.II p.C., es Tucídides y no Heródoto quien aparece, en el cap.42, como "legislador" del género historiográfico.

También se ha apreciado la huella de Tucídides sobre la historiografía latina, en particular en la obra de Salustio , tanto en lo que se refiere al estilo como al método seguido en el acopio y exposición de los datos, e igualmente en la de Cornelio Nepote y, a través de ambos, en Tácito. En Lucrecio 6.1138-1283 numerosos pasajes son traducción directa de la descripcion que hace Tucídides en su libro segundo de la peste que asoló Atenas durante los primeros años de la guerra, y ecos evidentes de la misma descripción se hallan también en Virgilio, Geórgicas 3.478-566, y Ovidio, Metamorfosis 7.523 ss., probablemente pasados a través del tamiz de Lucrecio.

Este mismo pasaje tucidideo ha servido igualmente de modelo para la descripción de epidemias que encontramos en historiadores de la Antigüedad tardía y de época bizantina. Es el paradigma que sigue Procopio de Gaza cuando relata la plaga que diezmó Constantinopla durante el reinado de Justiniano en 542 p.C. (Guerra Pérsica 2.22-23), y lo propio cabe decir del emperador Juan Cantacuceno en su narración de la gran plaga de 1347 (4.8), aunque ambos historiadores se queden más bien en la superficie del relato tucidideo, en la descripción patética de la epidemia, sin profundizar en su impacto sobre el comportamiento social y moral de los hombres. Tucídides, sin duda, contaba entre los autores clásicos de primera fila para los eruditos bizantinos, y su influjo se puede rastrear entre los escritores más importantes (el caso del gran Miguel Pselo o el de la obra histórica de Ana Comnena, ambos del siglo XI, es claro) e incluso hasta el final del Imperio Bizantino, pues el historiador Critobulo compone su relato de la caída de Constantinopla en poder de los turcos en 1453 en un estilo que pretende imitar el de Tucídides, ¡diecinueve siglos después! (un caso de arcaísmo propio de la cultura bizantina que, se ha dicho, sólo encuentra paralelos en la cultura china).

En Occidente, el redescubrimiento de Tucídides a partir del siglo XIV significó el inicio de la alta estimación de su obra en las centurias sucesivas. Se ha sugerido que ya Boccaccio, uno de los primeros hombres occidentales que pudo aprender griego, siquiera rudimentariamente , tuvo quizá in mente la descripción tucididea de la peste cuando se refiere, al comienzo del Decamerón, a la epidemia que arrasó Europa mediado el siglo XIV . Pero la primera versión de Tucídides en Occidente tras los siglos oscuros fue la traducción al aragonés realizada hacia 1385 bajo el mecenazgo de Juan Fernández de Heredia, Gran Maestre de la Orden de San Juan de Jerusalén y destacado personaje del ambiente cultural de la corte papal de Aviñón, y conservada en el manuscrito 10801 de la Biblioteca Nacional de Madrid, procedente de la biblioteca del Marqués de Santillana . Para la traducción, que contiene únicamente los discursos acompañados por una breve introducción, se siguió un complejo proceso, explicable por el hecho de que el griego clásico era apenas conocido en Occidente: el texto original fue vertido por el erudito bizantino Demetrio Calodiqui al griego de la época, de donde a su vez fue traducido al aragonés probablemente por el dominico Nicolas, obispo de la ciudad etolia de Drenípolis.

Lamentablemente, tan buen inicio no tuvo una continuación igualmente afortunada y la obra capital de Tucídides no conoció en nuestro país en los siglos posteriores la difusión que merecía. La primera traducción completa al castellano fue publicada en la imprenta salmantina de Juan de Cánova en 1564, pero su autor, el secretario real Diego Gracián, no partió del original griego, sino que se basó en la traducción francesa de Claude de Seyssel (París 1527), a su vez basada en la traducción latina de Lorenzo Valla, a la que luego nos referiremos , de modo que no es difícil deducir los muchos defectos que puede tener una traducción resultado de tan gran número de trasvases. Pese a que se conocen algunas noticias que nos hablan de proyectos de traducir a nuetro autor al castellano en las centurias sucesivas, habría que esperar nada menos que hasta 1952-55 para que viera la luz la primera versión completa y directa del original griego de la obra de Tucídides a nuestra lengua, realizada por F. Rodríguez Adrados para la editorial Hernando, si bien es verdad que, por la ley compensatoria del péndulo, pasados otros treinta años han aparecido casi sumultáneamente (y si fuéramos optimistas veríamos en ello una prueba de la actualidad del pensamiento de nuestro historiador) cinco traducciones más de la Historia de la Guerra del Peloponeso . Así pues, si juzgamos por la cantidad de traducciones y estudios monográficos consagrados a nuestro autor, hemos de deducir necesariamente que su influencia en la historiografía y en la erudición española en general ha sido muy reducida. No obstante, Tucídides, ya fuera en el original griego ya en sus traducciones, se encontraba frecuentemente incluido entre los autores difíciles en los planes de estudios de colegios y universidades españolas que comprendían el estudio de los clásicos griegos , y llegó a ser obra introducida por la "peligrosidad" de sus ideas en el Indice de libros prohibidos que en 1583 realizó el inquisidor Cardenal Quiroga.

Del emperador Carlos V se decía, sin embargo, que no abandonaba su ejemplar de Tucídides cuando partía hacia sus campañas bélicas, y ecos de la concepción histórica de nuestro autor se han querido apreciar de manera esporádica en algún historiador como el cronista de Enrique IV Diego Enríquez del Castillo (1443-1503) o en los Discursos políticos, morales e históricos (Madrid 1804) de Antonio de Herrera .

Fuera de nuestras fronteras, en cambio, la fama de Tucídides entre los teóricos de la ciencia política e historiográfica ha sido notable y constante, una fama que parte indudablemente de la traducción latina que entre 1448 y 1452 llevó a cabo, por encargo del Papa Nicolás V, muy aficionado a los historiadores griegos, el gran humanista Lorenzo Valla, la cual permitió la difusión de la obra del historiador en los círculos intelectuales europeos y precedió en cincuenta años a la editio princeps de nuestro autor, que debemos, cómo no, a las prensas venecianas de Aldo Manuzio . Como se ha encargado de asentar de manera definitiva Karl Reinhardt , la huella de Tucídides es evidente en los escritos de Machiavelli, especialmente cuando expone sus teorías sobre el poder, que parten, como en el caso de Tucídides, de la aceptación de la unidad psicológica de la naturaleza humana; afirmaciones como "los hombres esencialmente son siempre los mismos y tienen las mismas pasiones; así cuando las circunstancias son idénticas, las mismas causas traen consigo los mismos efectos, y por consiguiente los mismos hechos sugieren las mismas reglas de conducta", o "si consideramos los hechos actuales y los pasados, se reconoce sin dificultad que en todos los estados y en todos los pueblos encontramos siempre los mismos deseos y la misma configuración, de manera que a quien analiza los sucesos pasados le resulta fácil prever lo que sucederá..." (Discursos 3.43), nos traen a la memoria algunos de los principios en los que se basa la concepción histórica de Tucídides, quien nos dice que "se abatieron sobre las ciudades muchas calamidades por las disputas civiles, que suceden y siempre sucederán mientras la naturaleza humana siga siendo la misma" (3.82.2) o "cuantos vayan a querer conocer la verdad de lo sucedido y de lo que en el futuro de nuevo va a suceder de manera igual o semejante de acuerdo con la naturaleza humana..." (1.22.4). La huella de Tucídides se deja sentir igualmente en teóricos de la política de los siglos posteriores, en Michel de l' H?pital en el XVI , muy particularmente en Hobbes, cuya traducción de nuestro autor apareció en 1629 y de quien se repite a menudo que es quizá en muchos aspectos su más fiel discípulo , también seguramente en Nietzsche y su teoría del Wille zur Macht , e incluso se ha sugerido que la descripción del desarrollo político y económico del mundo griego que Tucídides realiza al comienzo de su Historia presenta perspectivas que lo relacionan con los postulados marxistas.

Por lo que a nuestro siglo respecta, han sido muchos los autores que, tratando de demostrar lo que Woodhead ha llamado "la perpetua contemporaneidad de los estudios tucidideos", se han preocupado por señalar paralelismos entre los hechos historiados por Tucídides y los acontecimientos que nuestro siglo ha vivido (cf. Alsina, 1975), llegando incluso a extremos quizá exagerados quienes como Lord , en un libro en el que se establecen similitudes entre la Guerra del Peloponeso y la Segunda Guerra Mundial, llegan a afirmar que Tucídides está más cerca del siglo XX que del siglo V a.C. En todo caso, no por utópica es en absoluto descabellada la recordada frase de uno de los más destacados estudiosos de la obra de Tucídides en nuestro siglo, el profesor Gomme: "a veces pienso que nadie debería ocuparse de política internacional sin haber leído antes a Tucídides". Eso es lo que hace al menos el viejo político de la novela de Isabel Colegate Estatuas en un jardín, ambientada en la Inglaterra de 1914: "Después de todo, no me siento sentimental esta noche, como creí por un momento. No. Contento simplemente. Alegaré que tengo que trabajar, escaparé pronto, me acostaré y leeré a Tucídides" .

7. TRANSMISION DEL TEXTO

La obra de Tucídides se nos ha conservado en aproximadamente 80 manuscritos, de los cuales únicamente seis son antiguos y el resto recentiores . A su testimonio se añaden los pasajes de la Historia citados por autores posteriores a nuestro autor, a partir de época imperial especialmente, y los textos transmitidos por una treintena de fragmentos papiráceos, uno de los cuales, del siglo III a.C., es probablemente anterior a la fijación del texto por parte de los filólogos alejandrinos, puesto que la primera edición, comentada, de Tucídides se atribuye a Aristarco de Samotracia en la primera mitad del siglo II a.C. . Los comentarios de Aristarco fueron el punto de partida para los que, siglo y medio después, compuso Dídimo, de los cuales derivan los escolios conservados en nuestros manuscritos .

I. Bekker fue el primer editor de Tucídides que de una manera sistemática se sirvió de la comparación entre diversos manuscritos para establecer el texto de su edición, aparecida en 1832. Las investigaciones posteriores que han tratado de desenredar los entresijos de la historia del texto de nuestro autor han ido aclarando muchos aspectos de un proceso que se ha ido revelando cada vez más complejo y que ha culminado en los estudios de Bartoletti, Hemmerdinger y, especialmente, Kleinlogel . A partir de un arquetipo perdido (?) copiado de un códice transliterado en el siglo IX, se distinguen dos familias. La primera se encuentra representada especialmente por los códices C (Laurentianus 69,2 de comienzos del siglo X y considerado tradicionalmente el manuscrito más fiable) y G (Monacensis 228, del siglo XIII), éste último conservado en mal estado, aunque las lecciones perdidas pueden a menudo reconstruirse con ayuda del testimonio de otros manuscritos recentiores de la misma familia . Representan a la segunda familia un códice de los siglos XI-XII, A (Parisinus supp. Graecus 255), y cuatro del siglo XI, B (Vaticanus 126), E (Palatinus Heidelbergensis 252), F (Monacensis 430) y M (Britannicus 11,727), a los que se suma el recentior H (Parisinus Graecus 1734, del siglo XIV), cuya posición en el stemma ha sido muy discutida, puesto que habitualmente se le ha considerado "hermano" de B, en tanto que Kleinlogel sostiene, creemos que con argumentos convincentes, que es copia directa de B.

Pero la historia del texto de Tucídides se complica por el hecho de que no se trata de una tradición cerrada, sino abierta, como ya precisara claramente Bartoletti. En nuestros manuscritos, en efecto, pueden rastrearse lecciones que no proceden del arquetipo ?, lo que significa que en el proceso de copia se han utilizado otras fuentes distintas, cuatro de las cuales ha pretendido identificar con seguridad Kleinlogel: ?, que ha dejado huellas en el manuscrito B (y en consecuencia también en H), a partir de 6.92; ? y ?, cuya influencia se aprecia en ambas familias de manuscritos, y ?, que ha dejado lecciones en manuscritos de la segunda familia.

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La transmisión de los textos griegos en la antigüedad tardía y el mundo Bizantino

Fuente: Liceus

Avalado por la Sociedad Española de Estudios Clásicos
LA TRANSMISIÓN DE LOS TEXTOS GRIEGOS EN LA ANTIGÜEDAD TARDÍA Y EL MUNDO BIZANTINO: UNA OJEADA HISTÓRICA.1/5
Por Raúl Caballero
Universidad de Málaga
Publicado en la Revista Tempus 23/1999
ISSN-1132/0958

Thesaurus: transmisión, textos griegos, Antigüedad tardía, Bizancio, aticismo, segunda sofística, volumen, rollo, códice, manuscrito, biblioteca, trivium, quadrivium, León el Filósofo, Focio.

En el curso de los últimos decenios, la historia de los textos griegos en el “milenio bizantino” ha recibido una atención creciente por parte de especialistas en Bizantinística, Paleografía y Codicología griegas, cuyas aportaciones se han sumado a las de los filólogos clásicos, hasta hace poco casi únicos cultivadores de estos estudios . En las líneas que siguen, nos proponemos, haciéndonos eco de los trabajos más recientes en este terreno, ofrecer al lector una síntesis crítica y actualizada de los problemas más relevantes que tiene planteados la historia de los textos griegos. El análisis recorrerá, pues, las etapas, los caminos, las modalidades principales de la transmisión de la literatura griega y tratará de destacar los factores históricos, sociales y culturales que han desempeñado un papel decisivo en la conservación y/o pérdida de los textos en las épocas alta y mediobizantina ; dentro de este marco general, seguiremos las formas cambiantes que, como en sucesivas metamorfosis, fue adoptando en este azaroso proceso el libro manuscrito tardoantiguo y bizantino, vehículo material de la transmisión. En suma, nuestro enfoque persigue encuadrar la historia de la transmisión textual griega —jalonada por nombres y hechos de sobra conocidos— en el contexto amplio de la vida política y cultural de Bizancio, ofreciendo claves para la comprensión de fenómenos que reciben una luz poderosa contemplados desde la perspectiva de la historia de la cultura .

Algunas claves de la historia bizantina

En los siglos que precedieron al renacimiento bizantino del siglo IX, que marca, en palabras de Alfonso Dain, el “paso de un océano a otro” en la historia de la transmisión manuscrita de los autores griegos, las condiciones históricas de la conservación de la literatura y de la actividad libraria y editorial, los cauces de la transmisión y el cultivo de los estudios clásicos en el Oriente griego aparecen ante el investigador cubiertos de espesas brumas. En este largo período, que se extiende convencionalmente desde la fundación de Constantinopla hasta el siglo IX, pueden distinguirse, en el campo de la historia de la transmisión, dos grandes etapas, que corren paralelas con la historia política, económica y social de la Antigüedad tardía y la Alta Edad Media. En la época tardorromana o protobizantina (siglos IV-VII med.), que llega a su culminación con el reinado de Justiniano (527-565) y se prolonga hasta la irrupción de la dinastía heráclida, no se perciben en las regiones orientales del Imperio —a pesar del traslado de la capital a Constantinopla en 330—, huellas de una ruptura significativa con las tradiciones romanas, ni siquiera después de que las provincias de Occidente se derrumbaran ante el empuje incontenible de los pueblos bárbaros y el Imperio romano quedara reducido a las provincias orientales (476). El período sucesivo, desde mediados del siglo VII hasta la mitad del siglo IX, es uno de los más oscuros de la historia de la cultura y la erudición clásicas en Bizancio. Situado ante ellos, el historiador de los textos encontrará un desierto de más de dos siglos —no hay apenas manuscritos conservados que remonten a esta época— del que será ardua tarea dibujar un mínimo esbozo. Desde entonces, en efecto, por una serie de factores que analizaremos más adelante, se va estrechando progresivamente el campo literario de la transmisión y se pierde para siempre una gran parte de la herencia textual de la Antigüedad. En realidad, los bizantinos del siglo IX recogieron los restos de un naufragio y los salvaguardaron, casi en su integridad —todavía ellos leían una cantidad mayor de literatura griega que nosotros, pero no en una proporción considerable— del olvido de los siglos. ¿Cómo explicar ese ‘eslabón perdido’ de la historia de los textos en Bizancio? ¿Qué transformaciones se operaron a fines de la Antigüedad en el Imperio protobizantino para que se produjera el hiato del siglo VII?

Aun sin ser mi intención adentrarme en los agudos problemas de la periodización de la historia bizantina, sobre todo en lo que se refiere a sus comienzos, parece acertado situar el punto de arranque de Bizancio como producto histórico propio e individualizado en el reinado de Heraclio y de su dinastía, justamente a comienzos del siglo VII . En este largo período (610-717), en efecto, la aparición de un conjunto de nuevos factores externos y las transformaciones que acarrearon en el interior hicieron del Imperio una realidad nueva. El resquebrajamiento del Imperio de Justiniano y, con él, del mundo tardoantiguo en la pars Orientis, se consuma, en la segunda mitad del siglo VI, con la penetración eslava en los Balcanes, la conquista lombarda de las posesiones de Italia septentrional y central y la pérdida de las costas españolas, que delimitan claramente las fronteras noroccidentales del Imperio en el exarcado de Ravena. Pero estos movimientos de fronteras son sólo el preludio de las pérdidas críticas del siglo siguiente, cuando las bases económicas del Imperio tardorromano —ya mermadas tras las guerras sasánidas contra los persas—, saltan en pedazos a consecuencia de la conquista árabe de las regiones orientales (Egipto, Siria, Palestina, África), donde residían los puertos comerciales más florecientes del Mediterráneo oriental y los puntos principales de abastecimiento de trigo.

La amenaza exterior, constante a partir del siglo VII por ambos flancos del Imperio —los búlgaros en el Noreste, los musulmanes en el Mediterráneo y en el extremo oriental—, obligó a una profunda y escalonada reestructuración de la administración bizantina y del poder imperial: al concentrar en sus manos el poder civil y militar, los generales (strathgoiv) de los ejércitos acantonados en los distintos qevmata —las nuevas unidades administrativas— devienen los principales depositarios del poder, absoluto y divino, del emperador, quien con tanta frecuencia no salía sino de las filas de la milicia. La defensa del Imperio, una vez reducido a los territorios italianos, la Grecia continental, el mar Egeo y Asia Menor, era el objetivo prioritario que debía asegurar la transformación administrativa. A medida que la mayoría de la población se va asentando en las comunidades rurales de los themata, donde los campesinos recibían tierras en propiedad a cambio de su participación en las campañas defensivas anuales, el mundo urbano tardoantiguo se colapsa y no continúa vivo si no es en Constantinopla, la ciudad por excelencia. La ruralización de la sociedad, aunque ajena a la modalidad occidental del colonato prefeudal, se hace aún más profunda con la pérdida de las ciudades de Siria, Palestina y Egipto, viveros de la formación clásica. El Imperio pasa de ser una máquina burocrática eficiente —como en la época de Constantino el Grande— a convertirse en una estructura dominada por el estamento militar, que gestiona los recursos humanos y económicos de que dispone con vistas a la defensa numantina de sus fronteras nororientales (los Balcanes y Asia Menor).

Pero la conversión de Imperio romano de Oriente en Imperio greco-asiático —bizantino— es un hecho decisivo también en el terreno cultural y religioso. Como es sabido, los patriarcas orientales, en particular el de Alejandría, fueron los principales sostenedores de la herejía monofisita. Integrados en el Islam los focos de resistencia a Constantinopla, el patriarca de esta ciudad quedó como líder indiscutido de la Iglesia bizantina y defensor incontestado de la ortodoxia (al menos hasta el surgimiento de las luchas iconoclastas a principios del siglo siguiente). La heterogeneidad étnica y lingüística de la población era contrapesada por el efecto homogeneizador que producía la supremacía incontenible de la lengua griega y de la confesión ortodoxa: he ahí los elementos distintivos de la nueva civilización que se va configurando a lo largo del siglo VII y sellan el paso definitivo del mundo antiguo al mundo medieval en el Oriente griego; la herencia tardorromana se diluye —el latín deja de usarse como lengua de cancillería, los títulos imperiales se helenizan— o se integra en la nueva realidad.

Este conjunto de factores de muy diversa índole tuvieron efectos rupturistas en todos los niveles de la vida bizantina: crisis de la economía y las finanzas, crisis de la administración, crisis de los valores. Sus consecuencias no son menores en la vida cultural y literaria, cuya pujanza se debilita a medida que el tejido urbano tardoantiguo va desapareciendo. Una de las manifestaciones más palpables de este declive es la contracción de la actividad de copia y edición de textos clásicos durante los dos siglos siguientes en Constantinopla. Si a los factores señalados añadimos las luchas religiosas que dominarán el siglo y pico siguiente (717-843), obligando a Bizancio a elegir trágicamente entre una tradición cristiana de corte oriental (iconoclasmo) y un cristianismo de filiación grecorromana (iconodulia), podremos valorar adecuadamente la depresión en que se sumerge la cultura profana en este trance crítico en que el mundo bizantino lucha por redefinir su identidad ante sí mismo y ante los demás.

Así pues, si queremos entender lo que supuso el movimiento humanístico iniciado en el s. IX en relación con la conservación de los textos clásicos, no queda otro camino que saltarse uno de los anillos de esa larga cadena que nos conduce a los testigos perdidos de la transmisión y remontarnos a las fuentes últimas de ese renacimiento, que no datan sino de la época antonina (s. II) y tardorromana (s. IV-VI).

Aticismo y Segunda Sofística: los textos griegos en el renacimiento antonino

Pese a ser abordado con frecuencia como un problema de orden lingüístico o literario, el aticismo es un fenómeno cultural específico de la Grecia romana que merece ser tratado en estas líneas a causa de sus íntimas conexiones con la historia de los textos en Bizancio . En efecto, el gusto de los escritores imperiales y bizantinos por el estilo ático clásico no sólo no fue una moda literaria pasajera, sin efectos normativos duraderos, sino que además condicionó decisivamente la conservación de la herencia literaria helénica en la Edad Media bizantina. Si en un cierto sentido no podemos sino sentir un vivo agradecimiento hacia esa persistente y artificiosa voluntad arcaizante de los bizantinos cultivados (a ella le debemos, al fin y al cabo, el que podamos leer todavía hoy a los clásicos de la literatura ateniense —oradores, poetas e historiadores, principalmente— que sirvieron de modelo a los escritores aticistas), es indudable que el aticismo tuvo efectos que a nosotros, estudiosos de la Antigüedad Clásica en su conjunto, nos parecen negativos: se impuso una jerarquía de los autores que valía la pena conservar y transmitir (especialmente en ámbito escolar), y no pocos de los que se descuidaron entonces se han perdido definitivamente para nosotros.

A pesar de su inmutable artificiosidad, el aticismo fue el principio normativo básico en la composición de obras literarias a lo largo de toda la historia bizantina. La exigencia de escribir buen ático clásico en cualquier texto en prosa se convirtió en una convención aceptada por casi todos, si bien sus resultados están lejos de ser plenamente satisfactorios: en general, los sofistas del siglo II tuvieron más éxito que los bizantinos que les siguieron en la imitación de los modelos clásicos, pues en la literatura culta medieval las imitaciones son en general superficiales, dándose una gama muy variada de niveles en la mezcla de los ingredientes de la lengua culta y la popular .

Con independencia de sus resultados, la norma estilística era persistente: buena muestra de ello es la ininterrumpida tradición de léxicos y manuales aticistas de época bizantina que han llegado hasta nosotros: Focio en el siglo IX, Tomás Magistro en el siglo XIV son sólo ejemplos sobresalientes de un tipo de obras que hizo género en la literatura grecomedieval.

Las consecuencias del conservadurismo estilístico de los bizantinos son visibles todavía en nuestros días: ¿cómo interpretar si no (prescindiendo de otros factores políticos y sociales de la Grecia actual) el fenómeno de la diglosia en el panorama de la literatura griega contemporánea y la existencia de dos sistemas lingüísticos diferentes —kathareúousa y demotikév— para el uso literario y el lenguaje cotidiano, respectivamente? El alejamiento de la lengua popular y la literaria empieza a producirse ya en los primeros siglos de nuestra era, como se desprende de la comparación de la lengua de los documentos y cartas contenidos en los papiros con los textos literarios conservados de la misma época. Que sepamos, no existen paralelos de una conciencia arcaizante de esta naturaleza en otras literaturas (salvo quizá la de la China moderna y contemporánea); probablemente tampoco haya habido ninguna civilización —la Grecia romana primero, la bizantina después— con tal voluntad de autoafirmación ante las presiones exteriores.

¿Qué reflejo tiene la norma aticista en la fortuna de los textos griegos que nos han rescatado los fragmentos papiráceos del siglo II? Impulsado por el movimiento literario de la Segunda Sofística, el surgimiento del aticismo coincide con un aumento significativo de la producción libraria en la mayoría de los autores y géner